El corazón de los asuntos

Una milésima, dos, tres, cuatro… Hay pocas cosas que se puedan hacer en ese tiempo. Un guiño, una mirada, un beso, un clic de Willy Ronis. Ese clic hace pensar, nutre, te hace mirar dentro de la fotografía. Es una fotografía bella, pero no solo eso. Se trata de una fotografía que se aloja en la piel.

FICHA TECNICA: Valladolid. Patio Herreriano. Willy Ronis. Un siglo de humanismo. Sala 2. Hasta el día 3 de junio.

 

Hay fotógrafos que se conforman con plasmar imágenes de la realidad. Desde el origen de sus fotografías se han dejado llevar por los sucedía a su alrededor. No han necesitado obligar a los retratados a adoptar posturas circenses o insólitas para pasar a la historia. Willis Ronis utiliza una fórmula muy sencilla: ver, conocer, querer.

 

Una mujer rubia se pinta las uñas de los pies despacio, con delicadeza, a la manera de Madama Butterfly. Este recuerdo es lo más hermoso que han visto mis diez años. Así que miro la fotografía para atesorar la imagen que volverá cada vez que quiera pensar en la belleza. ¿Quién le enseñó a mirar a Willy Ronis? La mayor suerte que tuvo WR es que le gustara visitar museos desde niño. Además, el destino le regaló algo muy valioso, una gran memoria visual. En la calle, en las fábricas, en los viajes, en los etcéteras fotografiaba mentalmente todo al instante. Y se le daba bien ensamblar las piezas para encontrar una armonía. No tiene nada que ver con la estética, más bien con la atención prestada, con una especie de mirada al corazón de los asuntos.

 

La vista es el sentido más utilizado por WR y el que le ha empujado a vivir fuera de su domicilio durante largas temporadas, fotografiando cosas por el mundo. Soñé que me levantaba en medio de la noche, entraba en la Sala 2 del Patio Herreriano para ver las fotografías de WR y curiosamente me olvidé de todas las preocupaciones. Sí, este fotógrafo sabe mirar. Y sabe distinguir bien lo efímero de lo valioso.

 

Como los buenos vinos el veredicto incontestable después de visitar esta exposición lo marca el paso del tiempo. El pasado es arcilla que el presente labra a su antojo, interminablemente (J.L. Borges).

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