El Museo Patio Herreriano presenta dos exposiciones dedicadas a Sorolla

Las salas 3, 4, 5 y 8 del Museo del Patio Herreriano de Valladolid acoge desde este miércoles dos exposiciones (“Sorolla. Un jardín para pintar” y “Sorolla en su paraíso”) dedicadas a uno de los grandes artistas españoles del siglo XX, Joaquín Sorolla.

Al acto de presentación han asistido el alcalde de la ciudad, Óscar Puente; la concejala de Cultura y Turismo, Ana María Redondo; y la directora del Museo Sorolla, Consuelo Luca de Tena.

 

En 'Sorolla. Un jardín para pintar', podemos descubrir una faceta poco conocida de uno de los pintores españoles más universales, Joaquín Sorolla, y su pasión por los jardines.

 

Enmarcado en ese momento especial en la historia del arte, Joaquín Sorolla representa uno de los nombres esenciales de la pintura española del siglo XX, y por ello el Museo Patio Herreriano ha apostado por este proyecto, que nos descubre aspectos nuevos de su producción y que ayudan a resaltar su importancia. Coorganizada conjuntamente con el Museo Sorolla, Sorolla. Un jardín para pintar, es una exposición que invita a todos los visitantes a descubrir gran parte de la obra que Sorolla hizo sobre los jardines.

 

La exposición relata, a través del centenar de obras procedentes en su mayor parte del museo dedicado al pintor, cómo éste concibió su jardín de artista en su casa de Madrid como un espacio para la belleza, el deleite sensorial y la creación pictórica. Sus lienzos de patios y jardines en los Reales Alcázares de Sevilla y en la Alhambra de Granada le enseñaban a mirar y a comprender el jardín español, conforme iba concretando su propio espacio. Esta lección le permitía plasmar en su casa aquellas soluciones que sentía más satisfactorias para su propia pintura, trasplantando a su jardín las composiciones, perspectivas, motivos, elementos, colores, sonidos y olores que amaba en sus lienzos.

 

Así fue creando un refugio a la medida de sus pinceles, un paraíso personal que recrear en sus últimas y esenciales pinturas. La lección de los patios y jardines andaluces resultará crucial para la configuración del "jardín de artista" que Sorolla construye en su casa de Madrid.

 

No solo copia algunos rincones concretos de los jardines sevillanos y granadinos que tan bien conoce, sino que, además, trasplanta a su jardín fuentes, azulejos, columnas, estatuas, árboles frutales y plantas ornamentales apasionadamente buscadas y traídas desde Andalucía.

 

La pretensión principal de esta nueva exposición es profundizar en el conocimiento de todo el proceso de creación del jardín y transmitir al público visualmente la idea de toda la atención y el trabajo que Sorolla le dedicó, enriqueciendo la visión de los cuadros con el trasfondo del propio ardor con que Sorolla acometió su tarea.

 

La muestra presenta a un Sorolla maduro, que a lo largo de sus últimos años, en medio de los esfuerzos que le exige la realización del gran encargo de los murales de Visión de España para la Hispanic Society de Nueva York, encuentra el tiempo para pensar un jardín, trazarlo, plantarlo y cultivarlo, y sentarse por fin a disfrutarlo pintándolo—pues para Sorolla descansar y gozar eran lo mismo que pintar—: un Sorolla a la vez pintor y jardinero, como lo fueron otros pintores de su tiempo.

 

Y finalmente, la de llamar la atención sobre los aspectos específicamente botánicos del jardín, que son los que le prestan todo aquello que Sorolla más estimaba: color, variedad, movimiento, vida. Sorolla comienza a pintar los jardines del Real Alcázar de Sevilla y de la Alhambra de Granada en cada uno de sus viajes a Andalucía. Entre 1909 y 1911, coincidiendo con sus dos exitosas giras americanas, Sorolla comienza a cumplir uno de los grandes sueños de su vida: unir en un solo espacio su estudio y su casa, su pintura y su familia, todo ello amparado por un bello jardín. El actual Museo Sorolla de Madrid es la culminación de ese sueño, y su jardín constituye una de las obras maestras más importantes del artista.

 

A partir de 1911 y hasta que deja la pintura, en 1920, Sorolla dedicará una parte fundamental de sus esfuerzos creativos a la ideación y recreación de su jardín. Este periodo coincide precisamente con la mejor y más moderna pintura de jardines: es el momento en el que Monet desarrolla sus series en torno a los nenúfares; Renoir pinta en Les Collettes, en la Costa Azul, Bonnard compra Ma roulotte, en Vernonnet, en 1912; Kandinsky y Gabriele Münter son ávidos jardineros en la casa que comparten en Murnau, y Matisse adora pintar el jardín desde 1911 cuando comenzara retratando Issyles-Moulineaux.

 

 

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