El catedrático de la UVA José Luis Rojo prevé un retroceso del PIB regional entre el 4 y el 8%

Dos personas en un bar un día antes de que se cerrara toda la hostelería para frenar contagios por coronavirus

Las ramas más afectadas, a su juicio, serán, previsiblemente, la hostelería, el textil y confección, el comercio, los transportes y algunas ramas dentro de la industria manufacturera, en ese orden.

El catedrático de Economía Aplicada de la Universidad de Valladolid José Luis Rojo prevé un retroceso del PIB de Castilla y León de entre el 4 y el 8 por ciento, fruto del impacto del coronavirus en la economía regional, si bien apunta también en un primer análisis a la resistencia de la región a las crisis debido a su particular estructura económica.

 

Las ramas más afectadas, a su juicio, serán, previsiblemente, la hostelería, el textil y confección, el comercio, los transportes y algunas ramas dentro de la industria manufacturera, en ese orden.

 

Ante esta situación, que según algunas predicciones hablan ya de un retroceso económico y de derechos sociales que llevaría no solamente a España, sino a todo el mundo, a una situación similar a la vivida al periodo de entreguerras de principios de siglo XX, el coordinador de la red Hispalink en la región considera que para acelerar la salida de la crisis es clave realizar una apuesta tecnológica y educativa, persistir en la internacionalización y adecuar el tamaño de las empresas regionales a la globalización.

 

Las perspectivas profesionales más prometedoras, añade, siguen siendo las vinculadas a las ingenierías y su base, a las actividades de proximidad y a la economía internacional y las finanzas.

 

REPENSAR EL MODELO ECONÓMICO

 

Aun así, el catedrático cree necesario repensar el modelo económico de Castilla y León y apostar por la innovación, imaginando por ejemplo cuáles serán los productos que se demandarán dentro de dos o tres años, "y para ello la apuesta tecnológica y educativa es clave".

 

Si bien los sectores afectados no van a ser muy diferentes en los ámbitos regional y nacional, a corto plazo prevé una mayor incidencia en las regiones más especializadas en productos turísticos de masas, y en las más dependientes de las cadenas de valor con fuertes componentes internacionales.

 

A medio plazo, entiende que regiones más dependientes de la agroalimentación y de la actividad del sector público pueden encontrarse con mayores impactos, si bien ello depende de los escenarios de restricciones arancelarias y de contención del déficit que se planteen.

 

Sobre los factores regionales que van a determinar la salida de la crisis en Castilla y León, Rojo señala una intensa actividad inversora, pública y privada, una senda realista y moderada en la contención del déficit, así como la apuesta por una economía desarrollada, y no en desarrollo.

 

En su análisis, el catedrático recuerda que Castilla y León se muestra históricamente más resistente a las crisis en el sentido de que las contracciones de su economía han sido, en general, inferiores a las nacionales.

 

No obstante, esa ventaja, derivada de una estructura menos puntera en ciertas ramas industriales y de servicios, se traduce en un menor dinamismo cuando la actividad remonta el vuelo. El mantenimiento de bajas tasas de desempleo, especialmente en el cuadrante nordeste de la región, facilita también que la actividad de las administraciones se pueda orientar hacia políticas innovadoras.

 

LA CRISIS, TAMBIÉN UNA OPORTUNIDAD

 

Sobre las oportunidades que brinda la actual crisis, Rojo aboga por que Castilla y León se replantee el modelo de economía regional, en varios sentidos.

 

En primer lugar, "las empresas deben pensar en repensar su propia orientación y potencialidad, acometiendo inversiones tecnológicamente avanzadas y favoreciendo no sólo nuevas estrategias de comercialización, sino la investigación básica que puede propiciar una innovación del producto".

 

Esta actividad, a la que no es ajeno el estudio de la dimensión empresarial, debería orientarse, a su juicio, no sólo a los productos de fuerte demanda, sino a empezar a imaginar cuáles serán esos productos en dos o tres años.

 

"Las administraciones deberían atender en mayor medida a la inversión innovadora que exige alta concentración de esfuerzos y estrategias a medio y largo plazo: formación, investigación, ingeniería, infraestructuras...", destaca, al tiempo que señala como ramas con más futuro las vinculadas a las ingenierías y su base (matemáticas, física, química, informática), a las actividades de proximidad (medicina, fisioterapia, coaching, psicología, leyes, idiomas, cultura, economía de los territorios), y, finalmente, las relacionadas con la economía internacional y las finanzas. 

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