El Oráculo de Oro

Alberto Giorgi -el ganador del Oráculo de Oro- era un niño cuando comunicó a sus padres que quería ser mago. No les sorprendió: le encantaba desaparecer. Y jugar al escondite. Juego emblemático donde se pone a prueba la sagacidad del que busca y la determinación del que se esconde. La transgresión es desaparecer.

Alberto Giorgi y su compañera Laura Gemmi se toman en serio lo que hacen. Una de las claves de su espectáculo es la invisibilidad del esfuerzo, el esfuerzo no se ve y Laura sale indemne de todos los trucos. Y con arte. A la manera del Gran Houdini. Para Houdini la magia era una forma artística ilegítima y genuina y sus huidas prefabricadas fueron la cumbre de su arte. Desaparecer es un arte.

 

El público durante su espectáculo sigue todo con los ojos pero en la mayoría de las ocasiones se queda in albis. Y no resulta vergonzoso sacar a pasear la ignorancia. Porque en los sueños esta no cuenta. Este espectáculo de magia, como en los sueños, nadie se cuestiona por lo que está viendo. Los espectadores que más sufren viendo los números son los que padecen claustrofobia. Aquí no existe ningún cartel donde se indique la salida. Y generalmente nunca se hace por la puerta. No se sabe.

 

Todos en realidad somos artistas de la fuga. Adam Philips en su estupendo libro La caja de Houdini, Sobre el arte de la fuga, escribe que conscientemente o no, planificamos nuestra vida -nuestros gestos, nuestras ambiciones, nuestros amores, los mínimos movimientos de nuestro cuerpo- según nuestras aversiones, evitando por todos los medios encuentros no deseados o no mostrando estados anímicos que no interesan a nadie.

 

Esta noche cada mago nos cuenta una historia. Cada truco lleva aparejado una narración donde el espectador pasa a sentirse protagonista. Protagonista de una ficción. Una ficción convertida en arte que tiene que ver sustancialmente con lo sensorial. La magia te lleva a un lugar al que no se suele acudir en la vida diaria.

 

Alberto Giorgi y Laura Gemmi alcanzan en sus números la excelencia, fundamentalmente porque disfrutan y hacen disfrutar con lo que hacen.

 

Especial mención merece el presentador del Oráculo de Oro, Luis Larrodera. Dejó escrito Confucio que si eliges un trabajo que te guste no tendrás que trabajar ni un día de tu vida. Pues eso. Luis Larrodera permitió al espectador sentirse dichoso en su presencia y ya le espera la próxima edición con los brazos abiertos.

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