El espectáculo del PP de Valladolid

Sí, es posible repetir errores. Individuales y colectivos. La puesta en escena de la estrategia del PP de Valladolid antes y después de las elecciones municipales y autonómicas ha mostrado las enormes grietas que vislumbra el partido, descosido desde su controvertido proceso de primarias.

 

Antes, porque ni siquiera hubo fuerza para arropar de verdad la candidatura de Pilar del Olmo. Más bien la inercia interesada llevó a la todavía consejera al escaparate municipal, al que llegó tarde y mal. Sin tiempo para visualizar que su apuesta era una alternativa real a Óscar Puente, esa duplicidad de funciones tuvo a Del Olmo en dos sillas y mal sentada. El remate, una desastrosa campaña electoral donde parecía ir completamente por libre, sin el respaldo abrumador un partido detrás que verdaderamente demostrase su ambición por recuperar la Alcaldía de Valladolid.

 

Antes, porque el espectáculo de la lista municipal espantó a aquellos votantes que, ingenuos, todavía creen en la ética política como un servicio público y no como una plataforma de intereses donde se antepone, fundamentalmente, lo personal. La ristra de nombres que entraban y salían de la lista convirtió la candidatura municipal del PP en una especie de tómbola de feria, con reparto de papeletas y… a ver si hay suerte.

 

Antes, porque durante meses hemos escuchado a un presidente provincial del partido repetir que no seguiría presidiendo la Diputación y ahora se aferra a ese cargo con la impresión de que no tiene más espacios donde ubicarse políticamente, pese a la jerarquía de su puesto en el partido que le debería otorgar la autoridad para elegir un destino que no sea el recomponer un discurso de regreso a aquello que había descartado. Ese paso adelante ofrecido por Mañueco pareció en directo un mensaje de que no iba a entrar en la lista de las Cortes: “sigue ahí, que no hay más”.

 

Después, porque la estructura de los nueve concejales electos ya empieza mal con la número uno de la lista anunciando que compaginará su trabajo en la Inspección de Hacienda con su labor en la oposición, repitiendo el mismo error que cuatro años atrás cometió el partido con Martínez Bermejo, sin obviar que la rumorología no esconde que la opción del Senado sigue estando presente en Pilar del Olmo como destino final aparcando definitivamente su aventura municipal.

 

Demasiadas aristas cortantes que afilan en un partido con demasiadas familias,  que incluso abre una puja por la Diputación como si fuera un objeto de subasta. De espaldas a la innovación. No sé quién debe poner orden, pero es necesaria una intervención enérgica que termine con ese cainismo que lleva instalado mucho tiempo en las entrañas del PP de Valladolid.