El temple, el valor y el arrojo

Castella, Talavante y Roca Rey en sendos pasajes del festejo en Valladolid. Fotos: JORGE IGLESIAS
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Talavante, triunfador del festejo taurino con motivo de San Pedro Regalado. Castella y Roca Rey también tocaron pelo en una corrida en la que la falta de fuerza del encierro fue la nota negativa.

Plaza de Toros de Valladolid. Tres cuartos de entrada en tarde primaveral.

Toros de Núñez de Tarifa. Nobles y con clase, pero escasos de fuerza; algunos inválidos.

Sebastián Castella. Ovación y oreja.

Alejandro Talavante. Silecio y dos orejas.

Andrés Roca Rey. Oreja y sielencio.

Regresaban los toros en fecha taurina a Valladolid con motivo del patrón de la Ciudad del Pisuerga y también de los toreros. El coso de Zorilla registró una muy buena entrada y sobre el albero tres conceptos que se dan la mano. Aunque hoy el temple fue de Castella, el valor y la improvisación de Talavante y el arrojo y el pundonor de Roca Rey. Sólo faltó la materia prima para que el espectáculo fuera completo y es que los de Núñez de Tarifa tuvieron calidad, algunos clase, pero todos pecaron de lo mismo: la falta de fuerza que en algunos casos rozó la invalidez, que también se unieron a la comodidad de sus cornúpetas cabezas.

 

Castella, torero del nuevo empresario que gestiona la Plaza de Toros vallisoletana, se llevó un tremendo topetazo en su saludo capotero. Parecía que el pitón de Clavituerto había hecho presa en el muslo del francés pero, afortunadamente, todo quedó en un tremendo golpe.

 

No tuvo mimbres en el que abría plaza, pero en el cuarto se desquitó construyendo una faena basada en el temple y en el buen son. Gustó y se gustó el galo en el más potable del encierro, un sobrero del mismo hierro que remendó al inválido titular. Inicio de faena made in Castella: tras el brindis en la boca de riego, zapatillas clavadas al albero y dos pases cambiados por la espalda,

 

Pero lo mejor llegó en varias series largas y profundas, con el temple como único antídoto para que Rematador permitiera el triunfo. A pesar de ello, al final del trasteo se rajó por su falta de fuerzas. A pesar de ello una gran serie sobre la mando diestra y unos plásticos doblones con rodilla genuflexa fueron el epílogo de una faena coreada en los tendidos y que rubricó con una espada, pelín desprendida, que le valió pasear un merecido y justo trofeo.

 

Talavante es un genio. Aún resuena su faena de rabo en la feria septembrina de Nuestra Señora de San Lorenzo. El que hacía el segundo del encierro fue imposible para el extremeño, después de un encontronazo con el peto que acabó con el de Núñez de Tarifa. El quinto tampoco hacía que se presagiara el triunfo. Pero el rey de la improvisación se guardaba el milagro. Ya lo recibió en tablas con un afarolado y comenzó su faena a pies juntos en una primera serie que remató con una arruzina, marca de la casa.

 

Rosito no tenía ganas de lucha, pero Talavante le plantó cara y ahí surgió la chispa. Se colocó entre los pitones, con valor seco, sin falsos artificios, dejó que el pitón le rozara la barriga, literal, y la plaza se viniera abajo. Antes había dejado una buena serie por la derecha, donde llegó incluso a encajar los riñones. Un cambio de mano fue el detonante de que algo iba a pasar.

 

El toro se paró y Alejandro se inspiró. Tiró el estoque y alternó muletazos al natural, por ambas manos. La faena estaba hecha y Valladolid, de nuevo, entregado al extremeño. Se perfiló a la suerte contraria y lo hizo todo. El astado no ayudó y el volapié fue de los que se pueden explicar en una escuela de tauromaquia. Pañuelos al viento y dos orejas de justicia a la improvisación y al valor seco.

 

El peruano Andrés Roca Rey hacía desmonterado el paseíllo. Era su presentación en el Coso de Zorrilla. Mucha expectación para ver a uno de los toreros que han irrumpido con fuerza y que están llamados a tomar el relevo de los que mandan en esto. Roca Rey no defraudó, especialmente en su primero, un toro manso y rajado, al que no se picó, y que acabó en la puerta de chiqueros. Allí el peruano tiró de oficio y pundonor y, aprovechando, la querencia cosió a Almancero en su muleta en series de mano bajo y poder. Sobresalió una tanda de derechazos ligados, abrochados con dos pases de pecho que hizo levantar al sol de sus asientos. No faltaron recursos habituales como el pase cambiado por la espalda y trasteo en apenas unos centímetros cuadrados de albero.

 

El arrimón también fue reseñable, especialmente en unos circulares y unas bernadinas. Cuando todo estaba preparado para el doble triunfo, llegó un feo bajonazo en forma de metisaca que arruinó la obra. No obstante, la celeridad para volver a enterrar la espada, esta vez en buen sitio, hizo que él siempre generoso público de Pucela le premiase con una oreja. Quiso Roca Rey acompañar a Talavante en su salida en hombros, pero se topó con un imposible astado que le arrebató cualquier atisbo de lucimiento. Talavante se fue solo y en volandas, aunque la mejor noticia, sin duda, el regreso de los toros a Valladolid en las fechas del patrón de los toreros.