El neonazi acusado de intentar asesinar a otro asegura que tan sólo quería "asustarle" para que dejara de acosarle

Mantiene que el encuentro fue casual y que el arma utilizada era un cútter que llevaba para colocar carteles de la peña 'Ultravioleta'.

El neonazi y militar de profesión Emilio José G.V, acusado de intentar asesinar otro joven de idéntica ideología al que hirió gravemente con un arma blanca a las puertas del bar 'Sotabanco' de Valladolid en agosto de 2012, ha asegurado que su intención era tan sólo "asustarle" con el fin de que, según ha añadido, dejara de acosarle y de amenazarle por haber roto su relación de amistad.

  

En la primera jornada del juicio iniciado en la Audiencia de Valladolid contra el procesado, expuesto a una posible condena de ocho años de prisión por tentativa de asesinato, y los también neonazis Roberto A.G, Álvaro A.P. y Rodrigo R. del B, a quienes las acusaciones piden cuatro años por su complicidad, el primero de ellos, en declaraciones recogidas por Europa Press, se ha presentado como víctima del proceso de acoso al que el herido, Rubén R, le venía sometiendo por haberle dejado fuera de su círculo de amistades.

  

"Rubén acababa metiéndonos en problemas y yo no me lo podía permitir porque estoy en el Ejército", ha explicado Emilio José, quien ha asegurado que a partir de la ruptura de relaciones el aludido "se lo tomó como una traición" y empezó contra él una campaña de hostigamiento, con llamadas telefónicas amenazantes del tipo "te voy a reventar la cabeza" e insultos de "maricón" para arriba.

  

En ese contexto relatado por el principal inculpado se habría producido, según éste, el encuentro absolutamente casual registrado en la madrugada del 30 de agosto de 2012 a las puertas del bar 'Sotabanco', en la zona de San Miguel, donde agresor y agredido se toparon en plena calle cuando el primero, como así sostiene, se disponía a ir a su casa tras haber participado con los otros tres encausados en una pegada de carteles y pegatinas de la peña 'Ultravioleta' del Real Valladolid.

  

Ese es el motivo esgrimido por Emilio José G.V, preso desde el día de los hechos en una prisión militar en Alcalá-Meco, sita en Alcalá de Henares (Madrid), para justificar que fuera provisto de un cútter--las acusaciones le colocan un cuchillo o una navaja en las manos--para cortar el celo utilizado para fijar algunos de estos carteles a la pared y que esa madrugada blandió contra su examigo para amedrentarle y lograr que se olvidara de él.

  

"Estaba obsesionado conmigo", ha resumido el procesado, quien ha relatado que entonces se inició entre ambos un forcejeo, Rubén armado con un vaso y él con el cútter con el que empezó a realizar "amagos" pero sin intentar en momento alguno causarle daño. "Nunca tuve la sensación de que realmente le hubiera herido", ha indicado Emilio José en referencia a la primera lesión causada a su oponente en el muslo derecho y, sobre todo, el corte en su brazo izquierdo que le seccionó la arteria humeral y provocó una abundante hemorragia.

  

Además, el neonazi, quien ha mantenido que sus tres compañeros de banquillo no participaron ni rodearon a la víctima para impedir su huida, ha alegado que la segunda y más grave de las lesiones se la produjo accidentalmente la propia víctima al extender su brazo y tratar de golpearle en la cara con el vaso que tenía asido en su mano.

  

El relato de los hechos, sin embargo, ha sido diametralmente opuesto al ofrecido por Rubén R, quien ha asegurado que era él la víctima de las continuas amenazas de su agresor y su grupo tras negarse a salir con ellos, decisión a partir de la cual le granjeó calificativos de "chivato" y "traidor" y se tradujo en mensajes en los que se le advertía de que iban a cesar los puñetazos y los insultos y se iba a pasar a "las armas".

 

SIN FORMACIÓN MILITAR "NO ESTARÍA VIVO HOY"

  

Respecto del día de autos, Rubén, quien se hallaba acompañado de otro amigo, Roberto A.G, herido de un palazo al intentar mediar en la refriega, se ha mantenido firme al asegurar que se hallaba en la calle con un vaso en la mano cuando "sorpresivamente" apareció Emilio José armado con un cuchillo o una navaja con el mango negro y "sin mediar palabra" empezó a acometerle

  

Añade que notó un "calambrazo" en el muslo y sintió "pánico" porque él seguía tirando cuchilladas y éstas cada vez a zonas más altas, con lo que estuvo a punto de caer al suelo pero era consciente de que si pasaba eso acabaría muerto, ha recordado el herido, alcanzado finalmente en el brazo izquierdo al taparse la zona del cuello de forma instintiva. "Era como cuando abres un grifo empieza a salir sangre. He sido militar también y si no es por la formación recibida no estaría hoy vivo", ha advertido.

  

Rubén R. ha lamentado que la lesión sufrida le ha dejado una incapacidad total para su anterior trabajo, el de instalador de placas solares, e incluso le impide realizar otras funciones mucho más cotidianas, como atarse los cordones del zapato, situación que no le ha impedido obtener un empleo como conserje.

  

Por su parte, los otros tres acusados, en calidad de cómplices por tratar de impedir presuntamente la huida del herido, se han mostrado unánimes al corroborar la versión del principal inculpado, han explicado que se encontraron con la pelea ya iniciada, sin llegar a precisar si su compañero iba o no armado con un cútter o con otro tipo de arma, y han rechazado frontalmente que llegaran a cercar a Rubén para asegurar el fin pretendido por Emilio José.

  

Uno de estos últimos, Roberto A.G, a quien además las acusaciones imputan una falta de lesiones por el palazo recibido por un amigo de la víctima, ha explicado que lo que llevaba ese día era una escoba que había usado previamente para colocar engrudo a los carteles y ha negado que la llegara a emplear como arma. De hecho, ha precisado que el amigo del herido, Alberto G.T, se hirió al caer de espaldas al tratar de arrebatarle la escoba y tras empujarle y tirarle una patada que no llegó a alcanzarle.

  

El juicio prosigue mañana. Además de las penas privativas de libertad que solicitan las acusaciones, que globalmente suman veinte años, el fiscal interesa que los cuatro neonazis indemnicen al perjudicado, de forma conjunta y solidaria, con un total de 30.100 euros por las lesiones y otros 28.000 por las secuelas, mientras que la acusación particular eleva las indemnizaciones a un total de 92.000 debido a la incapacidad que padece.

  

La defensa, por su parte, solicita dos años de cárcel por lesiones para Emilio José y un fallo absolutorio para los otros tres ocupantes del banquillo.