El cannabis puede aliviar el dolor sin resultar adictivo

Científicos de la Universidad de Salud y Ciencia de Oregon (OHSU, en sus siglas en inglés) han evaluado las propiedades medicinales del cannabis y han identificado una vía que permitiría aprovechar esta sustancia para aliviar el dolor crónico minimizando su riesgo de adicción.

El trabajo, publicado en la revista 'Journal of Neuroscience', se basó en un modelo en ratones para estudiar la función de dos tipos de receptores de membrana celular que se unen a los cannabinoides que se encuentran de forma natural en el organismo, llamados endocannabinoides.

 

"Puede ser el camino que nos lleve a obtener mejores medicamentos para el dolor que no sean adictivos", ha reconocido la profesora de Neurocirugía Susan Ingram, autora del estudio, ya que los actuales o no son del todo eficaces o causan efectos secundarios graves.

 

Sin embargo, los datos obtenidos indican que los fármacos dirigidos contra el sistema endocannabinoide podrían aliviar el dolor con menos efectos secundarios, en comparación con los opiaceos. Esto es posible a que dicho sistema está formado por receptores, moléculas endocannabinoides y enzimas que producen y degradan los endocannabinoides localizados en el cerebro y en todo el sistema nervioso central y periférico.

 

El equipo de investigación se centró en dos receptores concretos, conocidos como CB1 y CB2, en la médula rostral ventromedial, un grupo de neuronas ubicadas en el tronco cerebral conocido por modular el dolor. El estudio es el primero en examinar la función de los receptores CB1 y CB2 a nivel de la membrana en las neuronas tardías en adolescentes y adultos.

 

Los investigadores observaron que el dolor inflamatorio crónico aumentó la actividad de los receptores CB2 y disminuyó la actividad de CB1. El cannabis activa por igual ambos receptores, pero el estudio sugiere que la activación selectiva de los receptores CB2 contribuye al beneficio medicinal del cannabis mientras se minimiza la propensión del otro receptor cannabinoide, el CB1, a inducir tolerancia y abstinencia.

 

Ingram ha asegurado que la siguiente fase de la investigación pasa por seguir explorando este área de los circuitos cerebrales que, en última instancia, podría conllevar el desarrollo de una nueva clase de medicamentos para el dolor.