El libro del año
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El libro del año

Crítica cultural de Ágreda. 

Un libro está mucho más tiempo cerrado que abierto. Cuando está cerrado acompaña y puede alegrar la vida. Acompañar sin molestar en estos tiempos que corren es un logro mayúsculo, lo haga una persona, un partido de fútbol o un libro. El editor de Fuente de la Fama  –Julio Martínez- cumple la  función de ordenar y de solucionar con belleza todos los contratiempos que se van produciendo hasta que el libro está en la librería. 

 

Un libro bien hecho como quiero que leas esto (así,  todo con minúscula) te enriquece cuando lo ves encima de la mesa de tu casa. La estética, la emoción estética siempre enriquece la vista y la compañía. Los libros de la Editorial Fuente de la Fama nos acompañan porque nos traen la imagen, la presencia de un amigo (Rafa Gavilán, ahí va un abrazo, monstruo)  y en ese momento la vida se ensancha. La amistad ensancha la vida.

 

Ramón Abril es  el que ha diseñado la portada del libro de Guillermo Delgado. Viéndola te das cuenta del poder de simplificar que tiene Ramón. En esa simplificación radica su belleza.  El libro y su portada están  ya inevitablemente asociadas a los afectos y ocupa el mismo lugar en mi casa que la fotografía de mi padre en Rusia, o la foto de Antoñete, o la foto familiar de la comunión de mi hermana Conchita.

 

Julio Martínez reduce las obsesiones de “sus escritores” en expresiones sencillas y libros realizables  y soluciona lo que no considera un problema que es lo más difícil. Ramón Abril,  un hombre discreto y muy talentoso que no se da importancia. Carlos,  el impresor, un profesional como la copa de un pino y una buena persona que tiene esa cualidad,  ya en desuso,  que es la calma que comparte con Julio. Sin calma, uno no ve. Lo bien hecho como sentido moral revela en ellos el talento y la responsabilidad.

 

Guillermo Delgado, autor de quiero que leas esto, regala su tiempo, su amabilidad, su casa, sus amigos, sus películas, su libro, su generosidad, su estilo, su incomprensión  y su presencia por donde quiera que va. Sus relatos, su libro,  quiero que leas esto,  son como él.  Llevan su estilo. Son rápidos, ávidos de vida. Asume de antemano  el riesgo de ser incomprendido pero jamás culpará a nadie de sus errores.   Le gusta el cine, tiene una sintaxis ejemplar y la cabeza llenas de proyectos. El cine y este libro  le han  dado la vida y lo agradece siempre que tiene oportunidad. Cuándo le vi y escuché  presentar el corto de Espinas en la Cárcel de Villanubla solo puedo decir que todavía pervive en mí el llanto desconsolado de algunos presos, un llanto que no era sino una manera  de mostrar gratitud por compartir esa historia.