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El sueño del CBC Valladolid acaba en Melilla

NURIA RIOJA

Los de Paco García cayeron con la cabeza alta después de remontar tras el descanso (46-25), pero terminaron muriendo en la orilla en los últimos minutos (77-71).

CLUB MELILLA BALONCESTO (77): Javi Marín (2), Txemi Urtasun (10), Caleb Agada (15), Stojan Gjuroski (5), Felipe Dos Anjos (9) -quinteto titular-. También jugaron: Luis García (-), Josep Franch (9), Alberto Artiles (-), Darko Balaban (6), Vasilije Vucetic (1), Juan Rubio (3) y Jonathan Gilling (17).

CARRAMIMBRE CBC VALLADOLID (71): Óscar Alvarado (5), Greg Gantt (12), Álex Reyes (13), Sergio de la Fuente (15), Jubril Adekoya (2) -quinteto titular-. También jugaron: Álvaro Reyes (-), Jonathan Kazadi (13), Daniel Astilleros (4), David Fernández (-), Seydou Aboubacar (7) y Carlos Novas (0).

PARCIALES: 19-14, 27-9 (46-25 al descanso), 14-24 y 17-22 (77-71 final).

ÁRBITROS: Morales Ruiz, López Lecuona y Lucas Martínez. Expulsado Vasilije Vucetic por cinco faltas personales.

El sueño del ascenso murió en Melilla. El Carramimbre CBC Valladolid cayó en el quinto y decisivo partido de la serie (77-71) y puso fin a una temporada de ensueño. Los de Paco García, que llegaron a estar 24 puntos abajo, nunca dejaron de creer y demostraron por enésima vez su orgullo y gen competitivo para remontar, aunque terminaron muriendo en la orilla, bajando el telón a una temporada de ensueño.

 

Como en la primera visita al Javier Imbroda, el Carramimbre aterrizaba en la ciudad autónoma sin presión cediendo completamente este papel a los locales, pero con el lastre mental que supuso la derrota del pasado sábado en Pisuerga. Y en los compases iniciales primó más la alegría carmesí ante un Melilla atenazado y errático que evidenciaban nervios y ansiedad. Así, el CBC Valladolid aprovechó dichas sensaciones para cargar la pintura, sostenerse con el rebote ofensivo y mantener la igualdad (11-12) durante todo el primer periodo, a pesar de que los locales apretaron el acelerador en la recta final del mismo (19-14). Los de Alejandro Alcoba no iban a levantar el pie.

 

No tardaron los melillenses en afinar la puntería y comenzar a desarbolar al Carramimbre desde la larga distancia. Dos triples de Josep Franch y otros de Jonathan Guilling pusieron tierra de por medio un Ciudad de Valladolid que entró en barrena en ataque y se diluyó defensivamente. Los de Paco García se encasquillaron en los 20 puntos y ni siquiera dos tiempos muertos consecutivos del vallisoletano pudieron reanimar a un Carramimbre visiblemente cansado y tocado mentalmente (35-20).

 

Intensos en defensa y liderados por un inspirado Jonathan Guilling (15 puntos, 17 de valoración y 5/7 en triples al descanso), los melillenses rompieron el partido con un parcial total de 17-0 que rompió Jonathan Kazadi (8 puntos), el único jugador visitante que parecía mínimamente acertado de cara al aro. Los vallisoletanos, a merced de Melilla durante el segundo periodo, volvieron en sí en la recta final y acabaron salvados por la campana del descanso (46-25). La situación casi crítica no invitaba al optimismo, aunque en el partido inaugural de la serie, las ardillas ya fueron capaces de remontar 20 puntos en contra. Las sensaciones, no obstante, eran distintas; la frescura de piernas, también.

 

REMONTADA Y MUERTE CRUEL EN LA ORILLA

 

Después de cuatro partidos y medio, ni siquiera las variantes tácticas en defensa ni el pundonor consiguió sorprender a un Melilla Baloncesto que dominaba en todos los aspectos del juego: 7/14 en triples contra el 1/10 vallisoletano, 25-16 en rebotes y 12-4 en asistencias. Los números hablaban por sí solos y el Carramimbre estaba abocado a una epopeya épica, aunque el factor sorpresa del partido inaugural de la eliminatoria ya no jugaba a su favor.

 

Aun así, lo cierto es que los primeros minutos de la segunda parte recordaron por momentos a la remontada que propició la campanada inicial en el Javier Imbroda. Un parcial de 0-9 encendió todas las alarmas en el conjunto dirigido por Alejandro Alcoba, quien se vio obligado a pararlo cuanto antes. Buscando objetivos cortos, el Carramimbre había dado un paso adelante para meterse en el partido, aunque faltaba lo más difícil: darle la vuelta. Ese era el objetivo para un último periodo al que se llegó 60-49, después de haber logrado media remontada.

 

Consumar la reacción, sin embargo, son palabras mayores. Los nervios afloraron en ambos bandos y después de dos minutos sin que se moviera, el Carramimbre golpeó con un parcial de 2-6 que tuvo que enfriar de nuevo el entrenador local. Melilla Baloncesto, ya con el miedo en el cuerpo, se encomendó a un Caleb Agada valiente que sostuvo a sus compañeros. La enésima gran actuación del exterior nigeriano, sumada a varias decisiones controvertidas, por no decir bastantes y otro calificativo, evitaron el sorpasso carmesí en los momentos críticos (68-60).

 

A pesar de todo, la cuerda se tensó y el Carramimbre amenazó de nuevo las opciones de los locales, pero Txemi Urtasun cogió el testigo de Caleb Agada y acabó con las últimas esperanzas. Cinco puntos consecutivos del escolta pamplonés dejaron sobre la lona a un Carramimbre que nunca dejó de creer y que llegó al último minuto aún con vida (73-69), pero la falta de acierto a la hora de la verdad condenó a los vallisoletanos.

 

Finalmente, la frialdad desde la línea de tiros libres dio la puntilla (77-71) a un Ciudad de Valladolid que no pudo en la primera mitad y que no le dejaron en la segunda, pero que acabó muriendo con en la orilla y con la cabeza alta. Abajo el telón a una temporada, la de los carmesí, de ensueño.