Dos vallisoletanos reflexionan sobre la idea de patria en la literatura y la filosofía en 'Millones de Patrias'
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Dos vallisoletanos reflexionan sobre la idea de patria en la literatura y la filosofía en 'Millones de Patrias'

Javier Barrio González y Eduardo Gutiérrez Gutiérrez, de la mano de la Editorial Páramo publican este libro, prologado por Luis Díaz Viana y Javier Campelo.

El concepto de patria y cuestiones como la pertenencia, los anclajes sociales o la identidad son el eje vertebrador de ‘Millones de patrias (Editorial Páramo, 20 euros), un ensayo escrito por los vallisoletanos Javier Barrio González y Eduardo Gutiérrez Gutiérrez, que abordan el asunto desde una perspectiva literaria y filosófica respectivamente. El volumen, que acaba de llegar a las librerías, cuenta con un preámbulo a cargo del antropólogo Luis Díaz Viana y un texto introductorio escrito por el editor, Javier Campelo.

 

En su aportación, titulada ‘Patria y nación. Ensayo sobre un embrollo filosófico-político’, el riosecano Eduardo Gutiérrez (doctor en Filosofía por la Universidad de Valladolid con mención cum laude y máster en Estudios Avanzados por la Universidad de Salamanca) considera que es “ahora más importante que nunca, en pleno proceso de atomismo social y de auge de nacionalismos rupturistas, que nos hagamos cuestión de la idea de patria, de lo que significa y de lo que puede significar para el futuro de las naciones”. 

 

Según apunta, “en nuestra vida cotidiana nos topamos con conceptos e ideas que aceptamos tal cual se nos ofrecen al entendimiento, sin reconocer su confusión más o menos intencionada, tenemos la obligación moral y epistemológica de triturarlas con la frecuencia que nuestras circunstancias y proyectos intelectuales nos permitan”.

 

Así, a lo largo de su texto recorre las diferentes definiciones que históricamente se han atribuido al concepto de patria, desde perspectivas lingüísticas, etimológicas o desde la filosofía clásica, a través de autores como Santo Tomás de Aquino, Maquiavelo, Montesquieu, Voltaire o Rousseau. También propone una aproximación antropológica e incluso política, y reflexiona sobre la posibilidad de una patria universal.

 

EVOLUCIÓN

 

Por su parte, Javier Barrio González (licenciado en Filología Hispánica y en Geografía e Historia por la UNED) recorre en su aportación ‘Algunas patrias en la literatura’, a través de la experiencia de expatriados como Silvia Mistral o Rafael Alberti, de escritores como Cervantes, Antonio Machado o Kafka, y de otras patrias posibles como la lengua, la infancia o los padres. 

 

“Aunque sea evidente, conviene recordar que las palabras no son signos rígidos que mantengan sus significados inalterables, sino que van estos cambiando con el paso del tiempo. No son indiferentes, pues, a la mentalidad y a la concepción de la realidad de las sociedades y los pueblos que las usan en un determinado momento”, precisa. A su juicio, “en este que estamos viviendo, la palabra ‘patria’ es protagonista de discursos que la emplean a un mismo tiempo como escudo protector de lo propio y arma arrojadiza contra lo distinto y lo diverso. Sorprende la vehemencia con la que muchos defienden algo tan ajeno a la propia voluntad, a los méritos o merecimientos, y tan sujeto, por el contrario, al más puro azar, pues uno no elige ni merece dónde nace ni a qué patria pertenece”.

 

Sin embargo, aclara que esta concepción “tan sectaria y excluyente de la realidad, no es lamentablemente exclusiva del mundo de hoy”. “La historia es rica en ejemplos de enfrentamiento, sufrimiento y muerte por defender lo que creemos que nos separa de los otros. En ese equipaje de lo propio frecuentemente viajan la religión, la raza, las ideologías y la patria. El diálogo, mejor remedio contra todos estos males, ha estado y está ausente en las relaciones entre las diferentes comunidades, pues el hombre se siente más cómodo en las dinámicas simplificadoras del dominador y el dominado, del leal y el traidor, del afín y el contrario”, desliza.

 

En su preámbulo a la publicación, Luis Díaz Viana señala que “en momentos como los actuales el juego entre identificaciones y distinciones que caracteriza a la identidad tiene a menudo tanto o más de estrategia para singularizarse y otorgarse valor en el mercado de la globalidad como de reivindicación de unos ancestros o un territorio”.

 

Las utopías del pasado, la idealización de un ayer basado en una tradición que acaba siendo reacción, la invocación a la fe, la evocación de un ayer glorioso y mejor, el temor a todo lo nuevo y la enfermiza obsesión por un orden, por la continuidad de las jerarquías y de la integridad de los viejos lares no bastan para impedir la avalancha de cambios”, remacha.