El día a día en el servicio Salud Mental La Merced y la Residencia Los Ángeles, dos centros en Valladolid sin contagios por coronavirus

Los profesionales cumplen a rajatabla los métodos de prevención y, aunque el trabajo sea complicado en ocasiones, el virus no ha aparecido para dificultarlo aún más.

Todos los días se observan dos servicios de atención que se ven fuertemente golpeados por el coronavirus, como son los hospitales y las residencias de ancianos. Respecto al primero, es una cuestión sencilla, es allí donde se produce la lucha directa frente al virus y, en lo que concierne a las residencias, representan uno de los focos principales en las que un contagio hace saltar todas las alarmas. Las prevenciones se extreman y las precauciones aumentan.

 

En la avenida Gijón se encuentran dos centros regidos por la misma empresa: Residencia de Salud Mental La Merced y la Residencia Los Ángeles. Ambos, tras las pruebas realizadas días atrás, no presentaron ningún positivo en COVID-19, lo que es una excelente noticia del buen funcionamiento de los centros y las medidas adecuadas. Aunque no se trata de un trabajo fácil.

 

En Salud Mental La Merced se encuentran 24 residentes, que conviven con los 11 profesionales del centro. Mientras que en Los Ángeles se encuentran 39 ancianos ayudados por otros 21, entre ellos auxiliares, médicos y terapeutas.

 

Los equipos están volcados por y para la causa, y así lo cuenta la responsable de Salud Mental La Merced, Raquel Ortiz de Zárate: “Están siendo días muy complicados, sobre todo en el centro de Salud Mental, ya que muchos chicos tienen patologías complejas y tenerles encerrados entre cuatro paredes no es nada fácil”.

 

Raquel solicitó a la Delegación del Gobierno la posibilidad de sacar a los chicos y, gracias a ello, existe la autorización de que puedan salir un rato por la mañana y otro por la tarde, según nos comenta, “Les da un poco el aire y les viene muy bien. No es suficiente debido a que normalmente estamos en un centro abierto, donde salen, entran, van a talleres… y no es lo mismo salir a dar un paseo o una vuelta a la manzana, pero lo vamos llevando”.

 

Según el equipo de dirección de ambos centros, el personal está súper implicado y están multiplicando las actividades para lograr un ambiente más llevadero entre todos e ir recuperando, poco a poco, la vida que se llevaba antes: “Cada día inventamos algo para que se pueda hacer en el centro y afrontarlo de mejor manera”.

 

La comunicación con los familiares es muy importante en estos casos, y en ninguno de los centros se ha descuidado por un instante por las responsables Raquel Ortiz de Zárate y Raquel Villegas. A su vez, realizan desde el equipo de dirección un seguimiento, llamadas de teléfono y videollamadas para informar del estado de los residentes a sus familias.

 

Muchos son los cambios que se han experimentado; desde una mayor carga hasta una incomodidad creciente a la hora de trabajar debido a las medidas de seguridad. Todo ello forma parte de la adaptación: el teletrabajo en ocasiones y llevar puesto el traje con los guantes, mascarillas y todas las medidas de prevención posibles cuando se trabaja en los centros. Separación por pequeños bloques a la hora de la comida e improvisación en las mesas para cumplir con las distancias de seguridad son dos innovaciones que se han tenido en cuenta para minimizar los riesgos en horarios concurridos.

 

Fuimos precavidos a la hora de arriesgarnos lo menos posible. El gerente de los centros, Diego Villamor, promovió una desinfección del centro Salud Mental La Merced y de la Residencia Los Ángeles. Y ya en Salud Mental desde el 6 de marzo prohibimos las visitas. A los familiares les costó un poco entenderlo, pero vimos necesario adelantarse. Y podemos decir que, tras las pruebas en los dos centros, nadie hemos dado positivo, ni residentes ni personal. No hay ni un día que no tomemos la temperatura a cada residente y miembro del personal y extrememos las precauciones”, cuenta Raquel con orgullo.

 

La desinfección en los centros se completó el 24 de marzo, una semana escasa posterior al decreto de Estado de Alarma en la nación. Fue llevada a cabo por Arancontrol, una empresa madrileña, que se desplazó hasta Valladolid para maximizar la protección.

 

Antes del 5 de marzo, Diego Villamor realizó una compra cuantiosa de equipamiento de seguridad, que permitió el funcionamiento a altos niveles de protección, complementando la solidaridad de muchos ciudadanos que donaron guantes, mascarillas y otros materiales, aunque bien es cierto que las primeras semanas fueron duras. A partir de la utilización de esta gran reserva de materiales sanitarios, han ido llegando a los centros los envíos suministrados por la Junta de Castilla y León.

 

Dirección y personal  están colaborando mediante la creación de mascarillas caseras e incluso batas con sacos de basura. Los propios residentes también se han puesto manos a la obra: es un problema global y la ayuda ha de ser de todos.