El beso de la reliquia
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El beso de la reliquia

Entras en la magnífica exposición Extraña devoción. Reliquias y relicarios en el Museo Nacional de Escultura. Palacio de Villena y lo primero que ve es un grabado de Goya que da nombre a la exposición y pasas de sala y aparece Sorolla con El beso de la reliquia. A Sorolla lo que más le gustaba en esta vida era pintar, ese es su oficio. Su manera de pasar los días, de envolverse en los días era estar pintando. Pasaba más horas en el estudio que Pablo Picasso que ya es decir.

 

Esta impresionante exposición necesita muchos días para verla y muchas noches para meditarla. El día para ver la exposición la noche para volver a imaginarla. Sorolla dibujaba en una servilleta, un prospecto, un periódico, vamos, en lo que pillaba. Conozco gente así, que mientras está hablando por teléfono o hace otra actividad dibuja cosas, edificios, figuras, animales… No importa la hora del día o de la noche, al final se convierte en hábito y  el  hábito si hace al monje.

 

En este cuadro El beso de la reliquia, Sorolla lo pinta como si hubiese  tirado una fotografía, una instantánea disparada de manera furtiva dentro de una sacristía. Sorolla tenía una facilidad pasmosa para pintar en cualquier situación. Me vienen a la memoria esas fotografías suyas en la playa y como escribe Muñoz Molina… como si los azules del mar y el fulgor del mediodía se convirtieran en pintura  por un milagro instantáneo. Y sigue diciendo eso que escribía Thomas Mann que el arte borra las huellas del esfuerzo.

 

En este cuadro eso salta a la vista. Ves este cuadro y por hoy ya no quieres ver más, ya tienes suficiente para llevarte a la calle la poderosa pincelada del maestro que ha perfeccionado día  tras días con paciencia de mineral su técnica tan depurada.

 

 

Porque Sorolla pinta siempre lo que tiene delante de los ojos. Es conveniente ver este cuadro en tres pasos. Primero de lejos, luego a media distancia y después de cerca, muy cerca. De cerca, muy cerca se ve el trazo limpio, preciso, minucioso, colorista y académico del maestro español y se ve especialmente los billetes en el plato  del monaguillo, porque sí, hay que besar a la reliquia pero ya se sabe que a Dios rogando pero con el mazo dando.

 

En un mundo cada vez más vulgar donde todo se anuncia, todo se grita y se exhibe, está exposición está dejando en el visitante un poso profundo fundamentalmente por  la emoción que procura la visión cuando  la visitas. Y eso que solo llevas un sala, pero hay más…