El teatro era mi juventud

Es imposible imaginar un futuro donde los humanos dejemos de asistir a las salas de teatro. Esperar que se apaguen las luces de la sala y mirar la magia de la actuación a un palmo de distancia. El teatro es una gran dama que llega esta semana a todos los rincones de la ciudad. Una invitación para ponernos en la piel del otro.

FICHA TECNICA. Valladolid. Laboratorio de las Artes de Valladolid. LAVA. Sala Concha Velasco. Peeping Tom. Moeder. Dirección: Gabriela Carrizo. Asistente a la dirección y dramaturgia: Frank Chartier. Creación e interpretación: Eurudike de Beul, Maria Carolina Vieira y otros.

 

No corren buenos tiempos para ejercer la moderación, la templanza, para los que evitan el escándalo. Hoy impera la polarización, hay que estar a favor o en contra. Sin matices. Ocurre con todo, también con Festival Internacional de Teatro y Artes de Calle.

 

Dice Miguel del Arco que el teatro es y debe ser fundamentalmente conflicto. Esa es la esencia de Peeping Tom, obra con la que se inauguró el TaC en el LAVA. El asunto es que durante 70 minutos que dura la obra se abusa del conflicto. El espectador también tiene derecho a disfrutar -como diría Onetti- de elementos hechos de normalidad, tránsito y olvido. Esta noche la propuesta es que el espectador se aleje de la ficción y se interese por la infinitud de lo real. Decía Henry James que la realidad es infinita y lo que el artista tiene a su disposición es un objeto de gran belleza en forma de ficción.

 

Aquí en esta obra se representan pasiones humanas que no se dan con facilidad en la vida diaria, provocando en cierta manera un rechazo que solo es capaz de proporcionar la realidad. Es evidente que Peeping Tom presenta una obra donde predomina básicamente el cuerpo. Seguro que para muchos espectadores el teatro es básicamente cuerpo, no palabras. Hoy están de suerte los que han elegido la primera opción. Está claro que el cuerpo comunica sin barreras a todo el mundo, mientras que las palabras son más limitadas. Lo que más comunican los cuerpos en esta obra es miedo. Dar miedo es el primer paso para provocar obediencia. Corey Robin sostenía es su libro El miedo (Capital Intelectual) que vivimos bajo el gobierno de los afectos y emociones. ¿Otra obra con mensaje? La iluminación, la escenografía, el vestuario, y el público lograron una absoluta integración entre todo aquello que ocupaba un lugar en el escenario en el que se desarrolló Peeping Tom.

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