El pincho de Feria pasa inadvertido entre los pocos bares vallisoletanos que se han atrevido con él

Pincho de la Cafetería Moka, en el Paseo Zorrilla.

TRIBUNA contacta con tres 'arriesgados' que han querido continuar con la tradición de los pinchos de las casetas

Son días complicados en Valladolid. Sin Fiestas, sin casetas, pero no sin pinchos. Y es que son algunos, no demasiados, los que han querido seguir con la tradición de pinchos de día tan habituales de estas fechas en la ciudad. Tres establecimientos con los que ha contactado TRIBUNA y que han querido hacer un tributo a la feria de la Virgen de San Lorenzo.

 

Julio Ruíz, dueño de la Argolla en la plaza del Ochavo, tiene 5 tapas a disposición de los clientes: “Garbanzos con callos, alubias con almejas, milhoja de manzana, jamón y foie, chorizo criollo y una chapatina de pimientos”. El gerente afirma que “durante el mediodía la cosa marcha bien”, aunque “no está habiendo mucho jaleo”, quizá por el tiempo, que tampoco ha acompañado. Él decidió probar con estos pinchos para que “la gente no se olvide que son fechas de fiestas” y pese al “ánimo” que tenía, le da pena que “las cosas están muy flojitas”.

 

Por otro lado, la Cafetería Moka, cuya propietaria es Ana Fernández, en Paseo Zorrilla, ha llevado a cabo una mini carta con sus tapas y pinchos más señalados. “En caseta teníamos 25 y aquí hemos hecho 16”. ¿Cuáles?: “Jabugo, foie con jamón y manzana, ventresca, bonito y raciones de embutidos”, entre muchos otros, recuerda la dueña.

 

Pese a la ilusión que muestra Fernández, reconoce que hay “muy poca gente y que está la situación muy difícil”. Para ella lo más complicado ha sido que eliminaran las barras. Cree que los clientes tienen “mucho miedo y la gente no se atreve”. Sin embargo, ella sigue al pie del cañón y hoy reconoce haber puesto su pañuelo de ferias en el bar. Además asegura que lo hace “por losclientes que son fieles, ellos responden”.

 

Luis Miguel es el dueño de La Solana, en calle solanilla. El primer fin de semana de las supuestas ferias apostó por su tapa “arroz a la zamorana”, pero no ha tenido “nada de públicoy ha decidido quitarlo. Él mismo destaca la importancia de la “barra cerrada” y asegura que “da mucha pena, ya no hay alegría”. Como este caso, son muchos los que han preferido no arriesgarse y continuar con su carta normal.

 

Luis Miguel también ha querido recordar que está adscrito a los bonos de hostelería, impulsados por el Ayuntamiento, pero desde el día 1, “sólo tengo 11 euros”. Lo que está claro es que la hostelería es un sector muy dañado por la COVID-19 y que este año la mayoría de personas han optado por la prudencia ante la pandemia.

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