El oficio de Toñete triunfa en Valladolid en la aciaga presentación del iscariense Darío Domínguez

Toñete abandona en volandas el Coso de Zorrilla. Reportaje gráfico: Pablo Alonso
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El líder de los novilleros cortó tres orejas tras dos templadas faenas. Al vallisoletano Darío Domínguez se le fue un toro vivo al corral y Alfonso Ortiz pasó sin pena ni gloria por el coso de Zorrilla, en esta primera de feria.

Primera de feria. Menos de media plaza en tarde calurosa. Muchos niños en los tendidos, pues la entrada para los menores era gratuita. Se lidió una buena y manejable novillada de Torrealba, donde destacaron los dos primeros novillos. El segundo, extraordinario y aplaudido en el arrastre.

 

Toñete, de azul purísima y oro; oreja y dos orejas.

 

Darío Domínguez, de nazareno y oro; vuelta y silencio tras tres avisos.

 

Alfonso Ortiz, de fucsia y azabache, silencio tras aviso y silencio tras dos avisos.

Antonio Catalán 'Toñete' es el líder del escalafón novilleril. Con casi treinta tardes esta temporada, en apenas quince días se doctorará en la ciudad francesa de Nimes en una alternativa de lujo con Enrique Ponce como padrino y Julián López El Juli, actuando de testigo.

 

En uno de sus últimos festejos como novillero, en esta apertura de feria de Valladolid, dejó constancia de su oficio, su firmeza, su solvencia y en ocasiones su temple y el gusto con las telas. Cierto es que pechó con un extraordinario novillo, el primero, que derrochó clase, aunque le faltó un punto de fuerza, de la ganadería charra de Torrealba y el cuarto que, aunque manseó ligeramente, dejó al novillero, de origen navarro, estar muy a gusto delante de la cara del astado para cortarle dos generosas orejas. Al que abrió plaza también lo toreó con temple y muletazos muy cadenciosos, suaves y largos. La espada, como un cañón, ayudó al triunfo.

 

Darío Domínguez, de Íscar para más señas, es un novillero con tres temporadas a sus espaldas que no acaba de romper. Se presentaba en el coso de la capital con el esportón lleno de ilusiones y esperanzas. Abandonó el ruedo pucelano con dudas y el desconsuelo de anotar en su hoja de registro el segundo toro que se le va vivo al corral (primero en Cuéllar, esta vez en su presentación en Valladolid) en apenas una semana.

 

En el segundo de la tarde dejaba una tarjeta de presentación desigual. El novillo fue un derroche de embestida. Con el hocico barriendo la arena, pronto, repetidor… el astado era de dos orejas y probablemente (en otras manos) de vuelta al ruedo. Darío Domínguez estuvo voluntarioso e incluso, y por momentos, dejó algún muletazo de buen trazado. Pero la faena no llegó a ser compacta y el oficio de Darío no es el de Toñete. La espada se le atravesó y el iscariense se permitió una vuelta al ruedo, correspondida cariñosamente por sus paisanos.

 

 

El quinto fue otra cosa. Mansito, pero encastado, pidió el carné y el novillero vallisoletano no lo tenía a mano, porque no lo presentó. Poco a poco, el de Torrealba se fue haciendo dueño y señor del platillo y puso en más de un apuros a su contendiente, quien no fue capaz de construir un trasteo a la altura de su oponente, que se aburrió y terminó rajándose. Lo peor llegó con la suerte suprema. Perdió la cuenta de las veces que entró a matar con el mismo resultado: pinchazo. Hasta cuatro subalternos en el ruedo le echaban un capote, pero los avisos comenzaron a caer y el novillero se descompuso. Con el tercer pañuelo blanco que asomaba en el balcón de la presidencia, las ilusiones se desplomaron y el toro entraba entero a los corrales por donde había asomado veinte minutos antes, en una larga cambiada del novillero iscariense.

 

Darío Domínguez tiene varios compromisos en el mes de septiembre: Laguna, Tordesillas… Es una buena oportunidad para demostrar que quiere ser torero. De lo contrario, esta temporada podría pesar como una losa en la carrera profesional del de Íscar.

 

Completaba la terna Alfonso Ortiz, novillero de Tielmes, que aterrizó al escalafón medio esta misma temporada. Apenas una buena media verónica y una excelente apertura de faena por bajo es la tarjeta de presentación que dejó el madrileño. Muy poco apretado en sus trasteos, mecánico y atropellado. Para colmo falló estrepitosamente con las espadas, y eso que en el callejón se encontraba su mentor, Uceda Leal, uno de los mejores matadores de las últimas décadas. Sin pena ni gloria pasó por Valladolid. La tarde tampoco fue para tirar cohetes.