El consuelo en las palabras

No me subo a un escenario para verlo lleno. No me afecta. Antes tal vez sí. Por supuesto que es hermoso si haces un pleno. Pero si hay 10 personas, para mí son importantes. Si por algo se caracteriza el teatro es por ser una experiencia presencial, efímera, de carne y hueso. Esta noche comprender qué cosa es el tiempo parece un quimera.

FICHA TECNICA: Valladolid. Teatro Zorrilla. Orlando de Virginia Woolf. Dirección escénica: Vanessa Martínez. Reparto: Gustavo Galindo, Pablo Huetos, Rebeca Sala. Pedro Santos y Gemma Solé. Una Producción de la Compañía Teatro Defondo.

 

El lenguaje que utilizan los actores y las actrices esta noche en el escenario está sometido a la presión exacta. Todo su lenguaje está cargado de significado. Todo sitúa al espectador en el espectro profundo de los sentimientos, del amor, de la desesperanza, de la libertad individual y colectiva. En definitiva, de sentimientos universales a través del tiempo. Durante miles de años el tiempo, tal y como lo entendemos hoy en día, no existía. Un calendario astronómico marcaba las épocas de las siembras y las cosechas, las fiestas y los sacrificios, y ahí caía el telón. En la vida cotidiana los puntos de referencia eran la salida y la puesta de sol… La del alba sería cuando don Quijote salió de la venta, tan contento, tan gallardo, tan alborozado por verse ya armado caballero, que el gozo le reventaba por las cinchas del caballo.

 

Orlando. Prólogo. Muchos amigos me han ayudado a escribir este libro. Algunos han muerto y son tan ilustres que apenas me atrevo a nombrarlos, aunque nadie puede leer o escribir sin estar en perpetua deuda con Cervantes, Stevenson, Juan Ramón Jiménez, Nabokov y Henry James, para solo mencionar a los primeros que se me ocurren. Vivos, ninguno, hay que esperar que pasen cincuenta años a ver si se permanece algún nombre.

 

Volvamos al teatro. Rebeca Sala refleja muy bien el personaje de Orlando. Su trabajo es meticuloso; conecta de la manera más pura y sencilla posible con el sentimiento de tristeza que provoca en el espectador. Ese personaje que interpreta es una especie de herrumbre del comportamiento. Cada idea nueva que sale de sus labios contribuye a erosionar las relaciones con sus iguales.

 

La implicación de Gustavo Galindo, Pablo Huetos, Pedro Santos y Gemma Solé descubrieron al espectador unos corazones que latían orgullosos porque estaban dando todo para que la obra de teatro se convirtiera en una velada emocionante, poderosa y serena, como diría el maestro Marcos Ordoñez.

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