El gran chapuzón

La crítica cultural de Ágreda en Tribuna de Valladolid.

                                                                                                                                                                

Ahora no recuerdo donde he leído que El gran chapuzón -pintado en el año 1967  por  David Hockney (Bradford 1937)- le recordaba a Las Meninas. Aquí y allí  el espectador intercambia su mirada con la del pintor  y con la del sujeto que no vemos, ya está sumergido en el agua de la piscina y no sabemos cómo es. Solo vemos la mancha blanca que salpica e indica que hace un instante el bañista se ha tirado al agua y ha dejado de ser real.

 

El marco pintado por Hockney contiene pitillos y pitillos, días y noches. Contiene fundamentalmente todos los momentos que el pintor ha necesitado para inmortalizar  un instante. Dos segundos. ¡Plas! Esa su paradoja y si se quiere su enseñanza. También expresa la fugacidad de la vida, de la felicidad y de la juventud, pues uno imagina, no sé por qué, que el bañista es un hombre, un hombre joven que acaba de terminar la universidad y llega a  casa y no sabe que va ser de su vida…  Y por eso se lanza al agua una y otra vez, una y otra vez... No, no, no se llama Burt Lancaster, ni Dustin Hoffman.

 

Nací en el año 1937 y recuerdo el final de la 2ª Guerra Mundial. Crecí en el racionamiento. En aquella época uno no podía ir a comprar una chocolatina cuando quisiera. Sólo se podía comprar dulces los sábados por la mañana cuando nos daban la paga semanal. Nos lo daban a las nueve y  a las nueve y cuarto ya no quedaban dulces. Los comprábamos, nos los comíamos y teníamos que esperar hasta el sábado siguiente. Crecí en un entorno de austeridad. Pero no nos considerábamos pobres. La vida era interesante. Éramos niños, así que la vida siempre es interesante para los niños, como debe ser. Lo que más me gustaba de mi padre era la capacidad  que tenía para hacer una línea recta, sin regla,  como un rotulista. Era como ver a Miguel Ángel trazar un círculo.

 

David Hockney experimenta como Picasso con la forma de crear en vez de crear la forma. Su obra te dispone a mirar porque es un maestro del color. Y es un pintor que resiste. Siempre he admirado a los resistentes. Decía Costa Gavras (oscarizado por Z y Desaparecido)  que en la vida siempre hay motivos para la resistencia. Es la única manera  de cambiar uno mismo y a la sociedad. Resistiré, erguido  frente a todo/ me volveré de hierro para endurecer la piel/ aunque los vientos de la vida soplen fuerte…