El Ayuntamiento de Valladolid quiere derribar ya el viejo chalet ruinoso de Parquesol

El principal incoveniente para hacerlo es el desconocimiento de su verdadero propietario tras varios cambios en los últimos años, aunque se sospecha que podría ser público, lo que facilitaría el proceso.

No hay duda, soplan nuevos vientos en Valladolid con el cambio de Gobierno en el Ayuntamiento, vientos que podrían terminar de derribar el chalet Antonio Alfonso de Parquesol tras tres décadas de desidia y olvido. Y es que con el desembarco de Manuel Saravia, nuevo concejal de Urbanismo, el edificio podría tener los días contados. El fijar una solución para el histórico lugar se trata de una de las prioridades del líder de Valladolid Toma la Palabra, con lo que Óscar Puente se ha mostrado de acuerdo. ¿Y cuál es esta solución? Por la vía de en medio, echarlo abajo.

 

“Es un edificio a medio construir que data de hace muchos años ya, varias décadas, y es una anomalía que hay que resolver”, arranca Saravia, quien incide en que “no se puede dar esa imagen para la ciudad y para los vecinos de Parquesol”. Desde hace muchos años el lugar se ha convertido en un concentradero de grafittis, botellones y lugar de divertimento para los jóvenes, ajenos a sus problemas de seguridad y salubridad.

 

“Allí ha habido incluso casos de fallecidos, varios muertos, creo que tres en ese chalet”, explica el concejal. Efectivamente, el último conocido en el año 2010, si bien aquel caso quedó archivado por lo que se explicó como un fallecimiento “por causas naturales”, ya que no tenía signos de violencia en el momento de ser encontrado.

 

“Hay que resolverlo”, continúa Saravia. “A lo largo de los años entra la gente, rompe los cerramientos...”. No hay ningún problema en atravesar la malograda verja que se supone guarda la casa, agujereada por varios frentes y con acceso fácil para todo aquel que se pasee por la zona.

 

Solo hay un problema para el posible derribo que pretende el concejal; que a día de hoy se desconoce el dueño real de la parcela y del edificio, tras muchos cambios de manos en los últimos años y varias leyes concursales. Eso sí, no todo está perdido. De hecho la necesidad podría ser virtud. “El último propietario localizable nos ha dicho que ya no lo era porque ha habido un concurso de acreedores, así que entendemos que es de propiedad pública, con lo que la actuación sería más fácil, entendemos”, explica Saravia, dejando claro que este es un punto que hay que confirmar.

 

De lo que sí es consciente es de la incomodidad de los vecinos respecto al mamotreto que ha terminado por ser el Antonio Alfonso. “Llevan quejándose muchísimo tiempo y siguen quejándose ahora, es uno de los elementos que tienen clavados en el corazón porque llevan mucho en esas malas condiciones”.

 

Solo hay otro tema a tener en cuenta; la edificabilidad de la ladera, que anda pendiente de trámites con la aprobación del nuevo Plan General de Ordenación Urbana, que podría concretarse a finales de este año. En todo caso, la postura de Saravia se mantiene.

 

“Creemos que primero habría que quitar el edificio de en medio y luego seguir negociando los temas pendientes que haya, que los hay, de edificabilidades y de derechos urbanísticos. Es un tema endiablado, pero no tiene que ver con el mantenimiento del edificio, que es lo que hay que preocuparse ahora”, concluye.