Cyl dots mini

El circo de Fernand Léger

La crítica cultural de Ágreda. 

Fernand Léger (1881-1955) era un ser curioso por naturaleza. Llevaba implícito en su ADN el deseo de aprender y abrir los ojos al placer. Esa desbordante curiosidad le llevó a dibujar el mundo del circo. Su colorido le sirvió como medio de liberación a la manera que escribió Henri Matisse.

 

Cuando llevas cinco minutos en la Sala de Exposiciones de las Francesas aparece sin que nadie le invoque Pablo Picasso. Picasso es tan grande que su ausencia llena de inflorescencia todo el arte español y el extranjero. Picasso y el cubismo, claro. En  cada litografía de Léger muestra al espectador los colores vivos y los contornos desbordados de los personajes que componen el circo. Los caballos, las contorsionistas, los payasos, la carpa… y cuando lo ves recuerdas automáticamente pasajes olvidos de tu infancia que ahora vuelven y no sabes qué hacer con ellos.

 

Porque ¿no es realmente cierto que conocemos lo que miramos cuando salimos al sol que inunda la Calle Santiago y miramos hacia nuestro interior buscando algún significado tranquilizador?

 

Toda la exposición “se entiende bien” es agradable y se ve con gusto. Más, si cabe cuando a esta hora de la mañana no hay nadie en la Sala y no tienes que oír –obligatoriamente– ninguna sintonía de móvil ni ninguna conversación que no te interesa. Las formas cubistas de Léger y los dibujos tienen algo de instantánea, si bien con el pedigrí de haberlas realizado un maestro.

 

El estilo de Léger lo marca el trazo que libera la realidad y lo dota de intensidad, sin esfuerzo de la mano que brota de un continuum que evita adornos innecesarios. El dibujo es simple, como los redondeles que hacemos en el margen de un periódico o en el reverso de una entrada de teatro.

 

David Hume describió la mente como un escenario donde entran diversas percepciones, pasan y se entremezclan en una infinita variedad de posiciones y situaciones. La imaginación sería la jueza definitiva de todo conocimiento probable, el principio de la razón y aquella que la subvierte. Pienso, luego pinto.

 

La libertad no es solo cosa de los jóvenes, quién lo duda. Rembrandt, Rubens, Picasso o Tiziano llega un momento que son conscientes de todo, lo saben todo y eso les permite, como a Léger,  actuar con extraordinaria libertad. La libertad de no caer en la repetición. Por eso es el momento preciso de despedirme de Ustedes. Hasta la próxima cita.