El viejo Carmelo de Tordesillas, patrimonio de niebla
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El viejo Carmelo de Tordesillas, patrimonio de niebla

Castilla y León es un ejemplo vivo de Museo de Niebla donde la destrucción se ha hecho patente cada día en alguno de sus lugares más significativos.

Acabo de releer el fantástico libro de mi amigo Gonzalo Santonja 'Museo de Niebla' y de nuevo, como ayer, recordando el despojamiento sin precedentes en la historia de nuestro patrimonio cultural, abonado con billetes que dan aliento a la causa del robo, me recorre un escalofrío cuando cierro la última página del singular, valiente y hermoso libro donde las palabras se agolpan y los ladrones del patrimonio esquilman nuestro ayer y nuestra tierra.

 

Castilla y León es un ejemplo vivo de Museo de Niebla donde la destrucción se ha hecho patente cada día en alguno de sus lugares más significativos.

 

Ayer por la mañana, recorriendo con un amigo de la infancia la vieja cárcava tordesillana, hoy flamante carretera conocida como Avenida de Portugal, y volviendo la mirada al edificio de la Orden de Malta que fue Convento del Carmelo hasta la exclaustración y marcha de la Comunidad de monjas carmelitas hace pocos años, me ha estremecido ver que, poco a poco, este inmueble va rindiendo honores a la nada en sus piedras, sus ladrillos, sus adobes, sus ventanas, su tejado. Cobijo de palomas y agujeros de vencejos de verano es muy probable que lo veamos caer, desaparecer de nuestro entorno dentro de muy pocos años.

 

La Iglesia se transformó en Auditorio prestado por un tiempo al municipio para que en su singular recinto suenen músicas y danzantes, teatrillos y canciones, artistas y mojigangas y se reúnan los capitulares, ediles de Ayuntamiento, en tiempos de pandemia. Pero el resto del cenobio conventual quedó a merced de la nada y de nadie.

 

Otro inmueble más a engrosar la lista negra de la "Baraja de sombras" es el Convento Carmelo de Cristo Rey de Tordesillas.

 

Y ambos lamentamos, agachando la cabeza, que no haya un alma ni tordesillana ni forastera que arranque la nota de ese arpa de abandono y tristeza... cuando ahí podía haberse construido la Residencia de Ancianos.