El Real Valladolid se descalabra en Anduva en un partido para olvidar (4-1)

Los jugadores del Valladolid se lamentan tras uno de los cuatro goles del Mirandés. LFP

El Mirandés consiguió minimizar a los de Miguel Ángel Portugal en un partido que se puso cuesta abajo con el 1-0. Desde ese momento, los blanquivioletas fueron incapaces y acabaron rozando el ridículo.

Ficha Técnica:

 

4 - CD Mirandés: Raúl; Moreno, Galán, Kijera; Eguaras, Rúper (Lázaro, min.72), Aridane, Provencio (Álex García, min.63); Sangalli, Ion Vélez y Alain (Cantero, min.58).

 

1 - Real Valladolid: Kepa; Chica, Samuel, Juape, Hermoso (Guzmán, min.58); Borja, Tiba; Villar (José, min.76), Renella, Mojica; y Roger (Rodri, min.71).

 

Goles: 1-0, min.27: Galán. 2-0, min.34: Provencio; 3-0, min.68 Álex García; 4-0, min.85: Aridane; 4-1, min.92: Guzmán (p).

 

Árbitro: González Fuertes (Colegio Asturiano). Mostró tarjeta amarilla a los jugadores locales Provencio, Eguaras y Lázaro y a los visitantes Hermoso y Mojica.

 

Incidencias: Partido correspondiente a la trigésimo primera jornada de la Liga Adelante disputado en el estadio municipal de Anduva de Miranda de Ebro (Burgos) ante 3.573 espectadores. Alrededor de 300 aficionados del Real Valladolid en las gradas. Se guardó un minuto de silencio como muestra de repulsa ante los atentados de Bruselas.

Y otra más. Parecía que esta podía ser la definitiva, pero ni aún así. El Real Valladolid desperdició este domingo en Anduva la millonésima posibilidad de alcanzar el play off tras hincar la rodilla ante el Mirandés por un resultado de 4-1, el cual le deja a tres puntos del play off gracias a que el resto de resultados acompañaron. Pero eso no es lo peor. Lo peor fue ver que en ningún momento hubo posibilidad real de puntuar.

 

Nada hacía pensar el resultado final, al menos al comienzo del partido después de que Miguel Ángel Portugal confirmara en el once. Un equipo que no era demasiado diferente al que hace apenas unos días aniquiló a base de goles al Llagostera en casa o fue capaz de imponerse al Oviedo en el Tartiere, pero está claro que este vestuario tiene cara A y cara B.

 

Con ello, el choque no comenzó desigualado, al contrario. Los dos equipos se lanzaron a la yugular del rival conscientes de que necesitaban los tres puntos para sus diferentes propósitos, y como resultado Anduva se convirtió en un correcalles de dominio alterno en el que cualquier pudo marcar. Pero ese fue el Mirandés.

 

Apenas se rozaba el minuto 25 cuando una falta colgada al área por Oyarzun se convirtió en veneno para Kepa, que no fue capaz de saber si algún jugador rojillo iba a tocar la bola o no, pero la cuestión es que este acabó dentro. De hecho no quedó muy claro si la diana fue del propio Oyarzun o de Galán, que intentó empujar con la cabeza. Era solo el comienzo del declive.

 

Desde ese momento el Valladolid dejó de creérselo, súbitamente se transformó en ese equipo ramplón que varias veces ha asomado esta temporada. Quizá ese sea el error del Pucela esta temporada, por desgracia suficiente como para evitar un descenso. La actitud y el saber gestionar las adversidades son virtudes que no pueden faltar en un equipo ganador. Poco después el segundo de Provencio solo confirmaba la tendencia.

 

¿Qué le ocurre a este Valladolid, realmente es tan fácil pasar de un extremo a otro? ¿Hay mimbres o no los hay? Jornada tras jornada los aficionados terminan con sensaciones completamente contrapuestas, con la salvedad de que cuando los blanquivioletas lo hacen mal, terminan por hacer el ridículo.

 

Y es que las cosas no cambiaron en la segunda mitad. Mojica perdido en su banda, Roger tratando de echarle garra pero sin balones y acierto y Rennella desaparecido en combate. El resultado no podía ser otro que el de una calamidad, con un Miguel Ángel Portugal que, las cosas como son, tampoco supo encauzar las cosas a tiempo.

 

Bien podía haberle sobrado la segunda parte al Pucela, porque no sirvió para otra cosa que para que el castillo de naipes cayera con más estrépito. Los cambios no aportaron gran cosa al partido, mientras un reivindicado Álex García hacía el tercero y ponía en bandeja el cuarto a Aridane. Bueno, sí, una. Un toque de atención con la entrada del canterano José, para que los del primer equipo queden avisados.

 

El gol de penalti de Guzmán, tras un torpe tropiezo de Carlos Lázaro que derribó a Mojica dentro del área, siquiera sirvió para salvar el honor de un equipo que terminó por arrastrarse por el césped de Anduva. Y con Almería, Leganés y Zaragoza en el horizonte.