El esperpento se sube a las tablas del Carrión de Valladolid con Morfeo Teatro

'Los cuernos de Don Friolera' de Valle Inclán, llega de la mano de la compañía burgalesa Morfeo Teatro, en un montaje que combina el teatro de variedades con un entorno de pintura contemporánea.

Viernes, 13 de abril (20.30h) "Los Cuernos de Don Friolera".

COMPAÑÍA MORFEO TEATRO

Autor: Ramón del Valle Inclán

Dramaturgia y dirección: Francisco Negro

Comediantes: Francisco Negro, Mayte Bona, Felipe Santiago, Adolfo Pastor, Santiago Nogués y Mamen Godoy

Precios: Patio de butacas: 20€ Anfiteatro 1: 20€. Anfiteatro 2: 15€

Una feroz crítica al machismo ibérico bajo el cristal del esperpento.

 

"Estoy haciendo algo nuevo, distinto a mis obras anteriores. Este teatro no es representable para actores. Ahora escribo teatro para muñecos. Es algo que titulo Esperpentos. Consiste en buscar el lado cómico en lo trágico de la vida misma. Lo que sería una escena dolorosa, acaso brutal, para el espectador una sencilla farsa grotesca."

 

Esta declaración del propio Valle-Inclán en una entrevista a la prensa sirve de pretexto de puesta en escena para dar comienzo a LOS CUERNOS DE DON FRIOLERA, uno de los tres "esperpentos" que conforman su magna obra Martes de Carnaval, uno de los proyectos más singulares y ambiciosos de está reconocida compañía de trayectoria internacional y que ha conseguido clamorosas críticas tras su estreno.

 

En Los Cuernos de don Friolera se retrata una España de principios del siglo XX en la que Valle-Inclán critica los prejuicios morales de la pérdida del honor por "los cuernos"; por eso pretende, y logra con suma ironía, burlarse de sus personajes y de sus comportamientos de folletín sainetero, en una parodia satírica sin precedentes, que provoca risas crueles y desatadas sobre la tradición machista de los españoles.

 

LA HISTORIA narra como el teniente Astete -don Friolera-, recibe un anónimo avisándole de que su mujer le engaña. Vuelto loco por los celos que siente de su frívola mujer, doña Loreta, tentada por un chulapo de medias tintas y vecino, el barbero Pachequín, e instigado por un malintencionado vecindario, trama tomar venganza. La hija de ambos, Manolita, entra en escena justo cuando el supuesto "cornudo" va a matar a los inocentes amantes, amansando las iras de su padre. Sin embargo la presión de sus colegas militares le ofusca en lo más hondo de su orgullo, y recurriendo a un ancestral código del honor, y pistola en mano, se conmina a cometer el crimen, al grito de "¡En el cuerpo de carabineros no hay cabrones!"

 

Valle también un repaso del ambiente del hampa y clases populares, de la connivencia de los contrabandistas y oficiales del ejército, en definitiva un retrato despiadado de la deteriorada consistencia moral de la sociedad española y del ambiente de frustración tras la pérdida de las Colonias. Reniega también Valle del conservadurismo intelectual y político de su época, de la mojigatería religiosa, y de la conservadora y altiva tradición literaria española desde Cervantes a sus días. En palabras suyas: "En la literatura aparecemos como unos bárbaros sanguinarios. Luego se nos trata, y se ve que somos unos borregos."... Pero sobre todo ese pesimismo Valle descarga su más poderosa arma de seducción, la risa. Una risa diabólica que resuena sobre nuestras cabezas, que no podemos contener desde el principio al fin del disparatado "esperpento", que nos sana de cualquier afección, una risa eterna y anárquica con la que él mismo da ejemplo: "Todo nuestro arte nace de saber que un día pasaremos. Ese saber iguala a los hombres mucho más que la Revolución Francesa. Soy como aquel pobre, que al preguntarle el cacique qué deseaba ser, contestó: Yo, difunto”; la cósmica risa del Esperpento.

 

"Nuestro decorado -unas gasas ajironadas en técnica de pintura collage que permiten diferentes juegos de transparencias- está inspirado en la serie de cuadros "Elegía a la República española" del pintor Robert Motherwell, perteneciente a la Escuela de Nueva York del expresionismo abstracto de mediados de siglo XX. Frente a esas gasas pictóricas se manifiesta la presencia de un gran teatrino de títeres de época, llevado a escala humana, donde se desarrollan las escenas del esperpento".

 

En esta serie de cuadros que pinta Motherwell, al visitar España tras la guerra civil y quedando impresionado por las trágicas consecuencias del conflicto, es un tributo del pintor a sus admirados artistas españoles, Picasso y Miró, escogiendo la forma de "elegía pictórica" como ritual de duelo a la manera de Lorca en su poesía, enraizando la expresividad de sus trágicas formas negras ocultando un fondo luminoso, con la cultura y la tradición del barroco español y como transmisora de un abismo emocional.

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