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El granado y Eva Lootz

Pasé más tiempo mirando el granado (púnica granatum)  de la entrada del Patio  Herreriano que  El reverso de los monumentos y la agonía de las lenguas de Eva Lootz. Es difícil, por no decir imposible,  no caer rendido ante el colorido y el señorío que desprende el granado. El contorno de sus hojas, la forma de sus flores presentan una personalidad particular y  un disfrute incomparable. Tengo que decirlo: su visión me causa una emoción y una curiosidad que se instala en mi corazón durante mucho tiempo.

 

El granado está muy presente en el arte, incluso, nos cuenta Eduardo Barba Gómez en su interesantísimo libro El Jardín del Prado. Un paseo botánico por las obras de los grandes maestros,  se introducía como  ofrenda en las tumbas. El granado proviene de Oriente. Es símbolo de esperanza en la inmortalidad y la resurrección  para los cristianos. (Por cierto, si quieres cultivar un granado en un maceta – nos aconseja EBG-  recomienda la variedad enana de su especie Punica granatum).

 

Fra Angelico, tiene un cuadro magnifico en el Prado,  titulado La Virgen de la granada,  donde Jesús, sentado en regazo de su madre está cogiendo una de las semillas de la granada mostrando un instante de la vida lleno de colorido,   ternura y delicadeza.

 

Este granado del Patio Herreriano tiene personalidad propia. Ahora mismo es un festín para los ojos. Ya decía Elías Canetti que “solo por los colores merecería la pena vivir eternamente”.  Y otra de Borges “No se puede contemplar sin pasión. Quien contempla desapasionadamente no contempla”.  

 

Contemplar el paso de la vida a través de los árboles es tranquilizador y placentero al mismo tiempo. Los “frutos pendientes” están a punto de madurar. Mirándolo a esta hora de la mañana me siento agraciado y agradecido al mismo tiempo. Mirar el granado descansa. Ahora mismo hay una luz que hiere. Esa luz que ves cuando abres la ventana al levantarte y que viene de un lugar situado a 150 millones de kilómetros de distancia llena la vida de  colores y se refugia en tus ojos.

 

Una vez que la belleza se adueña de ti y estás saciado,  es difícil, muy difícil que cuando entras en El Museo Patio Herreriano,  los tres conos que ocupan la Capilla de los Condes de Fuensaldaña de Eva Lootz, un homenaje a la tierra según el folleto explicativo, no mires el reloj…  llegó tarde para comer y cuando me quiero dar cuenta,  otra vez está allí el granado del Herreriano.