El irresponsable y su cómplice

DIEGO JALÓN

Pues los que creíamos que ya lo habíamos visto todo el pasado sábado, con ese Consejo de Ministros que tuvo que prologarse ocho horas para tratar de calmar la pataleta de un vicepresidente que se quedaba sin silla en el reducido grupo de mando que el Gobierno ha designado para gestionar esta crisis, estábamos muy equivocados.

 

Parece que nada ha aprendido de las críticas por ese afán de protagonismo que provocó un retraso de varias horas en la declaración del estado de alarma, mientras en la calle aumentaban los contagios y las muertes. Nada o muy poco ha aprendido de las críticas a su irresponsabilidad por saltarse el aislamiento que debería respetar al haber estado en contacto cercano con Irene Montero, esa ministra consorte que solo puede presentar como positivo en su carrera un test de coronavirus.

 

Decir como dijo entonces que fue al Consejo porque se lo pidió el presidente demuestra su cinismo y su falta de escrúpulos, cuando lo que debería primar es la seguridad sanitaria de quienes le rodean y dar ejemplo a una población a la que se le están exigiendo extraordinarios sacrificios y que vive en muchos casos recluida en pequeños pisos de pocos metros cuadrados. ¿Tanto le cuesta al vicepresidente quedarse confinado en su espléndido chalet?

 

Va a ser que sí, que no soporta el encierro que los regímenes comunistas que defiende imponen a los disidentes. a los que encarcelan o mandan a campos de concentración muchas veces de por vida. Lean, lean ustedes, ahora que tenemos tiempo, a Solzhenitsyn o el magnífico “Imperio” de Kapuscinski. No se quiere Pablo aplicar su propia medicina, aunque sea solo por dos semanas. Así que cinco días después ha vuelto a las andadas, y se presenta en la Moncloa, esta vez ya sin siquiera poner la excusa de que le ha llamado el presidente, para soltar un mitin y saltarse de nuevo la cuarentena. Debe creer, como decían los habitantes del pueblo de “Amanece que no es poco”, que todos somos contingentes, pero que él es necesario.

 

Lo peor de todo esto no es que este botarate se salte todas las consignas que el Gobierno se afana en hacer cumplir a los ciudadanos, que en ello nos va salir de esta cuanto antes. Lo peor no es que lo haga para recetarnos fórmulas magistrales nacionalizadoras para que cuando superemos la epidemia nos encaminemos por la senda del chavismo que tan buenos resultados ha dado en Venezuela. Lo peor no es su ego, su afán de protagonismo y su descarado intento de exprimir la dramática situación de España para intentar camelarse a los más vulnerables con su utopía trasnochada. Lo peor no es él, lo peor son los otros.

 

Porque si malo es que Pablo Iglesias se pase las consignas por el forro y siga a lo suyo cuando todos estamos mirando por los demás, peor es que otros se lo consientan. Porque el jueves Pablo Iglesias no estaba soltando sus soflamas en la Plaza Mayor o en un antro clandestino. Lo estaba haciendo en la Moncloa y a dos metros de distancia del Ministro de Sanidad, ese que nos exige que nos quedemos en casa. Así que, por acción u omisión, el ministro Illa y el dueño del local, el presidente Pedro Sánchez son cómplices y colaboradores necesarios de los despropósitos de este idiota con balcones a la calle, de este tonto a las tres, como dice José Mota.

 

La petición de unidad que está haciendo el Gobierno, el llamamiento a que vayamos todos a una y juntemos nuestros esfuerzos en luchar contra el virus, que Pedro Sánchez ha repetido hasta la saciedad, no parecen compatibles con mantener como socios en el Gobierno a quienes han demostrado, y no una sino varias veces, en los momentos más duros, que a ellos no les importa ni la unidad, ni la salud, ni la recuperación y que siguen a lo suyo, imponer el chavismo y conseguir la independencia, al coste que sea. Y esto vale también por Torra y por ERC. Cuanto antes tome Sánchez una decisión que al final va a ser inevitable, sobre todo ahora que ya parece que es consciente de que la situación ha cambiado y ha renunciado a presentar los presupuestos, mejor será para todos.

 

Es el momento, y no solo ahora en el pico de la crisis, sino también cuando tengamos que arremangarnos para reconstruir todo lo que esta epidemia va a dejar arrasado, de cambiar de compañeros de viaje, de buscar un gran pacto nacional y de mandar a su casa, de una vez por todas, a estos irresponsables. Porque si no, al final no sabremos quien es el irresponsable y quién es el cómplice o si los dos son ambas cosas. Y no son precisamente momentos para la confusión, las dudas o la desconfianza.

Comentarios

Aitor 21/03/2020 20:58 #2
Fenomenal artículo. Las cosas claras
2020 21/03/2020 11:20 #1
Quién es el analfabeto e indocumentado que ha escrito ésto? Hay que informarse y leer un poquito...

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