El Mesón de Gonzalo, segundo premio en el concurso de las mejores patatas bravas de España
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El Mesón de Gonzalo, segundo premio en el concurso de las mejores patatas bravas de España

Marcos del Valle (izquierda) junto a Gonzalo Sendín (derecha)

El chef ejecutivo del Grupo Gonzalo Restauración logra el segundo premio del concurso con un "homenaje" a las primeras patatas bravas que probó de niño.

El Mesón de Gonzalo de Salamanca se ha alzado con el segundo premio en el primer concurso de las mejores patatas bravas de España, un reconocimiento que se suma a los ya obtenidos como una de las mejores croquetas del país o el título del Campeonato del Mundo de callos obtenido en 2018.

 

Marcos Del Valle, chef ejecutivo de Grupo Gonzalo Restauración ha presentado este lunes por la mañana su tapa finalista al concurso #UnaDeBravas, que ha tenido lugar en Palencia. El Jurado, presidido por Miguel Cobos, cocinero burgalés con una estrella Michelin, ha degustado las 18 elaboraciones y, tras una larga y reñida deliberación, ha seleccionado las tres propuestas gastronómicas más innovadoras, competitivas y viables, que sean aptas para ofrecerse en los establecimientos hosteleros, entre ellas la de Marcos. El primer premio ha ido a parar a Madrid (Taberna y Media) y el tercero a Barcelona (Casa Díaz).

 

Como reconoció ante el Jurado, su tapa es “un homenaje a las primeras patatas bravas que probó en su niñez -hace ya más de treinta años- en un bar de Valladolid llamado precisamente La Patata Brava, que ya no existe”. Tanto le impresionaron aquellas bravas que no dudó en reproduirlas tal cual las recordaba en la carta del Mesón de Gonzalo hace ya 10 años y de ella no se han movido hasta ahora.

 

La tapa en cuestión consta de dos salsas, una brava a partir de guindilla, pimentón, harina y un buen caldo, elaborado con huesos de caña de ternera y jamón, y una espuma de ali-oli con ajo -sin el germen- y colorante alimentario, lo que le otroga su característico color amarillo. Por su parte, las patatas se remojan antes de freírlas para que suelten todo el almidón, además se pochan a fuego bajo durante un tiempo prolongado, entre 20 y 30 minutos, de ahí su agradable textura cremosa del interior.