El poeta que celebra dos cumpleaños

Desde hace seis meses, Jairo Sanz se ha hecho un hueco en el centro comercial de Vallsur, como vendedor de la ONCE. Su juventud no ha sido fácil y sus dos pasiones -la poesía y el baile- se han convertido en una manera de ver la vida con otros ojos.

Jairo Sanz en su punto de venta y con su poemario. JOSÉ ÁNGEL GALLEGO

Once preguntas, once respuestas:

 

1. Una afición: El baile.

2. Su mejor momento como vendedor: Cuando vendo un megamillonario.

3. Y el peor momento: Hace poco un señor decía a una clienta que no comprara el cupón del Extra de Navidad porque siempre se lo quedaba la ONCE. Me dolió.

4. Su mayor premio: Mi familia.

5. Es supersticioso: No. Me gusta el amarillo, el 13, paso por debajo de una escalera y no me quita el sueño un martes 13 o cruzarme con un gato negro.

6. Un juego: El baloncesto y el virus, un juego de cartas adictivo.

7. El número de la suerte: El 7, de siempre; y desde el trasplante también el 20.

8. Su mayor apuesta en la vida: Luchar cada día.

9. Salud, dinero o amor: Sin la salud no puedes tener ni lo uno ni lo otro.

10. Su mayor capacidad: Intento de superarme en todo y no dejar que pase mucho tiempo sin levantarme.

11. Qué es para usted la ONCE: Una nueva vida en la que con esfuerzo puedo llegar a ser mejor y a ver sin ver.

 

Nació un 16 de agosto, pero el cumpleaños que celebra de forma “más especial” es cada 20 de octubre. Ese día volvió a nacer; al menos comenzó “una nueva vida”. Jairo Sanz Fernández es diabético desde los 16 años. La enfermedad se cebó especialmente con su riñón y su vista. Tras dos años de hemodiálisis y tres intentos fallidos, la fortuna le quiso sonreír en forma de doble trasplante de riñón y páncreas.

 

Un recordado y celebrado 20 de octubre de 2015: “Fue un cambio de vida total: de estar enchufado a un máquina durante cuatro horas, día sí, día no, y de tener cuidados extremos en la alimentación a tener una vida más o menos normal, aunque con una medicación controlada”. Suspira Jairo Sanz, quien recuerda perfectamente “los nervios” previos de la operación o la “emoción” que le produjo despertarse en una UCI rodeado de los suyos. Aún le sigue sobrecogiendo aquella imagen en la que una nueva oportunidad se asomaba entre sondas, cables y aparatos médicos.

 

Interrumpe la conversación y corrige: “Mejor dicho mi vida ha experimentado tres vuelcos importantes. El primero cuando me detectan la diabetes a los 16 años. Segundo cuando comienzo a perder vista y mis riñones no funcionan y, por último, con el trasplante”. Es muy reflexivo, hace una pausa, y Jairo Sanz continua: “Si pudiera conocer a la familia de mi donante les daría mil gracias por aceptar la donación de los órganos de su ser querido”. “Hasta que no estás en una situación como la mía no te das cuenta de la relevancia que tiene la donación; mi familia, por supuesto, que ya es donante; yo por desgracia no puedo”.

 

Habla también de su reducida visión, apenas solo ve “claridad” con su ojo derecho –“está medio perdido”, dice- y una visión “muy borrosa” con su ojo izquierdo, “o lo que es lo mismo un 0,003 en cada ojo”. A pesar de ellos Jairo se “apaña” y lejos de lamentarse, este luchador, ha decidido que ninguna enfermedad por grave que sea le va a arruinar sus ganas de vivir; “Conozco perfectamente mis limitaciones”, puntualiza de forma sincera.

 

Tras un total de quince operaciones“llámese vista, trasplante o roturas de hueso”- la vida se afronta de otra manera. Su familia y amigos estuvieron siempre a su lado. “Ha habido gente que al ver mi problema se ha ido de mi vida y ha habido gente que ha permanecido a mi lado; los que se han ido merecen todo mis respeto, yo les entiendo”, dice con una tranquilidad pasmosa, apartando cualquier resquemor o indicio de odio.

 

Por el contrario, los que sí llegaron a su vida fueron sus dos grandes pasiones: la poesía y el baile. Dos tablas de salvación a las que aferrarse con fuerza cuando todo se tambalea. Antes de someterse al doble trasplante comenzó a bailar: Me apunté a bailes de salón y a kizomba, una danza procedente de Angola que está ahora muy de moda”. Su deficiencia visual no es problema y Jairo tira de humor para justificarlo: “Todavía no he pisado a nadie bailando”, las risas se oyen en todo el centro comercial de Vallsur donde Tribuna ha quedado con el protagonista de esta nueva edición de Once de la ONCE. 

 

El baile se ha convertido en un auténtico vicio: “Me siento bien, me olvido de todo y me ayuda a desconectar de mis problemas”. Acude a perfeccionar su técnica a una academia en Valladolid, aunque lo que más le gusta es salir a bailar a cualquier local los fines de semana. “Lo más importante es que tu pareja de baile disfrute; yo no voy a exhibirme, ni a demostrar mis cualidades como bailarín; voy a divertirme y lo que pretendo es que la chica con la que baile también se divierta”. Es tanta su pasión por esta afición que incluso ha participado en varios congresos: “Me he ido a Cullera, Barcelona, Madrid, Salamanca, Granada, Calpe… con encuentros en los que hay talleres y por la noche baile social, conoces nueva gente… te diviertes”. Hay un brillo especial en sus ojos maltrechos.

 

 

Cuatro años de baile y casi toda una vida dedicada a la poesía. “Descubrí cuando era un niño que me gustaba escribir”. “Poesía”, advierte. “De hecho ya tengo un libro autoeditado que se llama ‘Poemas desde el corazón’ y voy camino del segundo, ya tengo los derechos de autor”. -¿En qué te inspiras? “Hablo de todo en mis poemas: de amor, desamor, de lugares visitados, de otros soñados, de momentos históricos, incluso escribí sobre los atentados del 11-M, fue emocionante”.

 

VENDEDOR “NOVEL”

 

Afiliado desde hace años a la ONCE, su andadura como vendedor se limita a los últimos seis meses. “Soy novel”, se ríe. Su primer día de trabajo como cuponero fue precisamente un once. Un once de junio de 2019. Antes de su enfermedad había estudiado hostelería. Hasta llegó a hacer sus pinitos como cocinero en fogones de restaurantes como El Hidalgo o en El Portón. “Me gustaba más los postres que los guisos”, confiesa. También trabajó en almacenes logísticos e incluso en una lavandería.

 

Su incapacidad del 75 por ciento le permitió ingresar en la Organización Nacional de Ciegos Españoles. Este trabajo le ayuda a “sumar económicamente” a su pensión, de lo contrario su situación sería bastante precaria. Pero lo más importante para Jairo es sentirse “activo, útil”. “Sé que todos los días me tengo que levantar para ir a trabajar; ocupar ocho horas diarias en una labor. Parece raro, pero no saber en qué ocupar tantas horas al día los 365 días al año llegaban a estresar”. Y hace un juego de palabras: “Me ha llegado a estresar no tener el estrés del trabajo”. Totalmente de acuerdo.

 

Desde hace seis meses cubre una baja laboral de larga duración. Su punto de venta es el centro comercial de Vallsur. Jairo se ha hecho un hueco entre la clientela, e incluso hay muchas personas que van en su búsqueda. Su trato exquisito, su educación y su afabilidad dicen mucho de él. “La hostelería me permitió comprender el trato con la gente”, recuerda, aunque también reconoce que en la ONCE “todo han sido facilidades”.

 

Se lleva bien con muchos clientes, también con los trabajadores del centro comercial. Lo define de la siguiente forma: “Vas a haciendo una minivida dentro del trabajo; este empleo me ayuda día a día a seguir creciendo”. El juego ‘rasca’ es su especialidad. “Es lo que más vendo”. "Ya he dado varios premios de 100 euros e incluso de 250 euros". Una de sus máximas es: ‘A cada uno lo que es suyo’. Por eso le ha tocado "perseguir" a algún cliente que se olvidó la vuelta. Así es Jairo Sanz, el cuponero que hace seis meses vendió su primer cupón “terminado en 21” a “una madre con sus cuatro hijos”. Hoy, la ONCE le ha permitido recuperar la sonrisa e iniciar una nueva vida, en la que la poesía y el baile pintan de felicidad sus días. Es el poeta que celebra dos cumpleaños.

Veré con tus ojos si me hace falta
Me guiaré del movimiento de tu cuerpo al bailar
Y si necesito de tus manos sé que siempre me van a ayudar.
Hoy voy a contarte la historia nunca escrita y sin final
Solo pido que si quieres querer quieras
Si quieres no estar no estés
Si quieres volar que vueles
Y que iluminar es mejor que brillar.
Fin no tiene ni tendrá mi historia
Solo he de decir que continuará
Porque sin ver, sin andar o sin poder hablar
Vemos, andamos y hablamos con las ganas de luchar

 

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