El pensamiento de Soledad Sevilla
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El pensamiento de Soledad Sevilla

Soledad Sevilla (Valencia, 1944) cumple a rajatabla esa norma no escrita que afirma que el arte es, al fin y al cabo, una expresión del alma. Y viendo esta exposición en el Museo Patio  Herreriano titulada “El pensamiento al madurar es igual que el sol cuando amanece” también se podría decir que  es una manifestación física.

 

Cuando el visitante entra en la Capilla de los Condes de Fuensaldaña un trenzado de extraños afluentes y confluencias teje un misterio rumbo por el que hay que dejarse llevar sin oponer resistencia. Unos hilos misteriosos e inesperados te sumergen en un territorio palpitante lleno de luz y de trasparencia. La  densidad vaporosa de su celaje renueva con cada mirada la relación con el entorno y con su apariencia. Aquí todo se transforma como en la naturaleza donde en definitiva nada vive y muere. Esto tiene muchas explicaciones pero solo el arte nos lo hace físicamente visible y viable al mismo tiempo.

 

Entrar en la Capilla es una sacudida emocional y psicológica que requiere del visitante toda la atención, concentración y lucidez de que sea capaz para poder deleitarse con esa belleza indescriptible que te transporta a otro mundo y te embriaga. Y es emocionante.

 

Emocionante porque Soledad Sevilla tiene un don, bucea en el inconsciente del visitante  y le arrastra a la superficie con la esperanza de que encuentre algo que le conmueva, que le saque de sus casillas, que le sensibilice y que le haga más humano. ¿Tiene que tener el arte mensajes? Para el visitante no. El arte se debe a lo que se debe. No me acuerdo ahora donde he leído aquello que dijo no sé quién de que el arte no es propaganda, no es vehículo para realizar declaraciones políticas, pero lo que sí tiene que ser es una voz sobre la que el artista tiene que opinar, manifestarse y expresarlas como pueda en su trabajo. El mundo es injusto y todos tenemos ciertas obligaciones que cumplir.

 

El visitante aprovecha que a esta hora no hay nadie en la Capilla, el mayor placer que se puede tener a esta hora de la mañana para dejar que pase el tiempo mirando, pensando e imaginando. La mayoría de las veces se ve más con la imaginación que con los ojos.

 

La Capilla de el Museo Patio Herreriano se ha convertido en un espacio para la ensoñación porque condensa miles de historias, escenas, formas, paisajes y situaciones que tramiten las buenas exposiciones  y con esta el Herreriano  se ha apuntado un buen tanto. (Otro día visitaremos la Sala 9 donde continúa la exposición de Soledad Sevilla)