El otoño y el frío albergan en Valladolid a las famosas castañeras
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El otoño y el frío albergan en Valladolid a las famosas castañeras

Begoña García, en su mítico puesto en la calle Constitución, asando castañas. TRIBUNA

La venta de castañas no se ha visto muy afectada por la pandemia con respecto a otros años y la bajada es mínima, aseguran los vendedores de diferentes puestos

Las semanas previas a la Navidad en Valladolid se caracterizan no solo por sus decoraciones, iluminaciones, su tiovivo, su mercado navideño. También hay algo que no puede fallar en las calles de la capital. Una profesión antigua y que sigue realizándose de manera tradicional: los castañeros. 

 

De toda la vida es algo típico ir por las calles de Valladolid y ver los puestos donde se asan estas castañas, como se ha hecho toda la vida. Con alguna innovación tecnológica, pero al fin y al cabo con la esencia tradicional para asar este fruto seco tan apreciado y famoso de los otoños e inviernos.

 

Begoña García y su marido Félix Galicia, han heredado el negocio de su familia. Los padres abuelos y bisabuelos de él siempre se han dedicado a este trabajo. El trabajo lo hemos heredado. Mi madre ha vendido siempre castañas en la calle Mantería y sus padres igual”. “El negocio con mi mujer empezó hace 33 años, cuando nos casamos”, comenta Félix Galicia a TRIBUNA. Solicitaron un puesto para asar castañas en la calle Constitución, y posteriormente adquirieron otro en el Paseo Zorrilla.

 

Además Galicia comenta que han existido dudas sobre si podrían trabajar o no este año de pandemia. “Había mucha incertidumbre”, asegura. También, existe crisis derivada de la pandemia del Covid-19 aunque no muy significativa, “las ventas son más bajas que otros años, pero con el paso de las semanas se van normalizando.  Al principio de la campaña había menos gente por la calle y por lo tanto menos consumidores. En las últimas semanas las ventas han aumentado bastante”.

 

Los puestos de castañas, al igual que otros negocios, también tienen las medidas de seguridad oportunas como el uso de gel hidroalcohólico, el papel para los cucuruchos es natural o el uso obligatorio de la mascarilla.

 

Es un negocio tradicional en el que poco ha cambiado la forma de trabajar. El trabajo sigue siendo el mismo con pocos cambios técnicos. Algunas de las innovaciones son que los bombos son de acero inoxidable, ya que antes eran de hierro, y también que ahora cuentan con las casetas para cubrirse, antes no.

 

Diana Mongil, una de las castañeras más jóvenes de la ciudad con solo 33 años, tiene dos puestos de venta de castañas en Valladolid, aunque este año solo ha podido poner uno por obras. El puesto lo tiene en el Paseo Zorrilla junto a la calle de Juan de Juni.

 

Mongil explica cómo se elabora el asado de castañas. "Lo primero hay que tener carbón de encina y prender. Cuando está ardiendo hay que echarlas con un determinado calibre para que no se quemen o se queden sin hacer. Todas son del mismo tamaño. Las castañas tienen que estar rajadas siempre, porque si no explotan”.

 

Teníamos mucho miedo, llevamos muchos meses sin trabajar debido a la pandemia del Covid-19, nos dedicamos a la feria y este año no ha habido”, asegura Mongil preocupada. “Había incertidumbre sobre si podríamos trabajar o no en otoño vendiendo castañas, al final si hemos podido y las pérdidas en esta época no han sido muy significativas. Al estar cerrada la hostelería creo que la gente ha acudido más a comprar castañas”, asegura Diana Mongil sorprendida ya que no esperaba tanta aceptación este año.

 

Queda patente que el sector de la venta de castañas, aunque haya estado parado durante todo el año, ha podido sacar adelante su negocio durante el otoño y se muestran agradecidos a los clientes por la aceptación que han tenido. Un clásico de las calles de Valladolid.