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Valladolid

Degenerando

OPINIÓN

Publicado el 30.05.2020

Cuentan los taurinos que un día un amigo le preguntó a Juan Belmonte si era verdad que el Gobernador Civil de Huelva había sido antes banderillero suyo. Belmonte, que solía ser parco en palabras le contestó con un lacónico “Sí”. Y su amigo, intrigado, le dijo ¿Y cómo se puede llegar de banderillero a Gobernador? A lo que Belmonte respondió: “Pues cómo va a ser, degenerando…”.



 



Y en eso, en ir degenerando, está la política española mientras el país trata de sobrevivir a la más cruel embestida del destino de los últimos 80 años. Igual nos iría mejor si nos gobernasen banderilleros, con todo el respeto para los toreros de plata. El último episodio de este sainete, el de la investigación de la juez Carmen Rodríguez-Medel, esa que según la Abogacía del Estado ha puesto en marcha, desde su humilde juzgado de instrucción, nada menos que una causa general contra el Gobierno, es una nueva vuelta a una tuerca que es evidente que está muy pasada de rosca.



 



Todo es demencial. La destitución del coronel de la Guardia Civil Diego Pérez de los Cobos y las sucesivas dimisiones en el Instituto Armado rayan el esperpento. Las explicaciones del ministro Marlaska son absolutamente surrealistas. Cito textualmente: “En la remodelación del equipo director de la Guardia Civil de la Secretaría de Estado de Seguridad ha decidido él mismo y dentro exclusivamente de lo que es el proyecto natural de sustitución del marco de las personas que forman por así decirlo el elemento de confianza de cualquier responsable político”. Por si a alguien no le ha quedado claro, luego se explicó un poco mejor: “No es ni perder la confianza ni no perder la confianza, es rodearse de las personas que más confianza tienen”.



 



Y qué decir de las acusaciones de la Abogacía del Estado a la juez o de la campaña en medios afines para convencernos de que todo es una conspiración de la Guardia Civil y de la juez para hundir al Gobierno, como si para eso no se bastara solo. La versión oficial del Ejecutivo y de los medios afines, encabezados por la Sexta, la Ser y El País, sostiene que el proceso penal abierto por Rodríguez-Medel carece de base y es procesalmente insostenible. Y si es así ¿por qué han formado este lío, han descabezado a la Benemérita y acusan a la oposición de querer dar un golpe de Estado? No hay quién lo entienda. Como tampoco hay quién comprenda la última sesión en el Parlamento con diputada y vicepresidente echándose en cara el pasado de sus respectivos padres. Degenerando a una velocidad que ni el banderillero de Belmonte.



 



Pero es que ya todo es absurdo. Se puso de moda el término distopía al principio del confinamiento para describir este mundo vacío de personas, en el que los delfines se acercan a las playas y los cisnes nadan por las transparentes aguas de Venecia. Pero la auténtica distopía, ese mundo ficticio indeseable y opuesto a la utopía, no son ya las calles vacías, son sobre todo nuestros políticos. Todo se ha vuelto irreal, falso y nauseabundo.



 



Incluso el famoso relato, en el que el Gobierno parecía manejarse como pez en el agua, sorprende ahora por su choque frontal con la realidad. Miren si no la última campaña propagandística con la que el Gobierno trata de comprar voluntades en la prensa al tiempo que nos vende un espejismo: #salimosmasfuertes. ¿De verdad? ¿En qué?



 



Y en el colmo del absurdo, hemos podido ver también estos días otra campaña, la de Cataluña para animar el turismo, en la que el gobierno de Torra y ERC nos explica que “La felicidad es estar unidos”, que están “Esperando que volváis” y que “Cataluña es mejor con vosotros”. A Colau le ha debido dar un parraque al verla, con lo feliz que debe estar ahora que no hay turistas, ni hoteles ni cruceros en el puerto de “su” ciudad. Igual se pone de mejor humor la alcaldesa con el cierre de la fábrica de Nissan. Menos contaminación y cielos más azules.



 



Pero esto solo es el principio, en vez de ayudar a las empresas y fomentar la colaboración público-privada para generar crecimiento y nuevas oportunidades, el superhéroe de la coleta y el escudo social ya va por ahí gritando ¡Nacionalícese! Y su Robin particular, el tan bien apellidado Rufián, le jalea. Una actitud que recuerda tanto a ese tristemente famoso ¡Exprópiese! de Maduro que seguro que nos va a garantizar enormes inversiones empresariales en los próximos años.



 



Como no venga Europa a poner orden en esto…


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  • #2 rubia

    30/05/2020 16:08

    Simplemente felicitarle por un gran articulo, lleno de verdad y sinceridad, siga publicando , es lo que debe de enriquecer a las mentes pobres y a los espropiadores del derecho .
  • #1 Informes manipulados

    30/05/2020 13:47

    Si no manipulasen los informes a lo mejor seguían en el puesto.