El herbicida 'milagro', a debate: Agricultores, ecologistas, profesores y ayuntamientos opinan sobre el glifosato

Ejemplo de agricultura industrial. D.Á.

La UE ha decidido prolongar la utilización de este plaguicida, esencial para la agricultura de conservación, cinco años más en medio de las discrepancias sobre cómo afecta a la salud humana y del Medio Ambiente. Consistorios como el de Valladolid y Laguna de Duero han restringido su uso en la ciudad mientras que desde el campo aseguran que su prohibición supondría "un paso atrás tremendo".

LA POSICIÓN DE LOS AYUNTAMIENTOS

 

Valladolid y Laguna de Duero son dos de los municipios que, en toda España, han renunciado al uso de glifosato para quitar de sus calles y parques esas mal llamadas 'malas hierbas' ("no son malas, sino que pueden molestar en un lugar determinado desde el punto de vista económico o por lo que sea" puntualiza García Zumel). 

 

"Hemos dejado de usarlo por un principio de precaución" explica María Sánchez, concejala de Medio Ambiente en el Ayuntamiento de Valladolid, ante las pruebas de la OMS que lo etiquetan como "probablemente cancerígeno". ¿Qué alternativas se plantean? "El agua hirviendo, aunque está descartada por el consumo que supone, al igual que el uso de una espuma líquida que además se ha comprobado que no es muy efectiva. Lo más efectivo es la azada, vamos a comprar dos nuevas máquinas que desbrozan en zonas asfaltadas" adelanta Sánchez.

 

Laguna de Duero aprobó en 2015 la declaración de "municipio libre de glifosato" y desde entonces no aplica este ni ningún tipo de herbicida en parques ni jardines. 

 

Como experiencia internacional, la ciudad de Nantes ha dejado crecer esas 'malas hierbas' y según han expresado sus responsables eso ha permitido luchar contra la polución, filtrar el agua y evitar la erosión pluvial, además de desarrollar proyectos artísticos en torno a unas plantas que, al menos en esa ciudad francesa, se han desprendido de la etiqueta de 'malas'.

Seguramente no sepas lo que es el glifosato. Es posible que no hayas oído nunca hablar de ello, y desde luego no va a centrar la tertulia en el supermercado. Si no lo conoces, ¿por qué debería preocuparte? Para conocer qué hay detrás del herbicida 'milagro', ese plaguicida que es actualmente una de las piedras angulares para la agricultura de conservación, en TRIBUNA hemos reunido a representantes de la agricultura, movimiento ecologista, y ámbito académico para profundizar en los pros y los contras de una sustancia cuyo uso han erradicado ayuntamientos como el de Laguna de Duero y el de Valladolid, y prohibido países como Bélgica, Grecia y Francia, debido a la sospecha de que pueda ser cancerígeno. 

 

"El glifosato es un herbicida total que destruye todo lo que sea verde; de forma resumida, mata todo lo que sea vegetal" describe el profesor Manuel García Zumel, de la Escuela Técnica de Ingenierías Agrarias de la Universidad de Valladolid. "Es un producto que elimina las malas hierbas, económicamente viable, que no tiene persistencia ni es residual, es decir, está comprobado que en contacto con el suelo desaparece. Es un químico que si se usa con moderación es eficaz, económico y nada pernicioso" defiende Moncho Alonso, miembro de la asociación agraria Asaja y presidente de AVAC, Asociación Vallisoletana de Agricultura de Conservación. Ambos coinciden en que, además, es barato.

 

¿Cada cuánto se usa? En Castilla y León, "normalmente una vez al año, se aplica antes de sembrar, porque si lo tiramos cuando el cultivo ya ha nacido lo mataríamos ya que es una especie de secante" relata Alonso, sobre su empleo en la agricultura. El profesor García Zumel completa: "En la siembra directa una vez al año, y en otros cultivos no tiene razón de ser. En caminos, acequias y canales se aplica en otros momentos. La madera no absorbe el glifosato por eso se usa también en cultivos leñosos como olivos, naranjos... es buen producto para las viñas, aunque aquí a los productores no les gusta tanto".

 

ENTONCES, ¿QUÉ TIENE DE MALO EL GLIFOSATO?

 

Hay varias sombras que acechan a este producto. Por un lado está el hecho de que pueda ser cancerígeno para los humanos, algo que se está investigando. En 2015 la Agencia Internacional de Investigación Contra el Cáncer de la Organización Mundial de la Salud lo incluyó como probable cancerígeno. Preguntamos a los expertos.

 

Kistiñe García es portavoz de Ecologistas en Acción (EA), agrupación que se opone al uso de glifosato "pero no decimos que sea de un día para otro, planteamos ideas plausibles" defiende. Ella asegura que "en 2015 se determinó que era un probable cancerígeno para humanos, pero no había dudas de que sí lo es para animales", aunque desde EA destacan sobre todo otros problemas derivados de su uso: "El glifosato afecta a las plantas y se han hecho estudios que demuestran que también afecta al sistema hormonal de los animales, como insectos y anfibios, reduciendo su población. Al ser un disruptor endocrino se ha detectado en seres humanos que reduce la producción de espermatozoides, puede producir malformaciones de ovarios, reducción del periodo de gestación, y abortos espontáneos".

 

García Zumel reconoce que "no puedo decir si es verdad o no, con lo que he leído no puedo asegurar que provoque cáncer" y sí afirma que entre los riesgos del herbicida está "efectos de edemas, manchas más o menos importantes en la piel, y puede agravar enfermedades serias que ya existan en una persona; es veneno, depende de la dosis que se use".

 

Por su parte Moncho Alonso indica que "hay varios lobbys ecologistas empeñados en decir que es cancerígeno, pero hay estudios que dicen que no".

 

LA IMPORTANCIA DEL CÓMO SE USE

 

Con el debate sobre sus posibles riesgos sobre la mesa, en lo que sí hay más unanimidad es en la importancia del cómo se usa. La Ley en España regula de una forma estricta los modos de aplicación del glifosato pero existen peligros reales ya que este herbicida también se vende para uso doméstico. En contacto con la tierra el químico se descompone al instante y no permanece, pero no sucede lo mismo si la sustancia cae en ríos, embalses o asfaltos.

 

"Es un buen producto que el aplicador puede hacer malo -reflexiona el profesor García Zumel-. En España están prohibidos los tratamientos aéreos por el riesgo de deriva (que el viento arrastre los tóxicos), que sí se aplican en países como Argentina. La normativa aquí dice que hay que guardar cierta distancia con elementos naturales como los ríos. Además tampoco está permitido usarlo en un cultivo que va a ser cosechado, pero sí está autorizado a tirarlo desde la vía del tren o en carreteras, para destruir la flora espontánea (lo que comunmente se llaman 'malas hierbas', concepto que no usa el profesor). Si la temperatura supera los 20º tampoco se debe hacer ningún tratamiento. Todo esto entra en la ética de quien lo aplique".

 

"La Agencia Española de Consumo y Seguridad Alimentaria analiza los residuos que quedan en los alimentos a la venta. En las peras han encontrado 49 pesticidas distintos, 16 de ellos plaguicidas disruptores. La unión de todos estos venenos, en una ensalada por ejemplo, produce efectos" argumenta Kistiñe García. "Sobre el uso del glifosato una serie de estudios indican que hay dosis muy pequeñas que se acumulan día a día. Los datos de las cuencas hidrográficas indican que en todas en España hay glifosato".

 

Por parte de Ecologistas en Acción se muestran en línea de los argumentos esgrimidos en el Parlamento Europeo en el debate que ha tenido lugar esta semana, cuyo resultado ha sido la prórroga por cinco años del uso del glifosato en la UE con el voto a favor de España -entre otros- y el voto en contra de países como Bélgica, Grecia o Francia.

 

"No nos hace gracia que haya cinco años más de glifosato. El Parlamento hablaba de prohibiciones inmediatas en el uso doméstico, sin ningún tipo de medio de protección (es decir, la persona que lo usa en su finca o su pequeño huerto para eliminar las hierbas). También estamos a favor de que se prohibiese en parques y jardines de las ciudades. Y luego se ha hablado de dar cinco años para adaptar la agricultura, el propio Parlamento Europeo pedía que se fueran dando ayudas de la PAC con este fin. Los ecologistas no somos enemigos de los agricultores, sino de las empresas plaguicidas", dice la portavoz de EA. Y detrás del glifosato aparece el nombre de la compañía Monsanto, fundada en 1901 y comprada por Bayer en 2016.

 

¿CÓMO SERÍA EL FUTURO DE LA AGRICULTURA SIN ESTE PLAGUICIDA?

 

Para explicar la importancia del glifosato en la agricultura de conservación (también llamada de siembra directa) es necesario explicar un poco la situación en el campo. Sin este plaguicida no se podría llevar a cabo esta forma de sembrar los campos que implica no remover el suelo con un arado como se hacía anteriormente, lo que supone, además de ahorrar en tiempo y coste, "ser más respetuoso con el Medio Ambiente porque se crea un sumidero de CO2 que no vuelve a la atmósfera", manifiestan desde Asaja.

 

García Zumel considera que "sale a cuenta" usar el glifosato porque si se vuelve a las labores anteriores (la llamada agricultura industrial, o tradicional) "se tendría que consumir mucho más combustible lo que supone mayor contaminación, además de mayor erosión de los terrenos", además de corroborar que la agricultura de conservación es un "foso donde el CO2 se va quedando". Y tira de historia: "El glifosato apareció hace unos 20 años, cuando apenas se hacía siembra directa, pero ahora mismo hablamos de más de 300.000 hectáreas en Castilla y León".

 

Kistiñe García también reconoce que "la agricultura de conservación es un paso de mejora porque protege más el suelo, lo que no nos gusta a los ecologistas es que usan muchos plaguicidas, España es el país de Europa que hace un mayor uso de ellos".

 

"Si se prohibe tendríamos que volver a labrar de nuevo, un paso atrás tremendo. La mayoría de cultivos de cereales y leguminosas llevan este tipo de siembra" expresa Moncho Alonso. "Nosotros aplicamos glifosato, con guantes, máscaras, un vallado y de forma adecuada" explica García Zumel, sobre los trabajos en el campus de la UVa, situado en Palencia.

 

"Abogamos por la agricultura ecológica en la que no se usan pesticidas y también deja que el suelo tenga vida" expone Kistiñe García, quien aporta su visión sobre un problema económico a futuro: "Francia no solo va a prohibir el glifosato sino que tiene un programa de reducción de plaguicidas, y dentro de unos años no se va a poder competir con sus productos en mercados como el alemán. Los productos ecológicos no solo son más jugosos sino que tienen más nutrientes, y no van a ser más caros  porque el tener muchas hectáreas va a abaratar el precio. De cara al futuro, los daños a la biodiversidad no van a ser soportables, nos estamos cargando insectos polinizadores que son amigos del agricultor. Hay que repensar el negocio y ver si queremos vender un producto que quizá sea un poco más barato pero esté cargado de veneno".

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