El triunfo de la revolución frente al toreo eterno

Un completo Fandi corta cuatro orejas en una tarde rotunda, donde sobresalió con el capote, las banderillas y la suerte suprema. Ponce obtuvo un trofeo y Finito se fue de vacío tras pinchar una buena y torera faena.

Plaza de Toros de Valladolid. Sexta de Feria. Media plaza en tarde de bochorno. Se lidiaron toros de Hermanos García Jiménez y Olga Jiménez. Sobresalió el bravo y enclasado tercero.

 

Enrique Ponce (Plomo y oro). Silencio y oreja.

Finito de Córdoba (Burdeos y oro). Silencio y pitos.

David Fandila ‘El Fandi’ (Crema y oro). Dos orejas y dos orejas.

El trece siempre fue un número de mal fario en el toreo. Tú nos dejaste aquel fatídico trece de septiembre de 2001. Ese día en el que Ponce, José Tomás y Juli reventaban la feria, tú feria. trece años ya; trece, qué mal número, qué mal día... Pero la vida sigue primo y hoy también hubo toros en Valladolid, como cada trece de septiembre.

 

En la memoria, siempre; pero hoy un poquito más. Especialmente cuando tu pasodoble, en el paseíllo, guiaba a los toreros hacia lo inesperado, quizá hacia la gloria, pero también a la tragedia o la mediocridad, que es la peor cornada que puede recibir un torero. Así es la fiesta que tanto amabas, por la que te tanto te merecía la pena vivir y que hasta el último de tus días disfrutaste tan intensamente como pocos.

 

Dos toreros eternos volvían al viejo coso de Zorrilla. Ponce, ese ingeniero del toreo que ya huele a despedida, y Finito que parece que ha rejuvenecido en esta última campaña, aunque hoy se llevó una de esas broncas tan toreras; de esas de artista y bohemio, como las que se gastaba Curro, tu Curro. La verdad es que no sé muy bien porque te cuento todo esto. A veces olvidó que tienes un palco de honor allí arriba, y que a buen seguro estarás todo el día enredando con los buenos toreros que ya son celestiales. Apostaría a que conversas a menudo con Antonio Ordóñez, el torero de tu padre, el de mi tío.

 

 

 

Se te echa de menos en el callejón, controlándolo todo, para que nada quedara al azar. Naciste con el alma de empresario taurino de los de veras. Esos a los que la afición les puede y son mucho más que meros tecnócratas taurómacos. Sé que en la familia hubiera caído bien un torero, pero ya ves ninguno tuvimos suficiente corazón para ello.

 

Hoy hubieras disfrutado con el toreo inmortal del Fino con la capa. Que despacio y bonito lo hace. Te hubieras sorprendido de lo trabajador y voluntarioso que anduvo con su primero, un animal reservón al que le robó alguna serie de calidad, especialmente al final de faena con un trincherazo engarzado con dos redondos y abrochado por un poderoso pase de pecho. Pero la espada fue, una vez más, su cruz. Y hubieras asistido resignado al abrevio de Juan Serrano en el cuarto, un toro sin condición que ya le dio un buen susto en el percal.

 

Tú leías a la perfección lo que ocurría en el ruedo. Hubieras visto hoy a un Ponce técnico como nadie, que en su primero se esforzó en mantener de pie y que ante el rajado que hacia cuarto lo templó y mandó su embestida hasta que lo metió en el canasto. Elegante por momentos, sobresalió en una tanda al natural. Ponce también es eterno y parece que no se va a acabar nunca. Un pinchacito no le privó de pasear un trofeo. Ya, ya sé que el público de aquí siempre fue generoso.

 

 

Te gustaba el toreo caro, el de arte y majestad del de Camas. Pero hoy hubieras... -qué digo- habrás disfrutado con El Fandi y sobre todo con Discreído, el tercero de la tarde. Vaya toro. Totalmente de acuerdo contigo: un toro bravo, pronto, humillador, repetidor… si hasta arrastraba el hocico por el albero… El Fandi es buen capotero, espectacular rehiletero, no tan buen muletero y un cañón con el acero (vaya, hasta ha salido un pareado).

 

Fandila despertó la tarde, un poco soporífera, como el día, como el puto día trece. Una larga cambiada, bien a la verónica, vibrante en banderillas y el toro que se come su muleta. Comapcto y solvente el de Granada. A veces de rodillas, otras con un poco más de gusto, algunas sorprendido, otras enganchado y la mayor de las veces montando un buen taco en el tendido. Le dio más de cincuenta y el bicho no se cansaba. Qué derroche y qué estocad... Dos orejas, que se convirtieron en cuatro por lo ocurrido en el último. Más centrado Fandi, con muletazos más ajustadas. Toro noble, pero rajado. Otro espadazo. La locura en en la plaza.

 

Sé que has disfrutado en este día aciago para los que te seguimos echando de menos.  Y qué me dices de la feria. Estamos viendo buen ganado, faenas de interés y hasta ¡buenos puyazos! La pena es el público que sigue sin responder. Mañana, Carlos, despedimos el ciclo. Y habrá mucho morbo por ver a esos dos genios del rejoneo como Hermoso y Ventura que andan un poco picados para ver quién es el mejor. Bendito pique, siempre tuvo eso la tauromaquia que tú tanto amabas.

 

Estas líneas llegan a su fin. Espero que al menos te haya podido contar cómo he visto la tarde. La del trece, la del triste y maldito trece. Una tarde en la que triunfó la revolución frente al toreo eterno. Pero la eternidad volverá, seguro, como tu recuerdo que también es eterno.

 

Hasta siempre primo.

 

Carlos Gallego Rubio era empresario taurino de varias plazas de toros como las de Valladolid y apoderado de algunos diestros de la tierra. Murió el 13 de septiembre del 2001, tras luchar contra una larga enfermedad a la temprana edad de 29 años. Hoy se cumplía el decimotercer aniversario de su fallecimiento.