El corazón de Beethoven

La crítica cultural de Ágreda en Tribuna de Valladolid.

El artículo 2 del tratado de la Unión Europea dice así: “La Unión se fundamenta en los valores de respeto de la dignidad humana, libertad, democracia, igualdad, Estado de derecho y respeto de los derechos humanos, incluidos los derechos de las personas  pertenecientes a minorías. Estos valores son comunes a los Estados miembros en una sociedad caracterizada por el pluralismo, la no discriminación, la tolerancia, la justicia, la solidaridad y la igualdad entre mujeres y hombres”.

 

Eso es justamente la Sinfonía (especialmente) nº 5 de Beethoven Y por  eso es  una excepción. Porque pertenece a su tiempo y a todos los tiempos. Su visión, fue eso, un visionario, es querer  expresar algo que era nuevo, algo que todavía estaba por ser escrito. Él, esta noche lo cuenta con notas musicales  para que el público disfrute con la OSCyL y tenga la sensación de estar viviendo en el año 2048, por ejemplo.

 

Escuchando esta sinfonía puedes disfrutar de una nueva manera, por así decirlo. Beethoven te enseña a escuchar, esa es su paradoja y su copyright. En su música puedes encontrar todas las tonalidades, formas y colores. Y un aspecto importantísimo que se destaca en este compositor por encima de otros: el respeto.

 

El respeto es un componente imprescindible tanto en la identidad personal como en la relaciones con el prójimo. Beethoven se hizo respetar como persona y como compositor. Esta sinfonía vale tanto, lo coges o lo dejas. Se acabó lo que se daba. A partir de ahora, la música del genio de Bonn contaminaría a todos los compositores de todas las épocas eso sin ser un hándicap para que cada cual luego pudiera seguir su camino. Ese es su legado.

 

Escuchando a Beethoven podemos adivinar su forma de ser, su alegría, sus miedos  o su sufrimiento y también el nuestro. Y su melancolía. Y que nunca, nunca se acaba el placer de escucharlo. Toda la música de Beethoven te enseña que la libertad comienza por los oídos, como bien avisó Edward Abey. Libertad para envolverte en sus sonidos. Esta noche, ¿por qué será? la OSCyL dirigida magistralmente por Andrew Gourlay permite al espectador mirar y tocar los sonido y comprobar que el sonido te puede trasformar, te puede llegar a curar. Y lo contrario.

 

“La libertad, el progreso, es el objetivo en el mundo del arte, al igual que en el creación universal”, dejó escrito el genio. Todos, como dijo Schiller nos tornamos más humanos y más frágiles cuando escuchamos su música.

 

Hay que frecuentar a Beethoven, como se frecuenta una playa en verano, como se frecuenta a una madre, a un padre, a una amante, a una fuente…

 

Para Màrius Diaz y Jennifer Moreau, por su generosidad con los desconocidos.