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El apabullante momento de Emilio de Justo, también en Valladolid

Emilio de Justo en su faena al quinto. A la derecha en su salida a hombros junto a Juan Bautista. @TorosValladolid Fotos: Pablo Alonso
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El cacereño salió por la Puerta Grande tras cortar tres trofeos. Dos orejas, de distinto peso, obtuvo el francés Juan Bautista. López Simón paseó un generoso trofeo.

Segunda de Feria. Tarde muy agradable, con amenaza de lluvia. Se lidiaron toros de El Pilar, de correcta presnetación y de buena clase en general, excepto el cuarto manso y el desarazado sexto. Extraordinario el sobrero, aplaudido en el arrastre.

 

Juan Bautista, de azul marino y oro. Oreja y Oreja.

 

Emilio de Justo, de verde botella y oro. Estocada. Oreja y Oreja

 

López Simón, de canela y oro. Oreja y ovación de despedida

Todo torero tiene su momento. En sus manos está aprovechar las circunstancias para llegar, o al menos acercarse, a esas cotas soñadas en tentaderos, duros entrenamientos y noches de insomnio. El momento de Emilio de Justo ha llegado en 2018, tras once temporadas a sus espaldas donde los triunfos no llegaron y el olvido se cebó como en tantos y tantos diestros.

 

Pero la campaña del cacereño está siendo impecable y eso que aún tiene por delante cuatro tardes marcadas con la A del hierro de Victorino Martín. Hacía el paseíllo desmonterado en la segunda de feria en Valladolid y acabó en volandas cruzando la Puerta Grande del viejo Coso de Zorrilla, acompañado del francés Juan Bautista, aunque con un triunfo de diferente dimensión y peso.

 

El poso de Emilio de Justo, su madurez sazonada con el paso de las temporadas y su exquisita elegancia con las telas hace que el cacereño sea un torero diferente, de esos que calan enseguida en las aficiones. En su primero, el que hacía segundo, Emilió aprovechó la buena clase de El del Pilar, aunque no lo mostró demasiado por el pitón izquierdo. Se había gustado en unas verónicas a pies juntos y con la franela construyó buenas series ligadas y toreras, siempre por el pitón derecho. La estocada por derecho remató un trasteo que valió un trofeo.

 

Pero salió el quinto y ahí cambió el rumbo de la tarde. Se lesionó el titular y por sobrero salió un tío. Mirabajo pesaba 573 kilos, bien armado y con un pitón derecho que era un filón de embestir. Recibió un buen puyazo y derribó al caballo. Emilio quitó por verónicas con el mismo gusto que ya lo había hecho en el saludo capotero. Y comenzó el lío: series largas, cadenciosas, con empaque, hondas y profundas; apostando al encastado sobrero. Muletazos largos, con el mentón encajado en el pecho, disfrutando y haciendo vibrar al público. Cada muletazo era una pintura y hubo series por las dos manos, aunque en la diestra se firmó lo más bello.

 

Abrochó la faena con ceñidas manoletinas, remates por bajo y pase de pecho vaciando la embestida. El volapié fue de cartel y aunque hubo que descabellar los dos trofeos fueron tan justos como su apellido. Dos orejas, una y una, cortó el galo Juan Bautista. La primera por su oficio ante un toro de calidad, aunque justo de fuerzas, donde el francés se mostró fácil y acompasado. En el que hizo cuarto, el torero lo sostuvo en pie a base de mucho temple y suavidad en los engaños. El respetable valoró la predisposición del director de lidia y lo premió con una generosa oreja que hacía descerrajar la Puerta Grande.

 

López Simón no acaba de encontrarse. El tercero fue a menos y mientras duró, el de Barajas no lo pasó nada bien. Inició por estatuarios y un pase cambiado por la espalda, pero la aceleración y la falta de acople no le hicieron bien al astado salmantino. Las bernadinas y una estocada tras un pinchazo hicieron que Pucela volviera a mostrar la generosidad de la que hace gala cada tarde y el madrileño pudo pasear un trofeo. En el sexto lo intentó, pero el toro se rajó y el arrimón no fue argumento para lograr una Puerta Grande que hubiera sido injusta, atendiendo al baremo del toreo caro de Emilio de Justo.

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