El sillón del Diablo descansa en Valladolid (I)

La leyenda dice: “Aquel que se sienta en la silla, muere a los dos o tres días o tal vez adquiere todo el conocimiento del mundo.”

El caso que presentamos esta semana tiene un agregado mágico especial, un tono dramático característico y un marco histórico dignos de un buen relato. Es por ello que les voy a presentar en esta primera parte una presentación histórica del misterioso Sillón del Diablo ¿Dónde está? ¿De dónde vino? ¿Por qué su nombre? ¿Qué acontecimientos misteriosos lo rodean?

 

En Valladolid, el cirujano, médico español y anatomista destacado Alonso Rodríguez de Guevara nacido en Granada en 1520 dirige en 1550 la primera catedra de medicina en la ciudad, llevando a cabo las primeras disecciones humanas en España, gracias a un permiso real. A dicha universidad asiste un joven con raíces portuguesas y sefardíes, por nombre Andrés de Proaza, un joven de 22 años de edad, mostrando un especial interés por la anatomía humana que según cuenta la leyenda, llegaría a demostrar unas dotes superiores a las de su propio maestro.

 

Se dice que el mismo año se denuncia la desaparición cerca de la casa el portugués, de un niño de apenas 9 años. Igualmente, los vecinos de la Calle Esgueva en la ciudad denuncian y declaran que, desde el sótano de la casa de Andrés, el joven portugués, escapaban estremecedores gemidos, terribles llantos y extraños ruidos. Mencionaron también la emanación de agua sanguinolenta fluyendo por su desagüe, pintando macabramente las aguas de uno de los ramales del Esgueva que discurrían por Valladolid (actualmente bajo el suelo de la ciudad).

 

Es por tanto que los vecinos avisaron a las autoridades de los hechos bajo sospecha de acontecimientos de carácter delictivo. La sorpresa al abrir el acceso al sótano fue mayúscula a la par que horripilante pues fue hallado el cuerpo del pequeño niño desaparecido totalmente descuartizado, en una mesa de madera, tras haberle sido practicada en vida una autopsia. Completaron la sangrienta escena los cadáveres de varios perros y gatos en idéntica postura que el cuerpo del niño.

 

Andrés fue prendido y procesado por las autoridades, tras ser torturado y fruto de ello, confesó sus crímenes, así como tener un “pacto con el Diablo” por mediación de una silla próxima a su escritorio en la que se sentaba, y según sus palabras “Entrando en trance, percibiendo sobrenaturales luces” ayudándole estas en sus curaciones a pacientes o a determinar sus enfermedades.

 

 

Aunque posteriormente declaró que no fue de tal manera y que lo que más cerca estuviere de la nigromancia seria en la posesión de singular ‘sillón frailero’, llamado así por ser frecuentes este tipo de sillones en los monasterios. Indicó que le había sido otorgada como presente por un nigromante de Navarra en agradecimiento por haberle salvado de la Inquisición en 1527, ocultándole en su domicilio.

 

Sillón en el que también se sentaba a escribir sus desmanes, terroríficas ocurrencias, experimentos y aterradores apuntes sobre la nigromancia que profesaba o las autopsias que no dudaba en practicarle a los seres vivos a los que daba caza. Así pues, juraba que, al sentarse en dicho sillón, el mismísimo diablo le entregaba para si toda la sabiduría habida en la medicina y así se comunicaba con él. Según su “amigo” Navarro quedó advertido, una oscura maldición acompañaba su regalo pues: “Nadie más que un médico titulado se podía sentar en él sin peligro alguno. Si lo hacía otra persona, a la tercera vez que se sentara, moriría de un síncope fulminante.”

 

Cuando las autoridades registran su morada, efectivamente encuentran en el piso superior la silla, con brazos desmontables datable en la segunda mitad del siglo XVI, según la historiadora vallisoletana Eloísa García de Wattenberg. Tallada en madera de cedro cuyos respaldo y asiento lo estaban en cuero de color marrón oscuro.

 

El joven Andrés de Proaza fue entonces condenado por la Santa Inquisición a morir quemado en la hoguera y sus bienes, incluido también el sillón puestos en subasta pública, aunque curiosamente y no es de extrañar que nadie se hizo con articulo alguno del macabro lote dado el oscuro origen que acarreaba su dueño, por lo que el sillón pasa a estar en posesión y custodia de la Universidad de Valladolid, fueron guardados en un pequeño almacén (trastero según otros), y allí permanecieron sus objetos junto con el sillón del diablo durante algunos siglos.

 

Hasta el año 1909 cuando se decidió derribar entre gran polémica el edificio histórico de la Universidad ubicada en la Plaza que hoy día lleva su nombre (de la universidad) y que alberga la facultad de derecho conservándose la fachada barroca original, el sillón había permanecido de peculiar manera, colgado patas arriba del techo de la capilla de la universidad para que nadie cometiera la misma imprudencia que un infeliz bedel que desconociendo su historia, ante la sensación de fatiga y cansancio de su ronda, viéndolo en una esquina de la sala decide pararse a descansar en él, donde apareció muerto, sentado entre sus brazos a los tres días por causas naturales según las autoridades de la época.

 

 

Contratándose un nuevo bedel, que siguiendo la costumbre obró de igual manera que el anterior e idénticamente con igual final para el también. Muerto a los tres días casualmente de haber jurado su cargo. Desde entonces saltaron a un primer plano las advertencias del joven Andrés de Proaza dejando de ser meras burlas. Así pues el sillón arrastra la oscura leyenda, cargado como una pesada losa que lo acompaña sobre sus espaldas, pasando a partir de tal año a cargo del museo arqueológico de Valladolid. Actualmente reposa en una de las estancias del palacio de Fabio Nelli, plaza que lleva el mismo nombre y sede del Museo Provincial de Valladolid. Concretamente en su sala 14 no abierta todos los días al público.

 

No existen en el mundo demasiados objetos tan poderosamente cargados con una maldición relacionada con el diablo que se conserven a día de hoy, pero Valladolid alberga uno de ellos para deleite del viajero inquieto, la mirada curiosa y la intriga del observador.

 

La semana que viene trataremos de acercar a nuestros lectores una segunda parte, tratando de analizar físicamente el sillón, incluir entrevistas con el personal más allegado del museo, así como de historiadores que lo hayan tratado de primera mano. Tal vez la próxima entrega pueda ser testimonio, experiencia personal de la realidad de la maldición del sillón, quizá podamos probarlo, quizá no exista próxima entrega si es real lo dicho en nuestra exposición anterior. Recuerden, nos vemos en siete días, una vez más navegando “Entre Dimensiones”. O no.

 

Comentarios

felicidades 21/05/2017 13:52 #3
Un articulo muy bueno
ana 21/05/2017 13:21 #2
Espectacular Increible Es curiosiiisimo Deseando llegue la segunda parte Felicidades por su reportaje
Sanchez 21/05/2017 00:38 #1
Simplemente buenísimo.

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