El martirio de San Sebastián

La crítica cultural de Ágreda.

Imago, ergo, sum: ¿hemos sustituido el mundo de las ideas por el de la imagen? Contesta Joan Fontcuberta: No, lo que ocurre es que las imágenes se han vuelto ideas. Posiblemente, por eso, cuenta más la carrocería de El martirio de San Sebastián que el texto. Una carrocería excesiva, indiscriminada hace que el espectador se extravíe.

 

Y si el espectador se extravía de lo que está pasando en el escenario le deja de interesar. Pero no adelantemos acontecimientos. ¿Qué efectos provoca en el cuerpo del espectador las imágenes, la música y las palabras que está presenciando? ¿Es capaz la voz del narrador de hacer viajar al espectador a otros lugares, a otros paisajes? ¿Resulta creíble?

 

¡Ay, madre! Los espectáculos que me gustan tiene efectos secundarios sobre el cuerpo y el estómago, en algunos casos -no es este- te pueden llegar a producir insomnio. Soy consciente de que para los actores no tiene que resultar fácil pasar de un estado emocional a otro, pero Diego Martín, Santi Marín y Jan Cornet están cortados por el mismo rasero. Son capaces de pasar de la inmovilidad a la sobregesticulación en la misma décima de segundo. Las palabras en el teatro nunca han sido inocentes, más bien al contrario: dañan, curan, cabrean, enamoran… no es el caso tampoco. Porque no hablan, recitan y eso me repele. Y lo más importante, no hay verdad. El teatro tiene que estremecer como la poesía. Dice un verso de Miguel Hernández “porque la pena tizna cuando estalla” ese es el milagro.

 

La historia de El martirio de San Sebastián es bien conocida, no voy a insistir en ella. Y luego están las imágenes que se proyectan en pantalla. Las imágenes tienen que impactar, perturbar al  espectador. Tienen que conectar con la música, con lo que supone que está pasando en el escenario y lo chocante es que no veo que funcione. Les falta fundamentalmente vida.

 

Me gustó y mucho cómo dirigió la Orquesta Sinfónica de Castilla y León Andrés Salado. Claude Debussy se impuso a la escenografía de Ollé y Padrisa (La Fura dels Baus) por goleada. Por una sencilla razón: la música que se escucha lleva el marchamo de la luz, de la desazón, de la nostalgia. Música que expresa lo inexpresable sin adornos, música que alumbra y es discreta. Sugiere sensaciones, ambientes, épocas, recuerdos…

 

Las voces de Inva Mula, Vikena Kamerica y Anne- Sophie Vicent llenaron de sonoridad, luz y color el Teatro Calderón fundamental característica de la música de Debussy.