El Puente Colgante que nunca lo fue

Montaje del Puente Colgante en el pasado y ahora - J. Á. G.

El Ayuntamiento de Valladolid estudiará peatonalizar el centenario puente que une la Avenida de Salamanca y el Paseo de Zorrilla

Una mentira repetida mil veces se convierte en verdad, o al menos eso reza la sabiduría popular. Más o menos eso es lo que debió pasar con el Puente Colgante de Valladolid, porque de colgante, solo tiene el nombre. Cierto es que el ingeniero Andrés Mendizábal presentó un proyecto de estructura suspendida por cable sobre la arteria fluvial de la ciudad, y que Fomento y la reina Isabel II impulsaron y financiaron el proyecto en 1852, pero de esa idea inicial solamente llegaron a construirse los estribos.

 

Hoy, 153 años después, esos estribos y el nombre son lo único que queda de colgante en el puente. Dos años más tarde, en 1854, el Estado alegó problemas técnicos y económicos y retiró la financiación del proyecto. Mendizábal volvió a intentarlo, y presentó su ‘Proyecto Vergniais’, pero hacía tiempo que la idea de un puente colgante había desaparecido.

 

El expediente llegó a la denominada ‘Comisión de Estudio de los Puentes de Hierro’, encabezada por el ingeniero de caminos Lucio del Valle, quien diseñó nuestro Puente Colgante con estructura tipo ‘Bowstring’. Un puente que sabe a fish&chips, marmitako y lechazo; que suena a The Beatles, Platero y Tú y a Celtas Cortos. Y es que es nuestro, sí, pero vino de Liverpool, y llegó a España través de Bilbao. Nuestro coloso metálico fue construido por piezas en 1864, en los talleres ingleses de John Henderson Porter, y tras pasar por el puerto vasco, llegó a orillas del Pisuerga para permitirnos pasar por encima de él.

 

Siguiendo con las referencias musicales, como si de una premonición se tratase, el Puente Colgante fue inaugurado el 20 de abril de 1865, con 75 metros de longitud y a 316 metros sobre el fondo del río. El primer puente de su tipo en España, el segundo más antiguo de la ciudad, una muestra de modernidad con un nombre que no se ajusta a la realidad.

 

Imagen del Puente Colgante en 1897. ARCHIVO MUNICIPAL

 

Desde entonces ha visto como le reformaban una y otra vez. Como le arreglaban, le pulían, le reparaban. La Junta de Castilla y León reforzó su estructura por completo en 1995, y el Ayuntamiento de Valladolid cambió su color marrón por el negro que luce hoy en día. Ahora son sus aceras las que tienen que ser reparadas, y desde el consistorio, el edil de Urbanismo, Manuel Saravia, opina que debería ser peatonalizado para aligerar el peso que soporta lo máximo posible, por motivos de conservación.

 

Es posible que el Puente Colgante cambie de forma, de materiales o de color. Tendrá hormigón, aceras o asfalto. Estará abierto al tráfico o será peatonal. Pero hay algo que nunca será, un puente colgante. Y hay algo que será siempre, el Puente Colgante de Valladolid.

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