El Cristo del Olvido se encuentra con la Vulnerata para cerrar las procesiones del Lunes Santo en Valladolid

Procesión de la Buena Muerte en Valladolid. JUAN PASCUAL
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La Cofradía de la Preciosísima Sangre pudo celebrar su Procesión de la Buena Muerte en una noche respetada por la lluvia.

A las 23:15 horas. Con un cuarto de hora de respeto por el Cristo de Medinaceli, que entraba en la Catedral para cumplir su estación penitencial. Respeto y solemnidad. La esencia de la Semana Santa de Valladolid.

 

A las 23:15 horas partia de Santa María la Antigua el Cristo del Olvido. Una de las tallas más pequeñas en cuanto a tamaño, pero que no tiene nada que envidiar al resto de representaciones de Jesús en expresión. Rostro caído hacia su costado derecho. Cara en paz tras un largo sufrimiento. Cuerpo sin vida, que aviva el espíritu de cuantos lo contemplan. Una talla de Pedro de Ávila que data de 1720.

 

A las 23:15 horas era alumbrado por su cofradía titular, la Preciosísima Sangre. Portado a hombros. Con la marcha real entonada a la corneta. El único sonido que rompía el solemne silencio de un pueblo vallisoletano que contemplaba, en una plaza de la Antigua llena, cómo partía la última procesión de un Lunes Santo al que respetó la lluvia, a pesar de que todo hacía temer lo contrario.

 

A las 23:15 horas iba en busca de su madre. Partía el Cristo del Olvido hasta la Basílica Nacional de la Gran Promesa, portado a hombros por el negro y el rojo sangre de los hermanos de la Preciosísima. En el Santuario se realizó el rezo de una estación. Una breve parada antes de uno de los momentos menos conocidos y más hermosos de la Semana de Pasión vallisoletana: el encuentro del Cristo del Olvido con su Madre, la Virgen Vulnerata, portada, también a hombros, por los Ingleses del Real Colegio de San Albano.

 

Tras el emotivo encuentro, casi previa del que se vivirá mañana en la plaza de Santa Cruz, volvía el Cristo del Olvido a su casa, Santa María la Antigua. Allí, las 23:15 horas parecían ya muy lejanas. El pueblo fiel lo esperaba a su regreso y entonó el tradicional 'Canto del Perdón', que daba por concluida esta Procesión de la Buena Muerte, y con ella el Lunes Santo en Valladolid.