El Museo Patio Herreriano presenta, en la sala 0, la exposición “ProLogos” del artista vallisoletano Rafael Vega

Es la primera muestra de artistas locales tras la última convocatoria en este año en la que se seleccionaron cinco exposiciones de creadores vallisoletanos.

La sala 0 del Museo Patio Herreriano de Valladolid, ha presentado este jueves, 13 de diciembre y hasta el 3 de febrero de 2019, la exposición del artista vallisoletano Rafael Vega.

 

Para Rafael Vega, 'ProLogos' se aproxima a esa antesala atemporal, un limbo donde texto y contexto aún no se han desplegado por un tiempo que pueda ser recorrido más allá del estricto marco de cada obra; es un muestrario de posibilidades, una reunión de trazos esenciales solitarios, de trazos sociales en series de pares, heptaciones, frisos, bosques, etc. y cartografías que pueden manifestarse a través de desgastes, contumacias, perfiles y panoramas. Todas ellas se muestran como partículas fundamentales de la forma, como grafemas básicos, como elementos capaces de organizarse en estructuras complejas bien conocidas e identificables y que, aislados, como es el caso, procuran igualmente una singular apreciación del mundo, así como de nuestra limitada y azarosa relación sensorial con él. 

 

Y lo explica de la siguiente manera “Si bien hubo en mi trabajo plástico más oculto y desconocido años de texturas esforzadas, de fondos densos y trabajados, de materiales antagónicos que competían entre ellos por la atención de la mirada; si bien hubo superficies encomendadas a la tarea de soportar un sinfín de detalles circunstanciales comprometidos con el abrigo de una figura central que aún hoy permanece -en esencia-, el tiempo y la persistencia ha acabado por convertir eliminación y limpieza en una obsesión. Gracias a ella ha surgido de forma natural la actitud de una inagotable busca de significados en la frontera inapreciable de los significantes"

 

El espacialismo, que pudo ser una opción ensimismada en algún momento de este recorrido personal, no fue, sin embargo, un fin. Al cabo de los años se ha convertido en causa de una investigación meticulosa con los trazos, su origen, su naturaleza, su transformación y -de forma tangencial e incontrolable- con los efectos individuales que desencadena junto a la memoria visual de cada observador. 

 

No se trata de ignorar la relación de los trazos con el vacío. Es tan poderosa que no habría modo de conseguirlo. Pero es primordial la asepsia que proporciona éste, una vez incorporado, y su imparable propagación por la mente de quien lo contempla; la mágica metamorfosis que, de modo providencial, lo transforma en silencio y por tanto en tiempo detenido, en absoluta quietud. Entonces es posible distinguir una primera gran división de trazos esenciales -que procuran relacionarse directamente con el observador y cuyo contexto se ciñe, por tanto, a la superficie que lo encuadra y al poder y significado que éste le otorgue voluntariamente-, trazos sociales -que se nos ofrecen poseedores de de su propio relato potencial- y trazos cartográficos, con una ambición reflexiva y analítica más evidente y reveladora. 

 

Para Angélica Tanarro que escribe en el catálogo de la exposición, “hay artistas que emiten en una frecuencia y una longitud de onda diferentes. Y para captarlas se necesitan sensores especiales. Creo que es el caso de Rafael Vega que vuelve a mostrar su obra en su ciudad natal después de 20 años de silencio expositivo. Veinticinco dibujos reunidos bajo un título, ProLogos, que anuncia posibles direcciones a la hora de contemplarlos (y aquí el verbo contemplar tiene una especial significación, pues la contemplación se intuye pausada, detenida, silenciosa. Detención, pausa y silencio que piden y ofrecen estas obras). ProLogos: hacia el ser, el paso previo a la significación, el prólogo por tanto de la escritura. Hay un momento anterior si no a la forma, pues todo al final es forma de alguna manera, sí al significante y ese momento es el que trata de capturar Rafael Vega en sus cuadros"

 

Los ha dividido en tres series: trazos esenciales, cartografías y trazos sociales. Clasificación tan pertinente como prescindible, pues al ojo del espectador que no contara con esta información ni conociera el armario en el que cada pieza se guarda, se mostrarían en su conjunto como las notas de una sinfonía sin sonidos discordantes. Notas de una partitura minimalista. 

 

Busca el artista dejar plasmado con el grafito, el carboncillo, raramente (por lo menos en esta muestra) con la tinta, un momento anterior a la representación, aunque en esas cartografías se intuyan las primeras notas de algún paisaje con referencia oriental. Es la vibración, el temblor que rasga el vacío y al tiempo lo confirma, lo que plasman estos dibujos que tienen en su fragilidad de ejecución la contundencia de su imagen. Trazo y vacío necesario, silencio que recuerda las palabras de María Zambrano: “Lo que precede a la palabra y la anuncia no es, pues, el grito, sino un cierto silencio, al que corresponde una distancia y una tensión por parte del sujeto” (‘La palabra soñada’). 

 

Como las ondas en la superficie de un estanque, como la vibración del aire convertida en música, como un trazo sobre la arena en la brevedad del instante en el que se confundirá con el agua, estas obras construyen tiempo, son tiempo en el fluir de una escritura que ha tomado el camino hacia el origen. 

 

“El arte no es vestir, sino desnudar”, decía Ramón Gaya. Y aquí están estos trazos desnudos que invitan a la meditación, pues qué otra cosa es la meditación sino el desvestirse del ruido. Rafa Vega ha crecido viendo los horizontes nítidos de Castilla, su planitud, esas líneas ‘canejianas’ que delimitan el paisaje y lo ordenan, y aquí están en cuadros como ‘Perfil’, ‘Panorama’, ‘Cielo’. Los renglones torcidos de un mapa que aún no ha establecido sus coordenadas. Como en una de mis obras favoritas de entre las expuestas, ‘Panorama marginal’, donde las líneas ‘asoman’ por el borde del cuadro desde el límite del papel, en una aparición un tanto teatral. Algo parecido ocurre con ‘Incidencia’: no hay manera más sencilla de jugar con los límites espaciales del papel, dejando que lo demás sea silencio, como diría Gabriel Celaya.