El concierto del año

La crítica cultural de Ágreda en Valladolid.

La música pertenece a todo el mundo y a nadie. La que se escucha esta noche en la Sala Sinfónica Jesús López del Centro Cultural Miguel Delibes me sigue conmoviendo porque ha logrado acallar el loco rumor del tiempo  que se escucha ahí afuera.

 

Nunca había escuchado en esta sala,  este sonido, ha sido una grata sorpresa. Escuchando la Sinfonía n. º1 de Sibelius ejecutada por la OSCyL y dirigida por Jukka-Pekka Saraste eres consciente de que la música tiene un carácter universal que huye de cualquier nacionalismo. ¡Jean Sibelius no es un compositor finlandés! Escuchando su música aprendes a vivir, aprendes a ser otro, aprendes como en los grandes libros de literatura que el sonido, las palabras son materiales que forman nuestro pensamiento.

 

Esta noche Sibelius pasa a engrosar las filas de compositores favoritos. Y pasa a serlo porque su música te emociona. Porque me provoca recuerdos agradables y una sensación de estar a gusto. Y mientras le escucho le doy la razón. A esta música, da la casualidad, que no se le puede llevar la contraria.

 

Dicen que la belleza nace siempre de un encuentro, que no existe si no hay una mirada capaz de catarla. Jukka-Pekka Saraste, el director que esta noche dirige la OSCyL realiza geometría con su mano y con su batuta. Su huella musical, patente a lo largo de todo el concierto,  presenta una poética musical de mucho nivel.

 

La  emoción surge de sus manos, de su plasticidad, en el sentido de dotar a  la música que esta noche escuchamos de una cierta espiritualidad, pongamos por ejemplo. Y obliga a escuchar a Sibelius con los ojos cerrados porque si les abres,  rompes la magia. El sonido de la OSCyL transmite un secreto, una esperanza depositada en cada nota, en cada sonido que me deja hipnotizado.

 

De la manera que ha dirigido esta noche Jukka-Pekka Saraste la Sinfonía n. º 1 de Sibelius  ha conseguido que la música se convirtiera en habla, en susurro, en palabras cálidas, agradables y agradecidas.  Gracias a la OSCyL y gracias a Jukka-Pekka Saraste.

 

Y aquí lo dejo. Seguiría, pero el espacio se acaba, de modo que, con el permiso de la lectora (CGP) me despido mientras todavía conservo en la retina a los alumnos de la Escuela Profesional de Danza de Castilla y León “Ana Laguna” de Burgos como inflan las velas a pleno pulmón  de Apolo de Stravinski y el público les obsequia con una salva de aplausos. 

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