El hombre que pisa todos los charcos

Palabras contra el olvido 181.

Charlie Chaplin representa el perfecto interlocutor entre  el conocimiento y el cine y  hace del espectador un ser singular y libre. Irrepetible. Su irónica amargura alejada del cinismo, permite extraer   una consecuencia: el ser humano no puede ser reducido a un autómata; sus actos llevan siempre una consecuencia que hay que asumir.

 

El cine de Chaplin se aprecia una tarea de desvelamiento, de preguntarse qué está pasando allí y por qué. Y siempre a través de metáforas en un entorno cotidiano donde se desarrolla la vida de la gente. Y lo hace a través de miradas, silencios, guiños, caídas y golpes.

 

Tiempos modernos convence a todo el público que abarrota la Sala Sinfónica Jesús López Cobos del Centro Cultural Miguel Delibes. Chaplin estaba convencido de lo que hacía (que hacía todo y de todo). Dicen que Billy Wilder escribía dramas cuando estaba feliz y comedias cuando estaba triste. No parece ser el caso de Chaplin que se divertía escribiendo el guion, diseñar los personajes, componer la música, elegir  los actores adecuados, etc., etc.

 

Curiosamente, las películas de Chaplin, y esta en especial,  destaca  lo bien fotografiadas que están. La fotografía es parte sustancial de la narrativa y otra forma de disfrutar de la película. Y otra cosa que me gusta es que parecen que las películas de Chaplin se dirigen solas. Eso es lo que define a los buenos directores que son invisibles.

 

Que la película Tiempos modernos de Chaplin sea la película más modernas que se ha visto en la 64 Seminci lo dice todo. El cine nació a finales del siglo diecinueve y al poco tiempo ya había producido obras maestras que persisten en el tiempo. Y ha sido la más moderna de todas por la sencilla razón de pocas veces todo cuadra. La OSCyL dirigida por Rubén Gimeno deleitó al público con un sonido pulcro, reconocible, delicioso en una palabra. Todo funcionaba automáticamente.

 

La felicidad del público se reflejaba con una sonrisa que dibujaba su rostro. A todos los presentes, Tiempos Modernos, les contaban una historia cargada de aromas, recuerdos, infancia, familia, experiencias y tradición. 

 

De eso se trata en definitiva. El público era el protagonista de la película. Ese es el asunto fundamental. Que la película cuente una historia, pero con las palabras y adjetivos que tú quieras. En un mudo de ombligos, Chaplin llegó y puso las cosas en su sitio.