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El Diablo, tal vez. El mundo de los Brueghel

Valladolid. Museo Nacional de Escultura. El Diablo, tal vez. El mundo de los Brueghel. Hasta el 3 de marzo de 2019.

Visitar el Museo Nacional de Escultura para ver la exposición El Diablo, tal vez, exige del  espectador  un diálogo. Un diálogo trepidante e infinito. Una vez producido ya nada será igual. A poco que pongas de tu parte quedarás atrapado y fascinado por la belleza de la muestra. Sueño y pensamiento se imbrican para mostrarnos el mundo de los Brueghel y compañía.

 

Destaca en esta exposición la fuerza invocatoria y la poesía que siempre ha caracterizado a la estirpe de los Brueghel y al Taller del Bosco. Que siempre ha identificado a los chamanes, a los pintores, a los inventores a través de siglos y siglos.

 

Los cuadros de esta exposición te ha hacen pensar. Los Brueghel pintan para hacer preguntas. Todos sus lienzos son una mirada al mundo que les rodea. La vida que rodea a sus paisanos en el siglo XVI. Como bien escribe Alicia Rodés Vilá en su imprescindible libro Pieter Bruegel (este van sin h, los hijos con h)  El viejo “detrás de esas escenas en las que parece que no está pasando nada, lo está pasando todo. Brueghel pinta lo que pasa cuando no pasa nada. Como los poetas; de ahí que su pintura haya sido mil veces cantada por ellos”.

 

En esta época, estamos en el año 1569 se fractura el cristianismo dividiéndose en dos iglesias, la protestante y la católica. Los pintores se sublevan y se alejan del canon griego. Esto quiere decir que ya cada uno campa a su libre albedrío. Lo que cuenta es su mirada individual. El arte pasa a tener una mirada conceptual que llega hasta nuestros días.

 

Todos los cuadros y grabados de esta exposición (imprescindible)  tienen varios prismas, muchas caras a los que asomarse. No sabemos la opinión del artista, se podría decir que no se posiciona moralmente. Por lo tanto, es el espectador el que tiene que posicionarse. Posicionarse frente a lo que tiene antes sus ojos.

 

Escuchando a María Bolaños, Directora del Museo y Comisaria de la muestra te das cuenta que la cultura no es una materia viva que está presente en el cuerpo vivo del individuo pero sí una figura que está moviéndose a través de los tiempos, transformándose. Nunca se termina. Nunca se cierra. En definitiva, su enseñanza viene a decir que no debemos tener miedo a lo desconocido, es necesario hoy ¡ay! abrirse a las influencias.