El poder de la música

La crítica cultural de Ágreda en Tribuna Valladolid.

 Un sol de verano alumbra el Centro Cultural Miguel Delibes (CCMD) que a esta hora de la tarde es un lugar lleno de vida; estamos a punto de descubrir la hermosura de la música.  El Concierto para flauta de Reinecke ejecutado por Emmanuel Pahud viene cargado de aromas, sabores, experiencia y clasicismo.

 

De lo que se trata es lograr que el sonido (el aire sonoro) de la flauta de Pahud te cuente una historia, pero con notas musicales para que el oyente añada los adjetivos que prefiera, a su gusto. Es imprescindible que los ojos miren  y  los oídos escuchen para dejarse arrebatar  por la musicalidad y hacer tuyo el concierto. ¡Qué mínimo!

 

Poco a poco el oyente se dejó encandilar con el virtuosismo de Pahud pero cuando apareció en escena Clara Andrada ejecutando los primeros compases de la Fantasía sobre temas de Rigoletto de Giuseppe Verdi de Franz y Karl Dopller,  el encantamiento se hizo presente en la Sala Sinfónica Jesús López Cobos. 

 

Estas músicas obligan al oyente a cerrar los ojos. De repente, como por arte de ensalmo, todas las esperanzas depositadas en el concierto de esta tarde se hacen realidad. La música te acompaña, te susurra palabras nuevas e íntimas que no puedes compartir con nadie. Ni falta que hace.

 

Porque la música registra siempre los estratos del tiempo que tienes que ser capaz de captar y reflexionar sobre ellos. La música te recompensa cada minuto pero eso requiere un esfuerzo del espectador. Un esfuerzo que la música te devuelve con creces. Porque la belleza intrínseca que lleva dentro te predispone a comprender.

 

La OSCyL dirigida de manera sigilosa por Lucas Macías se dejó contaminar por la emoción, la pureza y la intensidad del dúo de flautas Pahud/Andrada y regaló a los asistentes la posibilidad,  a poco que pusiera de su parte, que sea apagara por unos instantes el alocado runrún del tiempo.

 

La música siempre es un proceso de apertura al otro. Para iluminar y esclarecer el paso del tiempo nada mejor que escuchar una tarde a la OSCyL. Porque la Sala Sinfónica Jesús López Cobos es un espacio de experiencias y emociones. De entrega por parte de la orquesta y su director que te sugieren realizar un viaje donde no hay Facebook, ni Google, ni Amazon, ni publicidad. Posiblemente no llegues a ningún sitio. Pero la búsqueda puede resultar apasionante.

 

Luego llego La Sinfonía fantástica, op. 14 de Berlioz, pero “el pescao estaba ya vendido”.