El Valladolid se suicida en el Benito Villamarín y casi es de Segunda (4-3)

TRIBUNA

En una locura de partido en el que los blanquivioleta se adelantaron en tres ocasiones, acabó decidiendo un gol de falta desde el centro del campo de Juanfran en el minuto 92 y el Pucela ya no depende de sí mismo.

FICHA TÉCNICA.

 

RESULTADO: BETIS, 4 - VALLADOLID, 3 (1-1, al descanso).

 

ALINEACIONES.

 

BETIS: Adán (López, min.83); Chica, Perquis, Paulao, Juan Carlos (Cedrick, min.69); Lolo (Juanfran, min.69), Matilla, Salva; Molina, Rubén Castro y Braian.

 

VALLADOLID: Jaime, Rukavina, Valiente (Víctor Pérez, min.81), Mitrovic, Peña, Rubio, Rossi, Jeffren (Rueda, min.61), Larsson (Osorio, min.65), Bergdich y Guerra.

 

GOLES.

   0-1, minuto 1. Javi Guerra.

   1-1, minuto 6. Braian Rodríguez.

   1-2, minuto 51. Peña.

   2-2, minuto 54. Jorge Molina.

   2-3, minuto 59. Javi Guerra, de penalti.

   3-3, minuto 76. Rubén Castro.

   4-3, minuto 91. Juanfran.

 

ÁRBITRO: Álvarez Izquierdo (C.Catalán). Amonestó a Adán (min.57), Jorge Molina (mni.57), Paulao (min.64) y Matilla (min.80), por el Betis, y a Marc Valiente (min.47) y Mitrovic (min.90), por el Valladolid.

 

ESTADIO: Benito Villamarín.

 

INCIDENCIAS: Se guardó un minuto de silencio en memoria de los cinco jugadores menores del CD Monterrubio de fútbol sala fallecidos el jueves en un accidente de tráfico cerca de Castuera (Badajoz).

El Real Valladolid es prácticamente equipo de Segunda División tras perder por 4-3 ante un ya descendido Betis. Los de Juan Ignacio Martínez, nulo en la táctica, se adelantaron hasta en tres ocasiones, pero fueron incapaces de aguantar cada empuje para permitir que Rubén Castro hiciera el empate a quince minutos del final y Juanfran, en una falta desde el centro del campo en el minuto 92, pusiera el último clavo a la tumba del Pucela.

 

Sin tapujos, los blanquivioleta son prácticamente equipo de categoría de plata. El resto de resultados, como era de esperar, no acompañaron y el equipo vuelve a estar en descenso pendiente de un hilo que amenaza con romperse el próximo domingo. Todo pasa por ganar al Granada, que también llegará jugándose la vida y al que adelantaría el Valladolid, y esperar resultados. En la última jornada, con la eterna sospecha de los amaños, maletines y dimes y diretes, demasiado pedir.

 

La cuestión es que se hace difícil describir lo que pasó en el Benito Villamarín. Bien por orgullo o bien por supuestas manos negras –que cada uno piense lo que quiera-, el Betis salió con el cuchillo entre los dientes y poco dispuesto a permitir que los pucelanos se escaparan con los tres puntos. Pronto se pusieron las cosas de cara y con la misma velocidad se volverían a complicar, tras marcar Guerra en el primer minuto e igualar Braian Rodríguez apenas tres minutos después.

 

Los vallisoletanos habían salido con el papel metido en la cabeza, era evidente, pero en el fútbol no siempre vale con eso. Como se suele decir, la intención no lo es todo. No se sabe si era lo que buscaba Juan Ignacio Martínez, probablemente no, pero el partido se convirtió en un correcalles sin medio del campo, prácticamente durante los noventa minutos. Quizá tuviera algo que ver el hecho de que Óscar o Víctor Pérez se quedaran en el banquillo, difícil saberlo.

 

Entre idas y venidas, y mientras los cientos de pucelanos trasladados a Sevilla se comían las uñas sin dejar de animar, el Valladolid mostraba al menos que sabía jugar a la ruleta rusa sin llegar a suicidarse. Eso llegaría luego.

 

Concretamente, en la segunda mitad. Marcaban los visitantes. Marcaban los locales. Volvían a adelantarse los visitantes por tercera vez con el primer penalti convertido del Pucela en toda la temporada. Y JIM, por medio, sin saber qué hacer, se exasperaba al ver el empate a tres a quince minutos del final obra de Rubén Castro. Antes había probado la típica estrategia de entrenador ‘cagón’ quitando a Jeffren y dando entra a Rueda, pero ni por esas.

 

Era solo la demostración de lo que ha venido siendo este Valladolid toda la temporada, un eterno quiero y no puedo. Tanto desde la presidencia como desde la dirección deportiva se ha venido a vender que los jugadores son mucho mejor de lo que ellos mismos se creen, pero sobre el campo la realidad es otra. Como local, el Pucela cumple. Como visitante, es de Segunda División. Y esto último puede ser suficiente para acabar en el hoyo.

 

La hecatombe estaba por llegar. El punto podía haber sido bueno para la última jornada, pero el esperpento que este Real Valladolid no estaba dispuesto a permitirlo. Ya había fallado Osorio un mano a mano clarísimo cuando Juanfran agarró el balón en el ecuador del campo para sacar una falta. Jaime, que esperaba el centro, saltó desesperado para tratar de evitar el golazo de la jornada. No hubo éxito. Como difícilmente lo habrá dentro de una semana para un equipo que terminó de cavar su tumba en Sevilla y que huele a muerto.