El hijo del poeta recordado: "En este documental sobre Marcos Ana está la parte más humana y personal"
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El hijo del poeta recordado: "En este documental sobre Marcos Ana está la parte más humana y personal"

El hijo del reconocido poeta aprueba su “asignatura pendiente” con el documental ‘Marcos y Vida’, aportando su “granito de arena” a una historia que “merece ser recordada”: la del hombre que pasó casi 23 años en la cárcel durante el franquismo. Una entrevista de la AGENCIA ICAL. 

Marcos Macarro en la Seminci. FOTO: ICAL

Portador del nombre real de su padre, Marcos Macarro Sender (París, 1964) tenía como director de documentales, no obstante, una “asignatura pendiente” con su progenitor. Y aunque apenas pudo grabar los primeros fragmentos del proyecto antes del fallecimiento del reconocido poeta salmantino, cuatro años después el cineasta llega a Seminci con ‘Marcos y Vida’, un documental con el que se acerca a la faceta más cercana y personal del hombre que pasó casi 23 años encerrado en una cárcel durante el franquismo a través de los ojos de la mujer con la que compartió exilio en Francia y que es, a su vez, madre del director. Todo con el objetivo de transmitir “la importancia de escuchar a los padres” y, de paso, conseguir un nuevo enfoque para re-conocer a un hombre “muy abierto, sencillo, humilde, tolerante, dialogante y bueno”: Marcos Ana.

 

PREGUNTA: ¿En qué momento sitúa el inicio, la gestación de ‘Marcos y Vida’, la obra sobre sus padres?

RESPUESTA: La idea inicial era hacer un documental solo sobre mi padre. El hecho de que interviniese mi madre no me hubiera importado, pero en el inicio era un documental sobre mi padre, algo que siempre he querido hacer pero que, por unas razones u otras, no cuajó. Porque yo quería hacer algo distinto a lo que solían hacer con él, pero no tenía muy claro cómo enfocar la vida de mi padre de una forma más original y personal. Hasta que mi madre, que estaba separada de mi padre desde hacía mucho tiempo y padecía Alzheimer, comenzó a pasar temporadas aquí en Madrid con nosotros. Siempre habían tenido una relación de amistad, pero desde que detectaron la enfermedad a mi madre, vi cómo mi padre se volvía a encariñar con ella y, cada vez que mi madre se volvía a París, me preguntaba que porqué no se quedaba más tiempo. Que en mi padre volviera a florecer ese amor me sorprendió, y se me ocurrió que ese nuevo camino que nacía sería una forma original de enfocar la vida de mi padre: ir grabando cosas, conversaciones entre ellos, y algunas manías que mi padre tenía como herencia de la cárcel, como hacer la cama perfectamente lisa al levantarse cada día, sin excepción.  

 

P:Sin embargo, el fallecimiento de su padre impidió esa posibilidad

R: Sí. De repente un día, mi padre empezó a sentirse mal, lo ingresamos y ya no salió del hospital. Todo ello antes de empezar el rodaje, sin prácticamente haber grabado nada. Pero, pasados unos meses, me empeñé en hacer el documental, porque era una asignatura pendiente que tenía con mi padre y no quería que me pasara con mi madre lo mismo que con él: que por no tener claras las cosas, fuera pasando el tiempo y ocurriera lo inevitable otra vez. Así que fui grabando escenas, conversaciones, sin saber muy bien cómo estructurar las cosas. Fueron cuatro años de trabajo en los que también rescaté grabaciones con él en vida y entrevistas que me pasaron, así como fragmentos del documental que le hizo Javier Larrauri. A partir de ahí, fui estructurando el documental, porque no empezó a tomar forma casi hasta el final.  

 

P: ¿Cómo ha sido ese proceso de rodaje sin la presencia física del protagonista?

R: Fue difícil no tener la materia prima. Pero tuve que trabajar con lo que tenía, me tuve que supeditar a ello. De hecho, me tocó interactuar en el documental, algo que no quería inicialmente, pero no me quedó más remedio. Fue difícil, pero tuve que hacerlo con lo que tenía.

 

P: Como director, ¿hasta qué punto ha supuesto un reto enfrentarse a una situación así?

R: Es muy difícil desarrollar una historia de algo que no puedes manejar, como es la vida de una persona que no tienes. Y para mí, además, es una responsabilidad, porque es mi padre pero también es Marcos Ana: tratar su figura fue lo que me dio inseguridad para hacer el documental. Pero tenía que hacerlo, tanto por mi padre como por Marcos Ana.

 

P: Y, a nivel personal, ¿qué supuso este rodaje?  

R: Me quedo triste al haberlo terminado porque durante todo el proceso de rodaje y elaboración del documental, estaba con mi padre todavía, escuchándole e intercambiando cosas con él. Así que la finalización del documental me crea sensaciones agridulces: se acaba el homenaje que quería hacer a mi padre pero me quedo totalmente sin esa presencia que ha estado conmigo, que he prolongado, durante los últimos cuatro años.

 

P: ¿Qué ha descubierto de su padre que no conociera durante la filmación del documental?

R: El muchísimo aprecio y cariño que le tenían las personas que le conocían, fueran de la ideología que fueran. Era algo que sabía y palpaba a diario en la bondad de mi padre, pero ahora lo he apreciado en toda su grandeza. Porque la gente de fuera veía al personaje público o político, pero yo ni le veía, porque tampoco me interesaba. Yo al que apreciaba y conocía era a la persona, a mi padre.

 

P: ¿Descubrirá el espectador a ese Marcos Ana más cercano y personal en esta obra?

R: Sí, y verán que era un hombre muy abierto, muy sencillo, humilde, tolerante, dialogante y realmente bueno. Le gustaba la vida en todos los aspectos, y lo que menos le gustaba era hablar de política. Se pasaba el día en la calle, en la terraza del bar que estaba debajo de donde vivíamos, viendo pasar a la gente. Era un hombre vital y es lo que van a percibir. Me hubiese gustado que lo vieran más, grabándole a él, pero lo conocerán a través de mis ojos y de los de mi madre. Porque de mi padre solo pude rescatar el discurso de su vida, de la parte de todo lo que pasó durante la Guerra Civil y en la cárcel. Pero la parte personal es nuestra visión, y con esas visiones van a descubrir a mi padre.  

 

P: También sirve el documental para reivindicar la figura de las mujeres y, en este caso, de una en concreto, su madre. ¿Representa Vida Sendín a esas voces silenciadas que también son necesarias para conocer mejor las personas y las historias?

R: Por supuesto. Mi madre, para mí, ha sido junto a mi padre la persona más importante de mi vida. Es la persona más humilde que he conocido y conoceré. Una mujer buena, valiente, atrevida, que con 50 años se vino a España desde Francia con un contrato de seis meses de trabajo para rehacer su vida, Así que sí, es también un homenaje a la figura de la mujer, que es la gran olvidada de muchas historias, y cuando hablamos de víctimas, la mujer lo es doblemente cuando pasan este tipo de tragedias. Me hubiera gustado centrarme más en esa parte pero era muy difícil, porque la mayoría lo grabamos después de fallecer mi padre y hubo un punto en que no quise forzar más a mi madre. Si lo hubiera hecho tres o cuatro años antes, mi padre hubiera estado y mi madre estaría más lúcida, pero lo hemos hecho con lo que hemos tenido. Pero su figura es muy importante en el documental.

 

P: ¿Servirá esa voz tan personal de Vida Sendín para entender más y mejor la figura de Marcos Ana?

R: Supongo que sí. Sobre Marcos Ana se han hecho y dicho muchas cosas y mi padre, como siempre preguntaban lo mismo, contestaba lo mismo. Pero aquí está la parte más humana y personal, que en otros reportajes y documentales no subrayaban. Porque su historia conocida está ahí, pero a mí, como director pero también como hijo, me interesa más la desconocida, y he intentado resaltar esa parte. Lo otro ya está dicho, y se ha hecho muchas veces, aunque es cierto que es difícil diferenciar la figura de mi padre de la de Marcos Ana. Pero mi padre era muchas más cosas.  

 

P: En el actual contexto político, y ante una sociedad que parece conocer cada vez menos su pasado, ¿es más pertinente que nunca recordar lo que ocurrió durante la dictadura a través de testimonios como los de Marcos Ana y Vida Sendín? ¿Por eso el documental, para hacerlo en un lenguaje más accesible a las nuevas generaciones?

R: Sí claro. La de mi padre es una historia que yo creo que merece ser recordada. Unos acontecimientos que hay que conocer, aunque sea para evitar que vuelva a ocurrir lo mismo. Y no se trata de denunciar, sino de contar. Mi padre siempre decía que hay que pasar página pero antes de pasarla hay que leerla. Así que de alguna forma es necesario que quede plasmado y esta es mi forma de contribuir. Con mi padre en vida, como me he criado en Francia, en el exilio, aunque no se hablara de política, estaba rodeado de la temática de lo que se llama ahora memoria histórica. Estaba saciado y no es que pasara, pero ahora para resarcirme, he querido aportar mi granito de arena.  

 

P: ¿Cuál es el objetivo final de este documental?

R: Lo que más me interesa es que el espectador se quede con la parte humana, con la reflexión sobre las enseñanzas que nos dejan los padres, tanto el padre como la madre, y creo que para mí la esencia del documental es esa. Y es fácil de identificar porque todos los tenemos. Además, me parece importante resaltar la importancia de escucharles lo antes posible, cuando se está a tiempo todavía, porque luego ya no están y esas enseñanzas se pueden perder.