Donde habita el olvido

Las llaves son el objeto más encontrado en la Oficina de Objetos Perdidos de Valladolid.

La Oficina de Objetos Perdidos de Valladolid, que se encuentra en el barrio de La Victoria, cuenta con cientos de bienes extraviados, algunos muy curiosos.

Dicen que no sabes lo que tienes hasta que lo pierdes, pero a veces pierdes cosas que ni siquiera sabes que tenías hasta que un día las necesitas. Es realmente sorprendente la facilidad con la que podemos extraviar algo que obtuvimos tras mucho sacrificio, esfuerzo y trabajo. A lo largo de nuestra vida vamos dejando rastro de todo lo que fuimos por cada lugar en el que nos encontramos. Vas cerrando puertas y con ellas quedaron otro tipo de cosas: como un recuerdo, un olor, un sentimiento, un dolor o un objeto.

 

¿Quién no ha perdido alguna vez las llaves de casa? ¿El teléfono móvil? ¿O la cartera? Es algo que suele suceder con mucha frecuencia. La cabeza puede jugarte una mala pasada y olvidar tus pertenencias en algún lugar de la ciudad. El cuerpo siente una sensación de vacío y el agobio recorre cada fibra nerviosa de tu organismo. Pero no, no se lo ha tragado la tierra. Si ha caído en buenas manos puede aparecer en la Oficina de Objetos Perdidos de la Jefatura de Policía.

 

En Valladolid hay una oficina que se encarga de dar cobijo a los objetos perdidos que los más despistados han dejado abandonados en algún lugar que no recuerdan. Se encuentra en la Avenida de Burgos, en el barrio de La Victoria. Su función principal es la de encontrar a los dueños de las cosas que conformar este rincón de los olvidos.

 

Los objetos llegan de cualquier sitio de la ciudad, pero las estaciones de trenes o de autobuses son los lugares con mayores descuidos debido al ajetreo de las idas y venidas. Los reencuentros. Las despedidas y los besos antes de partir. “Las pertenencias encontradas se depositan en el Ayuntamiento o se entregan a cualquier agente que encuentren por la calle”, explica el policía encargado de la sección de objetos perdidos.

 

La habitación de los objetos perdidos no es muy grande, pero está repleta de llaves, carteras, documentos de identidad, pasaportes o carnets de conducir. “Los objetos que no han sido reclamados por nadie, se donan. Por ejemplo, cuando aparece una silla de ruedas y con el paso del tiempo nadie la reclamada, la donamos al hospital porque consideramos que es necesaria allí”, recalca el agente. No hay espacio para más olvidos. Imagina que todo lo que no se recoge sigue cogiendo polvo en esta habitación. No cabría ni un alma. Por lo tanto, si el objeto no es vital para la vida de otro individuo, se devuelve a la persona que la entregó como premio a su comportamiento.

 

“Es increíble lo que se puede dejar olvidado la gente. Hay todo tipo de cosas, pero lo que más me sorprende siempre es cuando alguien aparece con dentaduras postizas o sonotones. ¿Cómo pueden no recordar dónde han dejado este tipo de cosas?”, señala el agente. A pesar de ello, lo más común son llaves o carteras. Lo de las carteras es un hándicap puesto que se suele mirar qué hay dentro antes de entregarla en la Comisaría. Pocas veces la billetera aparece con el dinero con el que contaba tras su pérdida. Tal vez el carnet de identidad, algunos tickets y un par de monedas. Quizá un monedero vacío tirado en la acera, pero rara vez se devuelve el dinero. No todo el que encuentra algo lo devuelve.

 

Cientos de objetos están colocados cuidadosamente en las estanterías de la Oficina de Objetos Perdidos del barrio de La Victoria. Pasillos y minutos de espera para encontrar aquello que es tuyo y que dejaste olvidado en cualquier parte son el pilar fundamental de este edificio. Por eso yo, que no quiero pasar por esa aterradora experiencia, la de buscar algo en el bolsillo y sentir que el corazón se te escapa del pecho por no encontrarlo, intento estar atenta a mis pertenencias cada día. Compruebo mi bolso casi a cada paso que doy, vigilo el lugar en el que estuve sentada antes de marcharme, echo un vistazo cada vez que un ruido suena a mí alrededor por si aquello que ha caído son las llaves de mi casa. Imagina buscar las tuyas en un cajón con otras trescientas más.

 

Perdemos objetos, papeles doblados, números de teléfono, fotografías, pendientes o pulseras. En algunas ocasiones perdemos algo que sí que no vamos a recuperar jamás en una oficina; y es el tiempo. Es mejor revisar una y otra vez si realmente guardaste aquello que era tuyo que enfrentarte al cúmulo de preguntas que recorre tu cabeza cuando nada parece estar ahí. Quizás fue tu culpa o un descuido. Tal vez alguien se apropió de él. La desgracia. Puede que la casualidad o el destino consigan que las manos que sujeten aquello que ya no tienes acudan a la Oficina de Objetos Perdidos y que, eso que es tuyo, y de nadie más; vuelva a ti.

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