El árbol de las letras

Librería el árbol de las letras

La crítica cultural de Ágreda para Tribuna Valladolid

He venido hasta la Librería El árbol de la letras   en busca de Martín Kohan (Buenos Aires, 1967) quiero mantener con él una conversación sobre el fútbol, la ciudades, los cafés, la infancia  y los espacios habitables.

 

Kohan,  admira a esas personas que pasan toda su vida juntos. Es un ferviente defensor del amor. El amor único y maravilloso que infunde vida y esperanza incluso en estos tiempos tan oscuros y con el miedo acechando como un animal herido. En las épocas terribles, como una peste, el deseo de amor es más apremiante cuando la muerte está presente. Julia,  te acompaño en el sentimiento por la muerte de tu madre. Entonces una mirada, una caricia, un pase usted primero significa que la vida sigue su curso, que tiene significado.

 

Martin Kohan es un hombre optimista. Un optimista escéptico, curiosamente. He venido a El árbol de las letras a comprar su libro Me acuerdo. Un libro que habla de los primeros 12 años del escritor argentino. El interés por el olvido de MK es manifiesto. Le interesan los olvidos colectivos y los falsos recuerdos… te acuerdas cuando tenías tres años y tu madre te llevó a las fiestas de Bobadilla del Campo por San Miguel y la abuela Polinaria te daba esos besos sonoros que retumbaban en toda la casa…

 

En 1977, mi papá me llevo a la cancha del Boca a ver un partido de la selección argentina. Antes, almuerzo en una cantina del Boca. Durante el almuerzo, una foto con la Panera Rosa”. Ese año en Argentina la dictadura militar torturaba a miles de argentinos, pero se podía ir al fútbol, hacerse fotos… como si no pasara nada. El horror,  escribe Leila Guerriero, es más horror cuando todo sigue como si no pasara nada.

 

Pasear a esta hora por la acera del sol de la calle Juan Mambrilla, es una maravilla,  estamos en julio. No hay nadie paseando por la calle, será por eso que me pongo nervioso al descubrir la belleza de la vida, de los árboles, de los balcones con flores y es entonces cuando regreso a mi casa con el libro de Martín Kohan  envuelto en papel de regalo y abro el ordenador y  escribo pensando que todo esto pasará, vaya si pasará.