El toreo, el de El Cid; la bravura, la de 'Deslumbrante'

A pesar de que López Simón abrió la Puerta Grande, el toreo lo puso El Cid en la tarde de su despedida de Valladolid. Deslumbrante, un bravo toro, fue premiado con la vuelta al ruedo. Ginés Marín pasó sin pena ni gloria. 

Manuel Jesús El Cid, durante su actuación; a la derecha el toro 'Deslumbrante'. FOTOS: FERMÍN RODRÍGUEZ
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Quinta de Feria. Un cuarto de entrada en una tarde que comenzó con veinto y lluviosa y que luego se atemperó. Se lidiaron seis toros de El Pilar bien presentados y de desigual juego. De calidad el primero; noble y pastueño, el cuarto; extraordinario y bravo el quinto, premiado con la vuelta al ruedo. Rajado el segundo; peligroso el tercero; y manso y brutote, el sexto.

 

Manuel Jesús El Cid (tabaco y oro), en la tarde de su despedida: ovación y vuelta al ruedo.

 

Alberto López Simón (de caña y oro), oreja y oreja.

 

Ginés Marín (de verde hoja y oro), silencio y ovación.

 

Incidencias: El monosabio Rafael Casado tuvo que ser operado de una cornada en el escroto. Pronóstico leve.

Manuel Jesús ‘El Cid’ sigue siendo el torero de siempre. Ahora, en la temporada de su adiós, de sus muñecas renace el toreo eterno. El poder y el temple; la hondura y la profundidad... un torero en los medios, dando el pecho, la muleta en la zurda, embarcando, templando mandando. Con una suavidad exquisita, con una naturalidad innata, con un empaque sincero.

 

‘Deslumbrante’ era un toro guapo. Castaño, montado, bien presentado. El del Pilar fue un toro bravo. Codicioso, pronto, humillador, encastado, con transmisión, con suficiente motor y largura. ‘Deslumbrante’ fue desafiante y, por encima de todo, bravo. De vuelta al ruedo.

 

Pero desgraciadamente la fortuna y el sorteo no permitieron que 'Deslumbrante' y El Cid se encontraran en el ruedo. Aun así, ellos fueron los triunfadores morales de la tarde y –quizá- de la feria por mucho que López Simón abriera la Puerta Grande, de aquella manera.

 

El escaso público que acudió en este extraño sábado de feria tuvo la sensibilidad de sacar a saludar al diestro de Salteras tras trenzar el último paseíllo en el Coso de Zorrilla. Quizá ese gesto espoleó a Manuel Jesús que completó una entregada e inspirada tarde. Pena que en el primero, un toro noble y con calidad, el viento diera al traste con lo que podría haber sido una obra mayor.

 

Pero ‘Langostero’, un astado negro de Moisés Fraile, le permitió sentirse torero. Pastueña y dulce embestida por los dos pitones, especialmente por el izquierdo, que provocó los momentos más bellos que se han visto en el ciclo. tandas templadas y hondas, con muletazos a cámara lenta que fueron brotando de la mano izquierda como auténticas caricias. El Cid disfrutaba en cada serie: un cambio de mano que fue una pintura, los adornos toreros y un trincherazo que hizo crujir las viejas piedras del coso de Zorrilla. Hasta se permitió colocarse entre los pitones al final del trasteo, pasándoselos muy cerca de la taleguilla. Aunque el toreo fundamental siempre llegó al natural y de frente. Sin artificios, con verdad y templanza inspirada.

 

Pero el acero, ¡ay el estoque!, volvió a ser la cruz de tantas y tantas faenas malogradas de este grandioso torero. Pinchó repetidamente y en cada fallo, las musas que lo acompañaron en su muleta, maldecían el mal uso del estoque. Aun así, los aficionados -muy cariñosos toda la tarde- le obligaron a disfrutar de una emotiva y melancólica vuelta al ruedo que saboreó despacio, tan despacio como fue su toreo.

 

 

López Simón había cortado una oreja a su primero, el toro que hirió a un monosabio en el tercio de varas, justo cuando la lluvia comenzaba a arreciar. El de Barajas mostró voluntad y recursos ante un rajadito toro que solo presentó media pelea en tablas y en los terrenos más cercanos al coletudo. Circulares, adornos manoletinas y una buena estocada ejecutada desde muy largo. Oreja.

 

'DESLUMBRANTE', UN TORO BRAVO

 

La tarde se había serenado. La lluvia cesó y el viento dio una tregua. De chiqueros salió ‘Deslumbrante’ que cumplió en todos los tercios con bravura y siempre queriendo más pelea. En la muleta de Alberto fue un derroche de codicia. Incluso en los primeros lances hasta salía algo rebrincado solo por quererse comer la tela. Largo, pronto, repitiendo, humillado con el hocico por el albero. Engallado al inicio de cada serie. Boca cerrada. Pedía la pañosa plana, adelantada, firme… y López Simón sin estar mal, tampoco estuvo bien, ni mucho menos sublime como pedía el exigente cuatreño.

 

 

Fueron muchas las tandas, decenas de muletazos y todo voluntad el madrileño. Pero el cupo de toreo caro ya se había agotado en el anterior capítulo, con el diestro sevillano. López Simón quizá pudo verse sobrepasado por el exceso de codicia por ambos pitones. Armó la espada y ‘Deslumbrante’ aun pedía lucha, con la boca cerrada, eso sí, como los toros bravos. Un ‘metisaca’, tras un feo bajonazo, fue el preludio de una estocada. El fallo no fue obstáculo para que pasase una pareja que le abría una Puerta Grande, quizá, no del todo merecida. La vuelta al ruedo al toro de Moisés Fraile que, en solitario desde el tendido, tomaba buena nota de sus pupilos, fue el póstumo premio a una vida de bravo.

 

Ginés Marín, que debutaba en Valladolid, no tuvo su tarde. Tampoco sus toros se lo permitieron, sorteando el peor lote con diferencia. Pasó un mal trago ante el tercero, un toro complicado y peligroso que por el pitón derecho fue un constante aviso. Abrevió Ginés Marín quien ante el último tampoco estuvo muy acertado. Toro rajado que se salía en cada muletazo buscando obsesivamente las tablas. Ni pena, ni gloria. Un balance desolador el del torero jerezano, en la tarde en la que la bravura fue la de ‘Deslumbrante’ y el toreo el de Manuel Jesús El Cid. Hasta siempre torero.