El toro, el rey de la Fiesta

Buena corrida de García Jiménez con cuatro excelentes toros y un sexto con muchas teclas. La terna cortó una oreja por coleta, pero el encierro exigía un mayor resultado.

Imagen de Sosito, el toro burraco de la Peña de Francia que saltó en último lugar. FOTOS: FERMÍN RODRIGUEZ
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Cuarta de abono. Tarde nublada con medio aforo en los tendidos. Se lidió un buen ejemplar de Hermanos García Jiménez (1º), tres toros con movilidad, nobleza y calidad de Olga Jiménez (2º, 3º y 4º) uno muy deslucido del mismo hierro (5º) y un sexto de Peña de Francia, bien presentado, encastado y con fuelle, aunque áspero.

 

David Fandila El Fandi (sangre de toro y oro)  ovación y oreja, con petición de la segunda.

 

Miguel Ángel Perera (verde hoja y oro) oreja y palmas.

 

Emilio de Justo (grana y oro) oreja y ovación.

 

 

El toro sigue siendo el rey de la Fiesta. Les guste o no a los defensores únicamente de una parte del espectáculo. Y cuando el protagonista llegado de la dehesa tiene movilidad, acometividad, ritmo, fuelle, casta... e incluso bravura (qué cara se vende) lo que ocurre en el ruedo es muy diferente a lo que acontece cuando lo que sale por toriles es un simulacro de toro bravo.

 

Y es lo que acaeció este viernes en una interesante tarde donde, al menos, no hubo tedio en los tendidos y alguno de los seis toros reseñados debería haber viajado al desolladero sin orejas.

 

Matilla mandó a su plaza, en la que también toreaba uno de sus poderdantes, un encierro de garantías con cuatro buenos que propiciaron el lucimiento de la terna, aunque quizá con esos mimbres debieron salir mejores cestos. Además el sexto, un precioso burraquito, fue un tío. Un toro al que había que poder y que se lo puso complicado en la brega durante el tercio de banderillas.

 

Emilio de Justo, un torero de mucho gusto y firmeza, tenía que apostar para lograr el triunfo. Ya había obtenido una oreja en su primero, un toro de Olga Jiménez, que galopó con ritmo en todos los tercios y al que el extremeño le recibió con unas preciosas y reunidas verónicas con rodilla en tierra. Ya en el trasteo, comenzó De Justo genuflexo con una tanda de muletazos poderosos y profundos. La hondura llegaría después con dos buenas series, las mejores de la tarde, sobre la mano diestra; que fueron rematadas con dos excepcionales pases de pecho, uno de ellos soberbio, lento, muy lento, con el mentón hundido en el pecho. Una pintura.

 

No se acabó de acoplar al natural y la faena perdió intensidad, con algunas dudas del propio diestro que no anduvo cómodo por el pitón de la zurda. No obstante el epílogo, otra vez con la muleta montada, retomó el calor de los tendidos y a pesar del pinchazo y de la estocada que cayó trasera y desprendida, el diestro paseó una oreja.

 

 

Cuando salió el burraco que hacía sexto, un ejemplar de la Peña de Francia, incluso hasta algunas tímidas palmas surgieron del tendido. Era una estampa el toro y De Justo quería asegurar la puerta por la que no se sale a pie. El triunfador de la Feria del pasado año, que en esta ocasión tuvo que hacerse un hueco en Valladolid por la vía de la sustitución, sabía que no podía fallar. Aunque la cosa quedó en tablas.

 

Aspero, brutote, con fuelle, encastado... ‘Sosito’, tras dos puyazos, quería lucha y Emilio de Justo, enjuto, elegante, torero acostumbrado a batallas mucho mayores, se plantó con el único arma de su muleta.

 

Surgieron algunas tandas buenas. Tuvo que trabajarlo Emilio, que necesitaba templar la áspera movilidad del de la Peña de Francia. Cuando el toro de Matilla se sentía podido echaba la cara arriba y en los últimos tramos del trasteo acabó incluso rajadito. Firme Emilio de Justo que, en su debe, habrá que anotarle quizá una excesiva descolocación en algunos lances. No hubo lucha por el pitón izquierdo y el extremeño se fue, detrás de la espada, recto y sin miramientos. El pinchazo dejó aquella batalla sin premio y la Puerta Grande que parecía que se estaba abriendo se cerró de golpe una tarde más.

 

Miguel Ángel es un torero poderoso. Su físico hace que los toros parezcan mucho más bajitos, lo que llaman un zapato, en el argot de los que se visten de luces. Su primero, un ejemplar de Olga Jiménez, tuvo excelente tranco y se desplazó largo, especialmente con un extraordinario pitón derecho. Codicioso, repetía en la muleta del extremeño que cuajó buenas series en esa mano. Largas, profundas, con ese codilleo que hace tan característico al toreo de Perera. Le habían banderilleado muy bien Javier Ambel y Arruga y, a pesar de la voltereta tras el puyazo y el topetazo contra las tablas a las primeras de cambio, el toro se desplazaba. El trasteo fue de derechas porque al natural, un molesto cabeceo hacía que la tanda no tomara fuerza. Es por eso que Miguel Ángel insistió por el mejor pitón que pulseó con buen son. Manoletinas y una estocada algo caída con derrame, Perera lució una oreja en su vuelta al ruedo.

 

 

Nada pudo hacer en su quinto, el más deslucido -con diferencia- de un encierro que comenzó con otro gran toro que le cayó en suerte a El Fandi. Y David Fandila volvió a ser -una tarde más- El Fandi. Sin novedad. Lucido con el capote, espectacular en banderillas y pegapases con la muleta. Un vistoso quite por chicuelinas fue el prólogo a un tercio de banderillas en el que puso cuatro pares. Muy poderoso en las carreras, aunque no tan ajustado en el embroque. El último fue al violín. Gran movilidad la del toro que aguantó una exigente lidia con muchos metros de desplazamientos y galopadas. Muchos pases, aunque destacó una tanda al natural, que sin duda fue lo mejor del trasteo. El fallo a espadas le impidió pasear un trofeo.

 

No quería irse de vacío Fandila de una plaza que le ha visto triunfar en un buen puñado de ocasiones. Sorteó otro buen toreo, el que hacía cuarto, de Olga Jiménez, al que ejecutó verónicas, chicuelinas y gaoneras con el percal. Tras un tercio de rehiletes más ajustado que en su primero, Fandi estuvo variado, aprovechando el viaje largo y humillado de ‘Ateo’. Pero aquello lejos de ser una faena redonda, fue una sucesión de distintas suertes y decenas de muletezos sin demasiada cohesión. A pesar de ello le pidieron la segunda oreja, que con buen criterio el presidente no le concedió. La Puerta Grande del coso de Zorrilla no tiene que ser tan barata y el de Granada se marchó por su propio pie.

 

En definitiva cuatro buenos toros y un sexto con muchas teclas que permitieron el triunfo de los espadas; aunque la cosa –como la feria- no acabó de romper. No obstante, el toro volvió a ser el protagonista y, al menos, brindó una entretenida e interesante tarde.