El Patio Herreriano acoge desde este viernes tres muestras con carácter femenino
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El Patio Herreriano acoge desde este viernes tres muestras con carácter femenino

En concreto, se trata de 'Donde nada ocurre', de la videoartista y fotógrafa Irene de Andrés; 'Asir', de la pintora Mercedes Mangrané, y 'Zarza Corazón', de la escultura y poeta Elena Aitkoa, tres proyectos de producción propia que ponen el acento en diferentes tipologías desarrolladas por estas jóvenes artistas.

El Museo Patio Herreriano de Valladolid ha inaugurado este viernes tres exposiciones de diversa temática, pero todas ellas con firma femenina.

 

En concreto, se trata de 'Donde nada ocurre', de la videoartista y fotógrafa Irene de Andrés; 'Asir', de la pintora Mercedes Mangrané, y 'Zarza Corazón', de la escultura y poeta Elena Aitkoa, tres proyectos de producción propia que ponen el acento en diferentes tipologías desarrolladas por estas jóvenes artistas.

 

A la presentación han asistido la concejal de Cultura y Turismo, Ana María Redondo; el director del centro museístico, Javier Hontoria, y las propias artistas, según ha informado el Patio Herreriano.

 

La exposición de Irene de Andrés reúne por primera vez en una institución española, el ciclo completo de Donde nada ocurre, uno de los proyectos más interesantes realizados en España en los últimos años. Ubicado en las salas 1 y 2, se trata de una reflexión sobre las relaciones entre el turismo y la cultura popular a partir de la historia de la cultura de club que con tanto ímpetu afloró en la isla de Ibiza desde los años 60 y 70.

 

La exposición está compuesta por cinco vídeos y un importante conjunto de fotografías, esculturas, maquetas y material documental que gira en torno a cinco discotecas ibicencas que en sus comienzos fueron protagonistas de la noche ibicenca: Idea, Festival Club, Heaven, Glory's y Toro Mar.

 

Estos templos de la música electrónica albergaron las primeras pistas de baile, espectáculos taurinos para turistas, conciertos en directo y, después, las primeras raves, hasta que acabaron por convertirse en ruinas.

 

Otra mujer, Elena Aitkzoa, es la responsable del nuevo montaje expositivo realizado para la Capilla. Su trabajo tiende a ser enmarcado en el campo de la escultura, algo que no parece contradecir su intervención específica en la Capilla de los Condes de Fuensaldaña, uno de los espacios de exhibición más relevantes del país.

 

MÚSICA Y POESÍA

 

Al fuerte componente formal que destila su obra se suma sin embargo un interés por la música y la poesía, que no actúan como meros vertebradores del material sino como elementos visibles y activos, como se desprende del talante performativo que gobierna toda su obra.

 

'Zarza Corazón', la intervención de mayor escala realizada por la artista hasta la fecha, está compuesta por un número importante de obras de formatos y materiales diversos que se diseminan a lo largo y ancho de la Capilla. Aitzkoa ensambla en sus piezas muy variadas nociones temporales, pues en ellas el pasado y el presente configuran una unidad indivisible.

 

Aproximaciones a la escultura contemporánea en España" en una sección, la de la sala 6, en la que dialoga o reacciona ante la postura ensimismada, abstracta y autorreferencial de los artistas de generaciones anteriores, como apelando al anhelo de promiscuidad que hoy rige todo principio artístico.

 

Por último, Mercedes Mangrané propone para la Sala 9 un recorrido por pinturas realizadas en los últimos años. Nacida en Barcelona en 1988, su obra se caracteriza por formatos pequeños, un personal tratamiento de la materia y una paleta que, a pesar de sus gamas amables, tiende a una fría luminosidad.

 

La mirada de la artista se ha centrado en ángulos, muros, techos y otros elementos de interiores de carácter doméstico. Un conjunto temprano de cuadros, revelador de aquella incipiente inquietud, giraba en torno a los gimnasios.

 

La paleta de tonos suaves de Mangrané entra en directo diálogo con la parte superior del espacio, más allá del blanco de los muros, y establece con él un vínculo físico y, de alguna manera, emocional, pues hay una poderosa carga afectiva en el uso que del color hace la artista.

 

Muchas de las inquietudes de la artista tienen que ver con la preocupación esencial de todo aquel que pinta: cómo hacer visible una imagen sobre un plano.